miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cuál es origen del “fuego amigo” contra Bachelet

Tres son los grupos y actores bajo sospecha en el oficialismo

El más conocido y evidente: la vieja guardia de la Concertación, aquellos ex ministros, ex dirigentes, ex parlamentarios que quedaron relegados a un segundo plano con la lógica, discurso, plataforma de programa y puestos de Gobierno e influencia política en esta era de la Nueva Mayoría. Los mismos que semana a semana salen en diversos medios de comunicación cuestionando el contenido de las reformas, sus efectos, hasta la falta de conducción política de Bachelet.

Por MARCELA JIMÉNEZ (elmostrador.cl)


“La Presidenta sabe muy bien de dónde viene la operación y los rumores sobre ella”, dijo en privado el martes 15 de septiembre uno de los timoneles de la Nueva Mayoría al salir de una reunión de más de dos horas que la Mandataria tuvo esa mañana con los siete dirigentes de su coalición.

Es que, más allá de la reacción inicial de La Moneda que acusó sedición y machismo, lo cierto es que en el oficialismo ya está asumido que el origen y eco de las críticas al vacío de poder que evidenció el gobierno los últimos meses, las versiones soterradas sobre el estado de salud de Michelle Bachelet, la instalación pública de la posibilidad de que la actual administración no terminara su mandato y de un golpe blanco en ciernes, está en las propias huestes del conglomerado. El llamado 'fuego amigo' que tiene tres focos reconocidos hasta ahora.

Agosto fue uno de los peores meses para la administración bacheletista, se confirmó la caída libre del Gobierno en las encuestas, llegando a un 24%; a plena luz del día se vieron los conflictos entre la Presidenta y su ministro del Interior, Jorge Burgos, que costó varios días superar. Todas las semanas había críticas públicas a las reformas del programa, además de señales confusas desde Palacio y la Nueva Mayoría sobre lo que cada uno entendía como la nueva hoja de ruta del Ejecutivo para el segundo tiempo y el cuestionado realismo sin renuncia.

Hoy La Moneda tiene un respiro, la Mandataria recuperó dos puntos de apoyo (subió a 26%) y más del 60% evaluó positivamente la forma en que el Gobierno enfrentó el terremoto del 16 de septiembre, un aire que da un impulso en Palacio para cumplir la meta de revertir antes de fin de año, en los siguientes tres meses, el escenario adverso, lo que pasa entre otras cosas –explicaron en el Ejecutivo– por neutralizar los focos del fuego amigo.

El más conocido y evidente: la vieja guardia de la Concertación, aquellos ex ministros, ex dirigentes, ex parlamentarios que quedaron relegados a un segundo plano con la lógica, discurso, plataforma de programa y puestos de gobierno e influencia política en esta era de la Nueva Mayoría. Los mismos que semana a semana salen en diversos medios de comunicación cuestionando el contenido de las reformas, sus efectos, hasta la falta de conducción política de Bachelet.

El ex ministro del Interior, Carlos Figueroa (DC), fue uno de los últimos. A fines de agosto dijo que la Presidenta “no tiene capacidad de conducción política y además no le gusta (…) el gobierno tiene un problema de gestión brutal, por falta de visión y por operadores, por malos ministros y cargos intermedios muy deficientes”; unos días antes el ex titular de Hacienda, Eduardo Aninat, advirtió –en el plano económico– que “la ola grande se viene acercando y yo lo que haría es darle al barco mucha más conducción"; en tanto, el ex titular de Transporte y presidente del directorio del canal de televisión de Andrónico Luksic, René Cortázar, apuntó a la reforma laboral y sus efectos, al asegurar que "durante los últimos 25 años tuvimos varias huelgas en el Metro, donde los conductores que paraban eran 200 trabajadores, pero como había reemplazo interno, la ciudad no paraba, si se aplica esta ley (la reforma) tal como está hoy día, la ciudad de Santiago para"; asimismo, en los mismos días José de Gregorio –ex ministro de Economía y Minería de Ricardo Lagos– hizo lo propio con la reforma educacional, al sentenciar que "nunca me sentí cómodo con la oferta de gratuidad total, porque es impracticable (…) el Gobierno tendrá que ponerse colorado en algunas cosas”.


