martes, 14 de julio de 2015

La sombra del subcomandante

El subcomandante Marcos, durante su intervención en Oventic. / SAÚL RUIZ

Marcos, guerrillero célebre, ya no es protagonista. Ahora manda el subcomandante Moisés

Todo El Pulso


PABLO DE LLANO 14 JUL 2015 - 00:00 CEST


El subcomandante Marcos estaba sentado en los peldaños de la entrada trasera del auditorio Emiliano Zapata de la comunidad zapatista de Oventic, en las montañas de Chiapas, de espaldas a la mesa de conferenciantes en la que iba a participar en unos minutos como apertura del seminario El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista, Pensamiento Crítico e Hidra Capitalista en mayúsculas. Llevaba un parche pirata en el ojo y fumaba en pipa. Lo rodeaba un círculo apretado de indígenas que lo miraban y se reían en el momento en que llegué, como si les acabase de hacer un chiste. El tamaño del Subcomandante, en mayúsculas, como Hidra o Pensamiento o Capitalista, es mucho mayor que el del indígena chiapaneco medio. Marcos es un mestizo de más de metro ochenta y con volumen: fuerte, grande, ya con una cierta barriga de bien pasados los cincuenta años de edad. Debe de pesar al menos noventa kilos. Me senté a su lado, en un peldaño inferior, y le pregunté si me daría una entrevista. Él ha concedido bastantes en su vida de guerrillero célebre, pero desde hace unos años, en los que ha descendido su presencia mediática en particular y la del movimiento zapatista en general, solo se pronuncia en comunicados o en actos del zapatismo. En estos años de pérdida de protagonismo ha cundido el rumor de que el subcomandante estaba enfermo de cáncer y se trataba en la Ciudad de México. Por su aspecto no parece enfermo. Por su voz tampoco. La cara no se le ve, la lleva encapuchada, pero por sus ojos –sus célebres ojos– tampoco parece enfermo. “Yo ya no mando”, respondió, y alegó que él no es quién en la jerarquía para decidir si habla o no con un periodista: “Eso tiene que decirlo Moisés”. Moisés, el Subcomandante Moisés, antes Teniente Coronel Insurgente Moisés –todo en mayúsculas, como Crítico–, es el nuevo número uno del EZLN desde que Marcos anunció en un acto de la primavera de 2014 que ya no era el líder. Luego empezó la conferencia de inauguración del seminario. Entre el público había un hombre con una banda amarilla en la frente y un montón de carpetas a su lado sobre una silla. En la tapa de la primera se leía: “Una piececita para armar el rompecabezas. Sabiduría solar maya”. Mientras hablaba el historiador marxista Adolfo Gilly, el hombre de la banda amarilla en la frente se quedó dormido. Cuando despertó, pregunté qué había en las carpetas: “Un documento que le quiero entregar a la comandancia”, dijo.

Al terminar la inauguración salí al cruce al subcomandante Moisés y le pregunté si le daba permiso al subcomandante Marcos para hablar conmigo. Moisés es un indígena de etnia tojolabal de constitución robusta y bajo de estatura, como un tronco, también encapuchado. “No hay tiempo”, dijo sin dejar de caminar a paso firme. Marcos llegó detrás y, ante la insistencia de que tratase de convencer a su jefe, se formó un bloqueo –como esos que se hacen en baloncesto para librar a un compañero de su defensor– de una pequeña zapatista encapuchada: solo quedó la resignación de ver cómo se alejaban los dos subcomandantes. Serían las dos de la tarde. Cuando mi grupo ya iba de vuelta en furgoneta a la ciudad de San Cristóbal de las Casas, vi a una persona caminando sola por el arcén. Era el hombre de la sabiduría solar maya, e iba tocando unas maracas.

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