martes, 27 de octubre de 2015

El desafío de las arcas vacías

La presidenta argentina y su homólogo chino en Pekín en 2014. / AFP

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Cambiar un modelo de crecimiento no es sencillo, menos si se afronta con pocos recursos y con la economía casi en números rojos


ALICIA GONZÁLEZ Madrid 27 OCT 2015 - 02:53 CET


"Argentina lleva mucho tiempo con el indicador de combustible encendido. El próximo Gobierno se va a encontrar el tanque de gasolina prácticamente sin nada", explica desde Washington Ramón Aracena, economista jefe para América Latina del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).

Pese a los esfuerzos del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchnerpor ocultar el ajuste que inevitablemente viene, el desfase entre ingresos y gastos ha alcanzado niveles casi insostenibles. La carrera electoral ha disparado el gasto público en lo que va de año un 41%, hasta convertir esta partida en el principal motor de la economía. El déficit público se situará este año entre el 6% y el 7%, según distintas fuentes, impulsado por una abultada factura de subsidios sobre la energía y el transporte (que equivalen al 5,3% del PIB) y una drástica caída de los ingresos por exportaciones de materias primas.

Para financiar ese déficit, Argentina no puede acudir a los mercados internacionales. Desde el impago de su deuda en 2001, los inversores desconfían de prestarle dinero y menos a un precio razonable. Todos salvo China, que se ha convertido de facto en su prestamista de última instancia. El año pasado Pekín abrió una línea de canje de divisas por 11.000 millones de dólares durante los próximos tres años pero el crédito ha sido consumido casi en su totalidad y las autoridades chinas se resisten a ampliar el acuerdo.

Así que, básicamente, el país depende de los recursos de la seguridad social, de los bancos públicos y de los activos del Banco Central para hacer frente a sus pagos. Y ahí el margen cada vez es más reducido.

Según los datos oficiales, Argentina mantiene unos 32.500 millones de dólares en reservas internacionales pero la cifra está artificialmente inflada: "Una vez que descuentas las importaciones sin pagar, los vencimientos pendientes de la deuda, los canjes de divisas con China y otros apuntes mal contabilizados, la posición de Argentina cae hasta los 10.000 o 12.000 millones de dólares (y posiblemente más cerca de cero)", sostiene Fernando Sedano, analista de Morgan Stanley. Los economistas de Itaú Unibanco, el mayor banco del vecino Brasil, afirman que los pagos pendientes de deuda (del Estado y de las provincias) hasta finales de año situarán "el saldo neto a finales del ejercicio en unos 6.000 millones de dólares". Unos niveles que hacen saltar las alarmas de los organismos y los inversores internacionales.

"Hay buena voluntad en los mercados con Argentina porque casi cualquier medida que se adopte va a ser mejor de lo que hay ahora. Pero la paciencia no va a ser mucha, la luna de miel va a ser corta. Los inversores quieren acción", asegura Aracena, del IIF, la organización que agrupa a los mayores bancos privados del mundo. Las perspectivas de cambio dispararon ayer la Bolsa de Buenos Airesun 3,6%. Pero cambiar el modelo de crecimiento exigirá tomar medidas con rapidez y escaso margen de error. En todo caso, dolorosas.

La negociación con los acreedores parece inevitable y esa factura asciende a no menos de 7.000 millones de dólares. Más urgente aún es dar credibilidad a las cifras oficiales que sitúan la inflación en el entorno del 14%, lejos del 26% que calculan los expertos. Y situar la divisa en su valor real, según algunos académicos, entre un 30% y un 40% por debajo de su valor actual.

En esas condiciones, no es difícil pensar que la economía entrará en recesión el próximo año. Demasiados factores en contra. El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula un lánguido crecimiento del 0,4% para este año y un descenso del 0,7% en 2016.

Pese al rechazo personal de Fernández de Kirchner a cualquier implicación del Fondo en la economía argentina, las negociaciones con el organismo existían, aunque no se hayan hecho públicas. Solo el visto bueno de la institución a las cifras argentinas les dará credibilidad, a ojos de los inversores. Y ese es el primer paso hacia el cambio.

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