Las dudas


Muchos en la Nueva Mayoría y en el propio gobierno dudan de la DC, de su real apego al programa de Gobierno y su compromiso con las reformas. No hay desconfianza con toda la falange –insisten parlamentarios–, asesores de Palacio y miembros del gabinete, sino que apuntan a aquel sector más conservador que representa el senador Ignacio Walker y aquellos ligados al partido del orden y que comulgan con las lógicas de poder del ex diputado Gutenberg Martínez.

Ese hilo conductor ha generado el segundo foco del fuego amigo. En el seno de La Moneda, del entorno de la Presidenta Bachelet y del propio gabinete miran con cierto resquemor y desconfianza al ministro Burgos, al punto que varios han señalado en reserva que lo ven “atornillando al revés” de los intereses de la Mandataria y del Gobierno en general. Es más, al consultar por lo que se entiende por fuego amigo, no son pocos en el oficialismo los que mencionan espontáneamente al ministro del Interior.

Los argumentos para las sospechas sobre Burgos pasan –según afirman asesores de Palacio, autoridades del Gobierno y parlamentarios de la Nueva Mayoría– desde el hecho que pertenece a ese sector DC más conservador, el más joven de la vieja guardia, un exponente de tomo y lomo del “principado” de la falange, hasta las reuniones reservadas que –aseguran en La Moneda– el secretario de Estado habría tenido con el “Gute” Martínez en el último mes. A la lista agregan el mal manejo que se mostró ante el paro de camioneros y que llevó a una fractura de la relación con el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, que hizo temblar la estabilidad del patio de Los Canelos.

Quienes ponen a Peñailillo como punta de lanza del fuego amigo al Gobierno de Bachelet, no solo explican que pasa por la “revancha política” debido a la forma en que fue tratado y sacado del Ejecutivo después de una década de trabajo codo a codo con la Mandataria, sino también –explicaron en detalle– por el diseño de una estrategia con miras a recuperar su capital político, que se ha visto evidentemente perjudicado, como lo demostró la última encuesta CEP al caer 14 puntos en su evaluación positiva, dejándolo en un escuálido 15% de apoyo y un 53% de rechazo.

Mención especial es el gallito a Bachelet mientras se encontraba de gira en El Salvador y México con la publicitada cita con el ex Presidente Ricardo Lagos, quien se paseó por La Moneda como Pedro por su casa dando consejos para gobernar mejor, después que la Mandataria públicamente le había quitado el piso en una cuestionada entrevista al diario La Tercera el domingo 9 de agosto, cuando aseguró que habían hecho una lectura equivocada los que entendieron que la llegada de Burgos implicaba un cambio de rumbo del Gobierno.

También se agrega a los argumentos –explicó una autoridad de gobierno– el golpe a la mesa que hizo el ministro al sacar al Intendente de La Araucanía, Francisco Huenchumilla, para poner en dicho cargo a uno de sus asesores en materias indígenas, Andrés Jouannet, quien es un conocido operador del “gutismo” duro, del ex diputado y la ex ministra DC Soledad Alvear.

Entre los críticos de Burgos en el Ejecutivo, y que tienen serias dudas sobre el papel real que está jugando desde La Moneda, afirman que su objetivo es instalarse públicamente como “un liderazgo que pone orden”, el responsable de llevar hacia el centro a la administración bacheletista, sin descartar que de trasfondo este la intención de que lo vean como un posible “candidato tapado” para la DC el 2017.

En el círculo más estrecho de Burgos lo defienden. Quienes lo conocen bien recalcan que el ministro “no juega doble” ni tiene una agenda oculta y que “nunca esconde su opinión”. Como muestra un botón: este martes 29, al ingresar a La Moneda, se le consultó sobre diversos temas de la agenda, entre ellos la opción de usar becas transitoriamente para cumplir con los compromisos de gratuidad. “Yo creo que no va por ahí el tema (…) técnicamente yo soy el menos indicado porque, como quedó claro el fin de semana, yo soy abogado”, dijo el ministro, riéndose a carcajadas, en alusión directa a las declaraciones de Bachelet desde Estados Unidos, que lo corrigió públicamente por afirmar que el fallo de La Haya había sido una derrota procesal.

