miércoles, 19 de agosto de 2015

El misterio de Megateo

Megateo, con supuestos miembros del EPL. / FOTO CEDIDA POR 'SEMANA'

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Colombia busca a uno de los mayores narcoguerrilleros del país, del que no se sabe si está vivo o muerto


JAVIER LAFUENTE Bogotá 19 AGO 2015 - 06:59 CEST


Víctor Ramón Navarro, alias Megateo, es uno de los grandes narcoguerrilleros de Colombia y, desde el domingo, uno de los mayores misterios del país. Ese día la Policía y el Ejército iniciaron una operación conjunta para dar con él. Las primeras informaciones apuntaron a su muerte durante los enfrentamientos. Después, que podría haber resultado herido. Ahora, no se descarta que haya huido. Lo único cierto es que, 350 hombres por tierra y aire tratan aún de buscarlo. A él o a su cadáver.

La captura o muerte de Megateo no es un asunto menor. No solo asesta un duro golpe a los grupos ilegales que operan en el Catatumbo, en el departamento Norte de Santander, en el noroeste de Colombia, una de las zona más convulsas del país, con presencia de las FARC, el ELN y un reducto del EPL, la guerrilla que se desmovilizó en 1991 y que Megateo ha liderado los últimos años.

Tras la muerte de 27 miembros de la Fuerza Pública entre el 31 de julio y el 4 de agosto en dos accidentes de aeronaves, la caída de Megateo tiene también un componente político. Supondría un balón de oxígeno para el Gobierno y, sobre todo, para el nuevo ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, en el cargo desde finales de junio. Los niveles de aprobación de las fuerzas militares siguen siendo altas en todas las encuestas, todo lo contrario que le ocurre a los políticos. El proceso de paz con las FARC ha reducido los golpes contra la guerrilla y los grandes narcos siguen sin ser atrapados. Desde principios de año, más 1.200 hombres tratan de dar con Dairo Antonio Usuga, alias Otoniel, uno de los criminales más buscados del país, líder del clan de los Urabeños.

Megateo, de 39 años, es una de las mayores pesadillas de las fuerzas armadas colombianas, cuyos ataques ha evitado en numerosas ocasiones. Una operación para capturarlo en 2006 terminó con la muerte de 17 miembros de la Fuerza Pública, entre agentes del extinto servicio de inteligencia, conocido como el DAS, y militares. Al enterarse de la operación contra él, Megateo ordenó volar por los aires el camión donde se encontraban los agentes, provocando una de las mayores tragedias contra funcionarios públicos de la última década.

La figura del narcoguerrillero, por cuya captura Estados Unidos ofrece una recompensa de cinco millones de dólares, es de especial importancia en el Catatumbo, donde lidera a un pequeño reducto de poco más de 100 hombres del EPL, un grupo guerrillero que llegó a contar con unos 4.000 miembros. En los últimos años, su actividad se reduce al narcotráfico, un negocio que le aporta importantes dividendos. En la única entrevista a Megateo de la que hay constancia, concedida en 2013 a la revista Semana, admitía que cobraban “un impuesto por la droga”. “Es la manera de financiar la guerra. Cobramos 400.000 pesos (unos 130 dólares) por kilo de coca, pero no somos los que recogemos y los dueños de las cocinas de procesamiento”.

Megateo ha ido acumulando poder y, por ende, ha logrado sobrevivir hasta ahora, en buena medida gracias al apoyo de los habitantes de la zona, a los que agasaja y, en definitiva, facilita el día día. A cambio, ha conseguido crear una amplia red de informantes que le alertan de cualquier movimiento sospechoso. Además, la proximidad con Venezuela le ha facilitado vías de escape y de entrada y salida de dinero vinculado al narcotráfico, según apuntan diversas fuentes de defensa.

Megateo, cuya historia se asemeja a la de El Chayo, en México, es un tipo de apariencia robusta que campa por el Catatumbo con un gran anillo de oro y diamantes en la mano derecha y otro de esmeraldas en la izquierda. En la entrevista con Semana se vanagloriaba cuando le preguntaban qué pensaba acerca de ser el narcotraficante más buscado: “Normal. Se enamoraron de mí y reconocen que tienen un enemigo”.

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