martes, 11 de agosto de 2015

Bolivia mantiene sus previsiones de crecimiento al 5% pese a la crisis

El presidente de Bolivia, Evo Morales / REUTERS

La caída de los precios internacionales del gas y los minerales no afectan su crecimiento

El Gobierno dice que Bolivia se ha “indianizado"

FERNANDO MOLINA La Paz 11 AGO 2015 - 03:13 CEST


La autoestima del Gobierno boliviano sigue al alza, pese a las noticias adversas que comienzan a amenazar la prosperidad ininterrumpida de la cual Bolivia ha gozado los últimos nueve años. La caída de los precios internacionales del gas y los minerales, los principales productos de exportación nacionales, y la devaluación del peso argentino y del real brasileño, que vuelven más baratos los bienes importados de estos países, no afectan el sueño de las autoridades económicas, que han ratificado que este año el PIB crecerá un 5% y que el boliviano no se devaluará.

Luis Arce, ministro de Economía, principal autor de lo que ciertos economistas estadounidenses llaman el “milagro boliviano” (pasar de ser un país pobre a uno de ingresos medios), considera que las previsiones de bajas en el crecimiento latinoamericano hechas hace poco por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) no son correctas para Bolivia, y mantiene su confianza en sus propios indicadores. Según este ministro, el crecimiento boliviano no se explica principalmente por las exportaciones, sino por el dinamismo de la actividad interna. Actualmente, la principal fuente de ocupación y “locomotora” económica es la construcción de casas e infraestructura pública.

El pronóstico oficial de crecimiento implica que el Estado y los empresarios -con gran pesar de estos últimos- tendrán que pagar dos bonos navideños a fin de año, pues el Gobierno aprobó en 2013 una disposición que duplica los aguinaldos de los empleados públicos y a los trabajadores formales (que solo son un 20% de la fuerza laboral) cada año que la economía crece más del 4.5%.

En su discurso sobre el estado del país, el pasado 6 de agosto, el presidente Evo Morales denunció que Bolivia recibiría 2.500 millones de dólares menos por la caída de los precios de las materias primas, que se encuentran en unos mínimos que no se veían en más de un lustro. Acusó del hecho a las potencias desarrolladas, que tendrían una “estrategia para detener la competencia” de los países en crecimiento.

El gas que vende Bolivia a Brasil y a Argentina, cuyo valor depende del precio del barril de crudo, genera por distintas vías la mitad de los ingresos del Estado. Morales también reconoció en su informe a la Asamblea Legislativa que los alimentos argentinos y brasileños, abaratados por el nuevo tipo de cambio de estos países vecinos, entran de contrabando a Bolivia, amenazando importantes industrias locales como la industria avícola, la del arroz, etc. Sin embargo, las autoridades consideran que la solución no es adoptar un tipo de cambio más competitivo, como solicitan las asociaciones agropecuarias, sino controlar mejor las fronteras, algo que hasta ahora ha resultado muy difícil por el tamaño de estas.

El sistema cambiario fijo que estableció Arce, no mucho después de que comenzara su periodo como el ministro de Economía de más larga duración de la historia boliviana, es uno de los pilares de la popularidad del Gobierno de Morales, porque aumenta la confianza del público en el boliviano y asegura el control de la inflación. Tiene un costo, sin embargo, ya que un dólar barato estimula la importación de bienes y eso puede afectar la cantidad de empleos que sostiene la producción interna.

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