Desde el Ministerio del Interior, su entorno más cercano, recalcan que ese estilo frontal de trabajo es una característica de Burgos y que, en más de una reunión –ante otras autoridades o parlamentarios–, estos meses ha afirmado “yo no soy desleal”. Descartan que además sea parte de una operación del “gutismo”, porque en dicho núcleo consideran que no es necesario desplegar una estrategia para hacer tambalear el Gobierno de Bachelet, porque este “se perjudica solo, a cada rato y sin ayuda de nadie”.

En el entorno de Burgos reconocen que existe el fuego amigo en el oficialismo, apuntando a otros sectores del mismo, que la operación contra la Mandataria –los rumores sobre su salud y el vacío de poder– fue real, una suerte de alerta, que los últimas semanas se ha neutralizado, y que hoy representan una minoría en las huestes de la coalición. En esa línea, advierten que el mayor problema que tiene Bachelet es la suerte de “corte palaciega” que la rodea –asesores y colaboradores–, “que no enmiendan rumbo, que no escuchan y no hacen una autocrítica”.

Para graficar ese punto, un alto asesor de Palacio afirmó que “la cruda verdad es que no hay problema que esté o haya enfrentado el Gobierno cuyo origen no sean los errores cometidos por La Moneda o por la propia Presidenta”.

La revancha


El tercer foco apunta a un sector del PPD, puntualmente a la G-90, al grupo de colaboradores y aliados más cercanos al ex ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, y si bien muchos separan aguas entre el ex secretario de Estado y sus grupo político, sindicando como responsables solo a su “lote” político, son varios en el oficialismo, en el Gobierno y desde el Congreso, que incluyen en las gestiones para avivar el fuego amigo al ex hombre de confianza de la Presidenta, porque les cuesta creer que este grupo haga algo sin el visto bueno de su “líder”.

Desde que salió de La Moneda ese lunes 11 de mayo con una nerviosa sonrisa que trataba de ocultar lo descompuesto de su cara, Peñailillo ha guardado un riguroso silencio. Eso no significa que esté totalmente inactivo. Este último mes, especialmente, ha retomado de hecho el contacto telefónico, las reuniones políticas bilaterales y algunas conversaciones muy reservadas –principalmente en su casa de La Reina– con periodistas seleccionados, con quienes se habría “sincerado” sobre sus sentimientos hacia su salida del gabinete y la Presidenta, todo con miras a preparar su operación retorno.

Todas las miradas del Gobierno y la Nueva Mayoría apuntan a la G-90 como responsable de esparcir rumores sobre Bachelet, su salud, y contribuir con ello a hacer tambalear su gestión, minar su liderazgo. “Es gente que está enojada con el Gobierno y con la Presidenta, gente que jamás arriesgó nada y que está en esto solo por los puestos de trabajo y los sueldos”, sentenció el mismo timonel de la Nueva Mayoría que hace quince días advirtió que la Mandataria sabía perfectamente quiénes estaban tras la operación en su contra.

“Es la G-90, el problema con ellos es que es gente que se agrupó en torno al triunfo y los cargos, no saben actuar ni sobrevivir fuera del poder, es una mala generación de reemplazo”, agregó un alto asesor de La Moneda.

Desde el seno de la G90, uno de sus integrantes fundadores y muy amigo de Peñailillo se defendió argumentando que responsabilizarlos del “fuego amigo” y los malos rumores sobre la Presidenta es “un intento de todos los que quieren neutralizarnos y perjudicarnos, se están aprovechando de esta coyuntura para eso”. Es más, reconoció que es verdad que “están molestos, que algunos han cometidos errores, pero no se ha traspasado el límite de la lealtad a Bachelet”.

