martes, 28 de julio de 2015

Las dudas sobre la fortaleza de la economía china se disparan

Un inversor revista una pantalla con información bursátil en Pekín / WU HONG (EFE)

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Pekín insiste en que las medidas de apoyo a la Bolsa siguen vigentes

El supervisor bursátil reacciona tras el batacazo del índice de Shanghái, que pierde el 8,5%

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XAVIER FONTDEGLÒRIA Pekín 28 JUL 2015 - 08:53 CEST


Tras el desplome de la Bolsa de Shanghái, que encajó este lunes su mayor retroceso desde 2007, la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China (CRMV) ha salido al paso de las dudas sobre la continuidad de las medidas de apoyo que diseñó Pekín para sostener las cotizaciones. En la noche del lunes, a pocas horas del arranque de una nueva sesión, la CRMV aseguró que las instituciones financieras controladas por el Estado continuarán con la compra de acciones con el fin de intentar estabilizar las Bolsas chinas.

El portavoz de la CRMV, Zhang Xiaojun, señaló en declaraciones a la agencia oficial china Xinhua que la CSF, entidad estatal para dar crédito a los corredores de bolsa, continuará financiando estas adquisiciones.

Las medidas de Pekín habían mantenido en calma a las volátiles Bolsas chinas en las dos últimas semanas, tras su peor descalabro de las últimas décadas. Pero los principales parqués del país volvieron a cerrar este lunes con fuertes pérdidas: Shanghái se dejó un 8,5% —su mayor caída diaria en ocho años— y Shenzhen ha cedido un 7%. Hong Kong, un selectivo muy influido por lo que sucede en los dos principales parqués del gigante asiático, ha retrocedido un 3,09%.

La vuelta a los números rojos vino acompañado de las dudas sobre si el amplio paquete de medidas aprobadas por el Ejecutivo chino para sostener las Bolsas es suficiente para controlar los impulsos de los millones de pequeños inversores que operan en los parqués. Los analistas achacan el desplome a nuevos datos que apuntan a una mayor ralentización de la economía china o a los temores ante la inminente subida de los tipos de interés en Estados Unidos, pero la lógica de los pequeños inversores chinos -que manejan hasta un 85% del volumen de negocio- raramente está relacionada con fundamentos económicos, por lo que su comportamiento es difícil de predecir y explicar.

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Los indicadores económicos publicados durante el fin de semana apuntan a un bajón de la actividad del sector manufacturero del gigante asiático y una ligera caída de los beneficios de las grandes compañías industriales, pero los datos no afectaron de forma significativa a los mercados durante la sesión matutina: hasta media sesión, Shanghái perdía solamente un 0,83%. Los inversores empezaron a vender de forma masiva sus títulos cuando quedaba una hora para el cierre y la tendencia se acrecentó, hasta niveles desconocidos, en los últimos diez minutos de la jornada bursátil. Más de 1.500 acciones de las cerca de 2.200 que cotizan en ambos parqués quedaron automáticamente suspendidas al caer por debajo del umbral del 10%. Solamente 77 han cerrado con ganancias.

Las Bolsas chinas sufrieron en junio su peor comportamiento en décadas. De noviembre a junio, los mercados experimentaron una euforia alcista durante la cual los dos principales índices del país llegaron a revalorizarse casi un 150%. El mes pasado, los inversores entraron en una espiral de ventas que provocó que los índices perdieran en menos de un mes un tercio de su valor y se evaporaran 2,9 billones de euros en capitalización bursátil, una cifra que supera el PIB del Reino Unido. La mitad de las compañías que cotizaban en ambos parqués suspendieron la negociación de los títulos para evitar que las pérdidas fueran a más.

El Gobierno decidió entonces lanzar un programa de medidas sin precedentes para sostener el mercado, entre las cuales un ingente programa de compra de acciones gracias a una línea de crédito del banco central, una rebaja de los tipos de interés, la suspensión de nuevas salidas a Bolsa o la prohibición a los grandes accionistas de las empresas cotizadas de vender sus títulos en los próximos seis meses. Hasta se inició una investigación policial contra la "venta corta maliciosa", sin que por ahora se haya informado de detenciones.

La intervención gubernamental, que aún sigue en pie, calmó a los inversores, frenó la sangría y logró que muchas de las empresas volvieran a cotizar. Desde entonces y en solamente dos semanas, los parqués de Shanghái y Shenzhen se revalorizaron un 15,5% y un 21% respectivamente hasta la jornada de hoy. "El reciente rebote había sido rápido y fuerte, lo que hace necesaria una corrección técnica", asegura Yang Hai, estratega de Kaiyuan Securities, en declaraciones a la agencia Reuters. La recogida de beneficios de muchos inversores que quisieron recuperar parte de sus pérdidas del mes pasado puede también explicar la caída, especialmente tras dos jornadas en que el índice de Shanghái superó el umbral psicológico de los 4.000 puntos.

Otro de los miedos entre los inversores es la retirada progresiva de la ayuda estatal en las Bolsas. El FMI ha urgido recientemente a China a mejorar la transparencia y a levantar las medidas de apoyo "por su preocupación sobre la capacidad de los inversores para entrar o salir de los mercados financieros cuándo y cómo lo deseen", según Bloomberg. El regulador bursátil chino negó tajantemente esta posibilidad la semana pasada ante la fuerte volatilidad que siguen experimentando los mercados, pero este lunes se ha extendido el rumor de que algunos de valores, sobre todo las grandes compañías, ya no estaban sujetos a la muleta gubernamental, vital para sostener su cotización. Muchos de ellos han terminado hundiéndose el 10%, el máximo permitido. Una sangría que el supervisor bursátil trató de parar al reiterar horas después del cierre que las medidas de apoyo siguen vigentes.

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