jueves, 24 de septiembre de 2015

Junípero Serra, un santo para la comunidad hispana de EE UU

La iglesia presenta la canonización del fraile mallorquín como el primer santo hispano y lo identifica con los inmigrantes latinos

El problema del santo conquistador


La canonización de Fray Junípero Serra, este miércoles en Washington, tiene un significado estratégico para la iglesia católica en Estados Unidos. Se trata del primer santo que se puede identificar con la comunidad latina de EE UU. Durante una conferencia el pasado mayo, el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, calificó a Serra como “el primer inmigrante mexicano”, porque “vivió y trabajó más de una docena de años en México antes de venir a California”.

En cierto sentido, así es. El fraile mallorquín Junípero Serra se lanzó a evangelizar los territorios del norte de California junto a las expediciones militares de la corona española a finales del siglo XVIII. Llegó a este territorio prácticamente inexplorado en 1769, a los 56 años después de dos décadas en México, y en poco más de una década había fundado nueve misiones entre San Diego y San Francisco. Serra, poco conocido en España, es en California un personaje histórico monumentalque se estudia en los colegios y sin el cual no se entiende la historia del oeste americano. Por ejemplo, cada estado de EE UU está representado en el Capitolio de Washington por dos estatuas. Las de California son Junípero Serra y Ronald Reagan. Según cuenta el historiador Steve Hackel, Serra “dijo que iba a morir en California predicando el Evangelio y lo cumplió. Completó su misión y murió como un héroe”. El fraile mallorquín “es nuestro Colón, nuestro Cortés”, decía Hackel en una entrevista con EL PAÍS poco después de anunciarse la canonización.

Hackel destaca en su libro Junípero Serra: el padre fundador de California como esta parte de EE UU no se identifica con la narrativa nacional del país, según la cual hubo una guerra con Inglaterra y un grupo de ilustrados se reunieron en Philadelphia a redactar una constitución para 13 colonias inglesas y protestantes. Por aquellos tiempos, en California un fraile español en sandalias evangelizaba indígenas. Al contrario que en México y Perú, donde los españoles se encontraron imperios, en California había unos 300.000 indígenas de tribus cazadoras-recolectoras. Las misiones fueron, literalmente, las primeras construcciones del oeste norteamericano. Las instituciones europeas de California, políticas, militares y religiosas, fueron españolas. El Oeste americano creció sobre una cultura política católica e hispana completamente distinta de la del Este, que predominó hasta la invasión anglo de la fiebre del oro de mediados del siglo XIX.

El resurgir de esa identidad hispana es una oportunidad para la iglesia. Los latinos ya son más de 50 millones de personas. En California son el 40% de la población y las proyecciones prevén que sigan aumentando en número al menos hasta mediados de siglo. Es ahí donde la iglesia católica apela al origen católico de los hispanos dentro de una lucha por su futuro frente a las iglesias evangélicas y todo tipo de cultos informales.

La Archidiócesis de Los Ángeles, la más grande de Estados Unidos, ha sido uno de los principales valedores de la canonización de Serra. El arzobispo Gómez es además la principal voz de la iglesia católica en EE UU en favor de una reforma migratoria que dé alguna solución a los 11 millones de personas que viven y trabajan en la clandestinidad sin papeles. En 2013 publicó el libro La inmigración y la nueva América: Renovando el alma de nuestra nación. Nacido en Monterrey (México), Gómez sirvió previamente como arzobispo de otras dos ciudades con fuerte identidad latina como son Denver (Colorado) y San Antonio (Texas).

“La canonización es aún más poderosa y personal para aquellos de nosotros que somos hispanos y mexicanos”, decía Gómez en mayo. “Como sabemos, la inmigración hispana, y especialmente la de México, está cambiando el rostro de la iglesia y de la sociedad de Estados Unidos. Por tanto, es significativo que el beato Junípero sea el primer santo hispano de América”. Gómez también destacaba que la canonización la hace “el primer papa hispano, el primero en hablar español como lengua nativa, un papa que es él mismo hijo de inmigrantes. El rico simbolismo de su canonización corresponde a una época de profunda incertidumbre y cambio social en Estados Unidos”.

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