Siempre la G-90 ha despertado resquemores y desconfianzas en la Nueva Mayoría por diversas razones. Se les cuestiona actuar como una suerte de “secta” en torno a la figura de Peñailillo y no sobre la base de un proyecto político, que profesionalmente ninguno es muy destacado y, por tanto, no habrían accedido a los cargos que han tenido si no fuera por su amistad con el ex ministro.

Las sospechas apuntan a integrantes de la G-90 como Flavio Candia, Harold Correa –aún en funciones en el Ministerio de Educación–, Héctor Cucumides y Ricardo Vásquez, quienes estos meses han mantenido el contacto permanente con Peñailillo y lo tienen informado de todo lo que sucede.

En líneas gruesas, la G-90 no ha salido de sus cargos en el Gobierno, a pesar de la desconfianza que impera hacia ellos, básicamente porque a La Moneda le complica sacarlos a todos y quiere evitar un conflicto que podría ser de mayor escala si este “lote” está fuera de las paredes gubernamentales.

Un dirigente y senador de la Nueva Mayoría aseguró que “no es Peñailillo, él sabe de política, sería un gravísimo error que estuviera en esto, es su entorno”, al tiempo que en La Moneda algunos de los que trabajaron estrechamente con el ex ministro afirman que es “leal”, que “no es rencoroso”. Sin embargo, esa defensa contrasta con las opiniones de quienes aseguran que el otrora hombre fuerte de La Moneda “está enojado”, que si bien a muchos les ha asegurado que nunca haría nada contra la Mandataria, también habría afirmado que la lealtad es recíproca.

Es más, quienes ponen a Peñailillo como punta de lanza del fuego amigo al Gobierno de Bachelet, no solo explican que pasa por la “revancha política” por la forma en que fue tratado y sacado del Gobierno después de una década de trabajo codo a codo con la Mandataria, sino también –explicaron en detalle– por el diseño de una estrategia con miras a recuperar su capital político, que se ha visto evidentemente perjudicado, como lo demostró la última encuesta CEP al caer 14 puntos en su evaluación positiva, dejándolo en un escuálido 15% de apoyo y un 53% de rechazo.

La conveniencia de contribuir a minar la figura de la Presidenta pasaría por el objetivo político que tiene la operación de Peñailillo –explicaron en la Nueva Mayoría– de instalar la figura del ex ministro como el único que le dio estabilidad y logros a la administración bacheletista, que solo cuando él estuvo dirigiendo las riendas de La Moneda hubo buenos dividendos en las encuestas y se cumplieron algunas de las promesas de campaña, como la eliminación del sistema binominal. Todo en un plazo de aquí a las elecciones municipales del próximo año.

Detrás de este diseño estaría la mano del dueño de Imaginacción, Enrique Correa –declarado ‘amigo del Gobierno’, según el ministro Jorge Burgos–, quien oficialmente está asesorando a Peñailillo en materia legal, manejo de crisis y apoyo, lo que despierta varias suspicacias en la Nueva Mayoría.

Ambos se han reunido en varias ocasiones, la primera –según la última edición de Revista Capital– en su casa de La Reina, en mayo. De ahí en adelante, en las oficinas de la consultora del experto en lobby. En dichos encuentros se ha definido la estrategia para que el ex ministro recupere su capital político, incluso a costa de cuestionar tácita e indirectamente –como lo habría asegurado a varios con los que se ha reunido a conversar– el liderazgo de Bachelet.

En distintos medios de comunicación se ha filtrado –muy en el estilo de Correa– que Peñailillo se prepara para dar una entrevista en televisión, lo que marcaría su regreso público, esto bajo el convencimiento de que, pese a la polémica por las boletas que emitió a Giorgio Martelli y a SQM durante la precampaña, es difícil que la Fiscalía logre avanzar más allá en su caso y formalizarlo, después de la querella que la semana pasada presentó el Servicio de Impuestos Internos y que eliminó la frase “contra los que resulten responsables”, lo que fue entendido en el Ministerio Público como “una muralla” para avanzar en esta arista.

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