martes, 8 de septiembre de 2015

Los desafíos de Marcelo Claure

El consejero delegado de Sprint, Marcelo Claure. / AARON DAVIDSON (GETTY)

El boliviano más rico del mundo intenta reedificar la cuarta mayor telefónica de Estados Unidos y devolver el fútbol a Miami

THIAGO FERRER MORINI


Hay partes de la historia oficial de Marcelo Claure (Guatemala, 1970) que parecen sacadas de una película. Por ejemplo, el relato de cómo, recién licenciado en Economía por la Universidad Bentley (Massachusetts, EE UU), se sentó junto al presidente de la Federación Boliviana de Fútbol en el avión de vuelta al país andino y acabó invitado a formar parte de la delegación que acompañaría a la selección boliviana al primer Mundial de su historia, en 1994.

Hoy Claure es un hombre ajetreado. Por un lado, el empresario boliviano, que según la revista Forbes es el más rico de su país con un patrimonio neto de 900 millones de dólares, está teniendo que sudar para revertir la decadencia de Sprint, la cuarta mayor compañía telefónica de EE UU, y devolverle una reputación perdida hace mucho. Por otro lado, tiene abiertos varios frentes en el mundo del fútbol, su verdadera pasión: no solo en su pugna por influir en el mundo del balompié en el país andino, sino también en su empeño por que Miami vuelva a tener una franquicia de la liga estadounidense con el respaldo de David Beckham.

Hijo de una familia de funcionarios de Naciones Unidas —su padre estaba destinado en Guatemala cuando nació—, Claure afirma que siempre tuvo la voluntad de ser empresario. “Cuando estaba en la facultad, monté un negocio para comprar y vender millas de avión”, contó en una conferencia en el Barcelona Mobile World. “Fue una buena experiencia y me permitió mantener un buen estilo de vida durante la carrera”, relató entre risas.


EL NEGOCIO MÓVIL


Tras el paréntesis mundialista, Claure volvió a EE UU y se metió en el incipiente negocio de la telefonía móvil de una manera muy curiosa. Según su propia historia, entró en una tienda a las afueras de Boston buscando un teléfono y se topó con un empresario desencantado con su negocio y al mismo tiempo impresionado con el joven de casi dos metros que negociaba con él. Tanto le gustó su actitud que le ofreció una participación en la empresa.

Claure le dio la vuelta a la tienda. “En la facultad todos sabíamos que si tardaban más de media hora en entregarte una pizza te salía gratis”, relataría más tarde. “Cubrimos Massachusetts con agentes y garantizamos un móvil en menos de 30 minutos. Cambiamos las reglas del juego”.

Pero Claure estaba pensando ya en cómo ir más allá. Tras vender sus tiendas, entró en el mercado de la distribución mayorista de teléfonos móviles. Prueba de su ambición fue su elección para el nombre de la empresa: con la denominación de sus dos mayores rivales, Brightpoint y Cellstar, el empresario fundó Brightstar en 1997 con un objetivo: conquistar el difícil mercado latinoamericano.

“Los fabricantes eran pocos, estaban muy concentrados y tenían poca presencia en los países de la región”, explica Facundo Crosta, exvicepresidente de Motorola Mobility para América Latina, “mientras que los operadores de telefonía eran muchos y muy locales”. Además, el continente, con su diversidad de mercados, sus sistemas logísticos poco desarrollados y su complejidad regulatoria, asustaba a los fabricantes, que preferían dejar las cosas en manos de empresas como Brightstar. “Los distribuidores ayudaron proveyendo un puente”, relata Crosta.

El talento de Brightstar a la hora de servir de intermediario entre los fabricantes y los distribuidores le llevó a un crecimiento explosivo y a un paso que raras veces se da: el salto al mercado norteamericano. “Generalmente son las empresas estadounidenses las que van a América Latina”, explicaría más tarde.

En 2013, Brightstar facturó 10.500 millones de dólares. Además de la distribución, la empresa también se aventuró en el negocio del ensamblaje de móviles, con fábricas en Bolivia y en Tierra del Fuego (Argentina).

Los reconocimientos al papel de Claure en el éxito de la empresa empezaron a llegar. En 2011, la Cámara Hispana de Comercio de Estados Unidos le nombró Empresario del Año. “Es un excelente negociador”, recuerda Crosta. “Es una persona con muchísima habilidad para captar lo que sus interlocutores necesitan”. Cuando en 2013 Apple decidió por fin imitar al resto de la industria e implantar un sistema de reventa e intercambio de teléfonos, lo contrató con Brightstar.

El éxito de la empresa llamó la atención de Masayoshi Son, fundador del gigante japonés de Internet Softbank. En octubre de 2013, Son anunció la compra del 57% de Brightstar por 1.260 millones de dólares. La operación hizo de Claure un multimillonario.

Pero Son (que más tarde se haría con el resto de Brightstar) no dejó a Claure disfrutar de su nueva fortuna. Un año antes, Softbank había comprado Sprint, entonces la tercera telefónica de EE UU, con la intención de fusionarla con su rival T-Mobile USA, la cuarta del país y propiedad en un 75% de la alemana Deutsche Telekom. Pero la operación no solo no salió adelante, sino que T-Mobile inició una ofensiva de marketing para hacerse con la tercera posición de Sprint (que alcanzó a mediados de 2015). Son nombró a Claure consejero delegado para revertir la situación.

El problema fundamental de Sprint es una red obsoleta que ofrece peor cobertura que sus rivales, un serio defecto en un mercado cada vez más fluido y dependiente de los datos. Con Claure a la cabeza, la empresa se ha lanzado a invertir en infraestructura y, a la vez, en una agresiva campaña para atraer nuevos clientes. El propio Claure se ha implicado a través de su cuenta de Twitter, respondiendo a clientes molestos y enzarzándose con el igualmente mediático consejero delegado de T-Mobile USA, John Legere. El reto parece atraer al empresario. “Me gusta no ser el favorito”, comentó a The Wall Street Journal.

LOCO POR EL BALOMPIÉ


El negocio de la telefonía siempre ha sido una de las muchas actividades de Claure. El empresario formó parte del grupo que respaldó la polémica —y finalmente fallida— campaña Un portátil por niño.

Pero es en el mundo del fútbol donde Claure se siente realmente a gusto. Él mismo ha afirmado que si hay un momento que le ha marcado fue su experiencia con la selección. En 2008 Claure se hizo con el club de sus amores, el Bolívar, prometiendo que en 10 años llevaría al equipo a ser campeón de América. La posición de máximo accionista del Bolívar le lleva a tener buenas relaciones con el más famoso de los hinchas de la Academia: el presidente Evo Morales. “Nuestra relación es más de fútbol”, reconoció en una entrevista al diario paceño Página Siete. “El presidente le ha dado un posicionamiento a este país que antes no teníamos. Ahora nos respetan. Bolivia nunca ha estado tan bien económicamente como está hoy”.

Su segundo proyecto de llevar un club de fútbol a Miami (el primero, en 2009, con la ayuda del F. C. Barcelona, fracasó) se enfrenta a la negativa de las autoridades locales a financiar la construcción de un estadio en el centro de la ciudad. Si logra su sueño, Claure difícilmente tendrá tiempo para ver un partido de su club. Salvo que lo vea en Kansas City, a 2.500 kilómetros de Miami, donde está la sede de Sprint.

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