martes, 22 de septiembre de 2015

Bachelet en el libreto de la sedición

Nada mejor para superar la crisis –piensan los asesores comunicacionales de La Moneda y uno que otro intelectual– que una Michelle Bachelet victimizada, blindada y “en terreno”. Una Presidenta que nuevamente escapa a los desafíos políticos del presente para fundirse –con la ingeniería del marketing político– en los “problemas reales de la gente”.

Por ANDRÉS CABRERA - 22 septiembre 2015 (elmostrador.cl)


Uno de los rasgos más sorprendentes de la degradada política nacional es su capacidad para engendrar polémicas ficticias a través de los medios de comunicación de masas. Los principales actores del actual escenario sociopolítico –Nueva Mayoría y Michelle Bachelet– reproducen permanentemente el guion de la política-ficción. Una de las definiciones cruciales para entender a la Nueva Mayoría, es que esta nace para otorgar una nueva imagen a la coalición que había conducido los destinos de la nación durante las últimas décadas –exceptuando el Gobierno de derecha de Sebastián Piñera–, basando gran parte de su estrategia en el 84% de aprobación que Michelle Bachelet registraba al final de su primer mandato.

Si la naturaleza de la Nueva Mayoría y de su principal liderazgo es ficticia es evidente que, tanto las pugnas al interior del pacto gobernante como las apuestas de Bachelet para intentar revertir sus índices de popularidad, llevarán la marca del simulacro.

Hace unos meses, el conflicto que estalló entre los “realistas” y los “sin renuncia” generó un simulacro discursivo que hizo ver en igualdad de condiciones a las fuerzas conservadoras y progresistas al interior del Gobierno cuando, en la práctica, el predominio conservador era absoluto. Los síntomas eran evidentes. Por un lado, la supremacía se coronaba con el retorno de la “vieja guardia” al comité político; por el otro, se concretizaba con una performance legislativa que –excusándose en los problemas comunicacionales y de gestión– transformaba el “espíritu transformador” del programa de Gobierno en mero “artificio restaurador”.

Cabe destacar que estos dilemas ficticios no son nuevos. Sus dinámicas son de sobra conocidas. No había transcurrido el primer mes de Gobierno cuando la metáfora de la “retroexcavadora” utilizada por el presidente del PPD, Jaime Quintana, se alzó como el chivo expiatorio utilizado por los sectores conservadores para neutralizar cualquier intentona progresista. La vocería conservadora más emblemática en ese entonces fue asumida por el ex presidente DC, Ignacio Walker, mientras el evento más significativo del período fue la “preparación” de la Reforma Tributaria en la paradigmática “cocina de Zaldívar”.

Una cosa es que el “lenguaje construya” realidad, una muy distinta es que la masificación de una simple metáfora haga sucumbir una estrategia que termina dando cuenta de que carece de poder efectivo, sobre todo, porque se encuentra desvinculada de los sectores mayoritarios de la población, los que giran paradójicamente entre la apatía política y emergentes procesos de politización. Sin la activación y maduración política de estos segmentos ninguna reforma estructural será posible de ser concretada.

En la actualidad, tanto el terremoto con epicentro en el Norte Chico del país como el registro discursivo asumido por las dirigencias políticas del pacto gobernante, condicionan el mejor de los escenarios posibles para que el Gobierno y la Presidenta logren revertir sus niveles de popularidad. Nada mejor para superar la crisis –piensan los asesores comunicacionales de La Moneda y uno que otro intelectual– que una Michelle Bachelet victimizada, blindada y “en terreno”. Una Presidenta que nuevamente escapa a los desafíos políticos del presente para fundirse –con la ingeniería del marketing político– en los “problemas reales de la gente”.

Amparándose en la figura de la sedición y deslizando una burda analogía entre el Gobierno de la Unidad Popular y la Nueva Mayoría, entre Salvador Allende y Michelle Bachelet, los sectores progresistas del conglomerado se aferran a la figura de la actual Mandataria (y se aferrarán posteriormente a la de Marco Enríquez-Ominami) en vez de canalizar sus aspiraciones de cambio en la activación política de la ciudadanía, fomentando con aquella apuesta la reproducción de la política-ficción.

La severa crisis de representatividad que afecta a nuestro sistema político no se revierte con ficción sino, por sobre todo, con más y mejor política.

Con todo, lo más curioso de los últimos acontecimientos no es la actualización de la política-ficción por parte de la Mandataria, cuestión que ya hemos visto en otras oportunidades –recordemos la imagen de Michelle Bachelet recorriendo las comunas periféricas de la capital arriba de un camión durante la campaña presidencial pasada–, sino cómo dicho relato ha logrado generar un refugio discursivo que permite a los sectores progresistas desentenderse de la inapelable derrota que estos mantienen frente a la conducción y performance legislativa ejecutada por el predominio conservador, el cual suma nuevos antecedentes, desde la “autocrítica” expresada por el ministro de la Segpres Nicolás Eyzaguirre hace poco más de una semana, hasta las indicaciones de Hacienda para “resguardar” a las Pymes en el contexto de la reforma laboral, perjudicando nuevamente la capacidad negociadora del casi 90% de trabajadores/as del país que laboran en dichas empresas.

Amparándose en la figura de la sedición y deslizando una burda analogía entre el gobierno de la Unidad Popular y la Nueva Mayoría, entre Salvador Allende y Michelle Bachelet, los sectores progresistas del conglomerado se aferran a la figura de la actual Mandataria (y se aferrarán posteriormente a la de Marco Enríquez-Ominami) en vez de canalizar sus aspiraciones de cambio en la activación política de la ciudadanía, fomentando con aquella apuesta la reproducción de la política-ficción.

En un futuro cercano, el sistema político chileno no podrá seguir evadiendo una de las problematizaciones más agudas lanzadas en la obra cumbre del aún inacabado proceso transicional: Chile Actual: Anatomía de un mito (1997). La pregunta lanzada por el recientemente galardonado sociólogo Tomás Moulian, nos seguirá interpelando durante los próximos años: “¿Qué seducción puede ejercer una política donde los antagonismos son simulaciones porque evitan discutir los nudos esenciales del modelo de acumulación y del modelo de sociabilidad?”.

Probablemente, la Política-Ficción seguirá siendo efectiva en el corto plazo, sin embargo, una cuestión es irrefutable: ha perdido totalmente su capacidad de “seducir” a la población, condición sine qua non para revertir la severa crisis de representatividad que vive el sistema político, tanto a nivel institucional, orgánico como dirigencial: ¿podrá la política deliberativa reemplazar a la política-ficción?

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