jueves, 30 de julio de 2015

Zimbabue procesa a uno de los cazadores por la muerte del león ‘Cecil’

Walter Palmer con un reno que cazó en Alaska. / TROPHY HUNT AMERICA

CAZA DEL LEÓN CECIL »

Zimbabue procesa a dos hombres que le acompañaron cuando abatió al león protegido

El cazador de Cecil asegura que no sabía que hacía algo “ilegal”

SILVIA AYUSO / AGENCIAS Washington 30 JUL 2015 - 10:39 CEST


Zimbabue presentó este miércoles cargos contra el primero de los acusados de abatir al león protegido Cecil, cuya muerte ha provocado una ola internacional de indignación. Un tribunal en Hwange, a unos 500 kilómetros de la capital, Harare, acusó de “no supervisar, controlar y dar pasos razonables para prevenir una caza ilegal” al tirador profesional Theo Bronkhorst.

Este cazador, a quien las autoridades locales detuvieron el martes y a quien ya le suspendieron la licencia de caza, ha sido señalado como el organizador del safari en el que el dentista estadounidense Walter Palmer mató a comienzos de julio al popular león en una cacería que acabó en carnicería: tras no conseguir abatir al animal con una flecha, Cecil agonizó durante 40 horas antes de ser ultimado con un tiro. Según la agencia Reuters, Bronkhorst se declaró no culpable y salió bajo fianza de 1.000 dólares.

No se han presentado por el momento cargos contra el segundo detenido por la muerte del león, el dueño de las tierras donde fue abatido, Honest Ndlovu. De acuerdo con los informes recogidos, las autoridades han decidido que primero testifique para la fiscalía y después se decidirá sobre una acusación.

Ambos deberán comparecer de nuevo ante el tribunal el 5 de agosto, fecha para la que se ha fijado el comienzo del juicio. La gran duda es qué pasará con el principal implicado en la muerte de Cecil, el estadounidense Walter Palmer. Que además tiene antecedentes de caza ilegal.

Palmer, que regenta una clínica dental en Minnesota, fue condenado en 2008 por abatir a un oso negro en el estado de Wisconsin dos años antes. El cazador disparó al animal fuera de la zona autorizada y trató de disfrazarlo, como si hubiera sido abatido en otro lugar. Palmer fue condenado entonces a pagar una multa de 3.000 dólares y estuvo en libertad condicional durante un año. Además, las autoridades limitaron su permiso de usar el arco —la misma arma que usó para matar al león protegido— a usos deportivos.

Walter Palmer habla en un vídeo sobre su clínica. REUTERS

No fueron sus primeros problemas con la justicia. En 2006, Palmer fue denunciado por acoso sexual por una recepcionista que trabajaba con él. El dentista evitó el juicio con un acuerdo privado mediante el que pagó a la mujer más de 127.000 dólares, según los registros de la Junta de Odontología de Minnesota.

El dentista estadounidense, de 55 años, está siendo objeto de una campaña masiva de críticas que le han llevado a cerrar su clínica —incluso a bloquear su página web—. Más de 265.000 personas han firmado una petición en Internet que pide justicia para ‘Cecil’ y reclama al Gobierno de Zimbabue que detenga la emisión de permisos de caza para los animales que están en peligro de extinción.

Además, Palmer podría tener de nuevo problemas legales por la muerte de Cecil.

Las investigaciones de la Oficina de Parques y Vida Salvaje de Zimbabue y la Asociación de Operadores de Safari de ese país apuntan que Palmer pagó presuntamente 50.000 dólares por cazar al felino protegido. Las pesquisas indican que el dentista estadounidense y el responsable del safari en el que participaba engañaron a ‘Cecil’, de 13 años y el animal más representativo del parque nacional de Hwange, para que saliera de la zona protegida. Una vez fuera del parque, Palmer le disparó una flecha. ‘Cecil’—que llevaba un GPS porque formaba parte de un estudio de la Universidad de Oxford-- agonizó durante 40 horas. Después, le remataron, decapitaron y despellejaron.

Palmer, que en un comunicado el martes lamentó lo ocurrido y aseguró que creía que la caza del felino había sido legal, dice que ni las autoridades de Zimbabue ni las estadounidenses le han contactado. Aunque asegura que colaborará en cualquier investigación. El dentista, que es un gran aficionado a la caza y que cuenta con casi una cincuentena de trofeos por abatir con arco y flechas desde búfalos y alces hasta un oso polar, podría ser acusado en el país africano por practicar la caza furtiva, según dijo la portavoz de la policía de Zimbabue, Charity Charamba.

La asociación de defensa de derechos de los animales PETA ha pedido a través de un comunicado que el dentista estadounidense sea extraditado, juzgado y condenado por la muerte de ‘Cecil’, que se había convertido en todo un símbolo de Zimbabue.

Los problemas legales de Palmer sin embargo podrían comenzar en su propio país. Si se comprueba que el dentista sobornó a los cazadores para realizar la caza ilegal, entonces podría ser juzgado en EE UU por violación de leyes nacionales que prohíben este tipo de prácticas en el extranjero.

La congresista demócrata por Minnesota Betty McCollum ya ha pedido una investigación de un caso que le afecta muy personalmente. No solo porque es representante del estado donde vive Palmer, sino porque es una activa defensora de especies en peligro y forma incluso parte del caucus (grupo parlamentario) para protección animal de la Cámara de Representantes en Washington.

"Como alguien comprometido con poner fin a la caza furtiva de especies africanas icónicas, creo que la Fiscalía General y el Servicio estadounidense de Pesca y Vida Salvaje debería investigar si se violaron leyes estadounidenses en materia de conspiración, soborno de funcionarios extranjeros y la caza ilegal de una especie protegida", adelantó en un comunicado.

"Atraer con un cebo y matar a un animal amenazado como este león africano y considerarlo un acto deportivo no puede ser calificado como caza, sino una vergonzosa muestra de despiadada crueldad", subrayó McCollum, quien además prometió seguir luchando para que se aprueben leyes que protejan a animales "icónicos, amenazados y en peligro de extinción en todo el mundo de la 'caza deportiva' bárbara en manos de las élites ultra ricas".

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