martes, 7 de julio de 2015

Francia y la Comisión Europea se movilizan para evitar el Grexit

Alemania se opone a un recorte en la deuda griega

CLAUDI PÉREZ / CARLOS YÁRNOZ Bruselas / París 7 JUL 2015 - 14:29 CEST


Recomponer las relaciones, rotas después del impago al FMI, el final del rescate y el referéndum. Y quizá un mandato para empezar a negociar. Eso es lo que se llevarán hoy de Bruselas el primer ministro griego, Alexis Tsipras, y su nuevo ministro de Finzanzas, el marxista de Oxford Euclides Tsakalotos, para evitar que el BCE corte mañana la liquidez de emergencia a los bancos helenos y salvar la pelota de partido que supondría la salida de Grecia del euro por ese agujero bancario. La reunión no será sencilla.

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El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha descartado en el Parlamento Europeo un acuerdo rápido en la cumbre de hoy, a pesar de la gravedad de la crisis griega, en especial por el flanco del sector financiero. “Estoy en contra de la salida de Grecia del euro”, ha dicho el jefe del brazo ejecutivo de la Unión, pese a que ha reconocido que hay algunos Estados miembros que están a favor del denominado Grexit. “En Europa, las respuestas simples generalmente son equivocadas: la salida de Grecia es un error, y asimismo un acuerdo hoy sería demasiado sencillo. Hay que negociar por etapas para conseguir un pacto”, ha dicho.

Hace solo una semana, Juncker convirtió el referéndum sobre la propuesta europea en un plebiscito sobre Europa. Hoy ha reculado. “El no griego no es un no a Europa, no es un no al euro: es un no a una propuesta que ya estaba superada. Tsipras tiene que explicarnos qué significa el resultado”.

Juncker descarta el acuerdo hoy, pero el tiempo se acaba: el BCE le subió anoche el fuego a las entidades financieras griegas, que están cerca de la asfixia. Mientras, Francia presiona al resto de socios de la zona euro en las últimas horas previas a la cumbre extraordinaria para lograr la base de un acuerdo con Grecia. Una vez que el presidente François Hollande y la canciller Angela Merkel pactaron este lunes abrir la puerta al diálogo con Atenas para evitar su salida del euro, Hollande y varios de sus ministros han contactado con dirigentes de otros países para hacer una llamada a “la responsabilidad”, según fuentes del Ejecutivo francés.

El primer ministro, Manuel Valls, se ha mostrado “convencido” de que existen “las bases de un acuerdo”, pero París es consciente de que varios países mantienen posiciones muy duras con Atenas que solo podrán ser superadas si Grecia presenta una propuesta “coherente”. En declaraciones a la cadena RTL, Valls ha señalado que Francia hará “todo lo posible” para evitar la salida de Grecia.

“Francia está convencida de que no podemos asumir el riesgo de una salida de Grecia de la zona euro, tanto por razones económicas como, sobre todo, políticas”. La salida, por vez primera, de un país de la moneda única supondría “un riesgo para el crecimiento y la economía mundiales”.

Pero, para evitarlo, París presiona especialmente al primer ministro griego, Alexis Tsipras, para que presente la propuesta “sería, precisa y creíble” que le han reclamado Hollande y Merkel. Una vez escuchado el “mensaje de dignidad” del pueblo griego en el referéndum, señala Valls, Tsipras debe ejercer sus “responsabilidades” y poner sobre la mesa una proposición que incluya importantes reformas, “unas propuestas que permitan salir de la crisis”.

A su entrada a la reunión del Eurogrupo, los ministros de Finanzas han coincidido en la necesidad de evitar el Grexit, pero los más duros, como el alemán Wolfgang Schäuble, han dejado claro que Tsipras y Tsakalotos no sacarán grandes concesiones de los socios del euro después del rotundo no en el referéndum: “Un recorte de la deuda no está previsto en las reglas”, ha zanjado el alemán Wolfgang Schäuble.

Tsipras ha conseguido esta semana el acuerdo de los grandes partidos griegos, que únicamente le exigen un compromiso para empezar a negociar una reestructuración de deuda. El primer ministro sugirió la semana pasada que es necesario un recorte de deuda del 30%, tal y como se deduce de los informes del FMI presentados hace unos días. Nadie está por la labor en Europa. El ministro español, Luis de Guindos, aseguró que la reestructuración de deuda “no es el asunto más urgente: Grecia ya tiene tipos de interés y plazos muy favorables”. Schäuble ha explicado que sin programa “es imposible ayudar a Grecia”, y la negociación de un programa suele durar meses. “El tiempo se acaba y la pelota está en el tejado griego”, ha afirmado Guindos. “En esta vida siempre hay alternativas manejables, pero Grexit no es el escenario central”, ha dicho a los periodistas.

Francia, que lidera al grupo de países que persigue a toda costa un acuerdo con Grecia, es el único que se ha mostrado dispuesto en público a considerar incluso una reestructuración de la deuda griega. “No hay asunto tabú sobre la deuda”, ha repetido Valls.

“Solidaridad y responsabilidad van de la mano”, ha comentado el primer ministro francés, en línea con las declaraciones del lunes de Hollande, “y cada cual debe estar a la altura de las responsabilidades de este momento histórico”. El acuerdo es necesario, ha dicho, “para Grecia, para la coherencia de la zona euro y para Europa”.

El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha enfriado las expectativas de cara a las reuniones de hoy. Dijsselbloem ha repetido a la entrada su ideario, que se resume en tres argumentos. Uno: que nadie espere un acuerdo hoy, nada más allá de una señal política, y quizá no demasiado fuerte porque la confianza, hasta hoy, estaba rota. Dos: Europa no va a dar su brazo a torcer después del referéndum del domingo; en todo caso, endurece su postura, parapetada detrás del “respeto a las reglas”, según Dijsselbloem. Y tres: nadie quiere un Grexit, que sería un “fracaso terrible”, según el comisario Pierre Moscovici, pero que solo se puede evitar “con una propuesta creíble”, según Dijsselbloem. Una propuesta creíble es, en plata, cumplir a rajatabla lo que siempre han querido los acreedores. Esto es: subida del IVA, reforma de pensiones, algún tipo de reforma laboral, recorte del gasto militar y, en general, más énfasis en la austeridad y en las reformas que en las promesas de más recaudación de impuestos.

Paradójicamente, Tipras es hoy más fuerte en su país para traer ese tipo de acuerdo, que hace unos días probablemente le hubiera costado la cabeza. Pero a la vez, el referéndum, con el corralito y los controles de capital asociados, han llevado a Grecia a una situación desesperada en el sector financiero y en la economía. Es muy probable que hoy llegue esa señal política que el BCE espera para mantener la respiración asistida de la banca griega. Y es muy probable que se empiece a negociar en breve el tercer paquete. Pero, tal y como pintan las cosas en Bruselas, Tsipras no va a obtener nada distinto de lo que tenía hace 10 días sobre la mesa, antes del referéndum, del corralito y de la sensación de fin de los tiempos que recorre la economía y las finanzas del país mediterráneo.

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