miércoles, 14 de octubre de 2015

¿Por qué aumentan los linchamientos de vecinos a delincuentes en Venezuela?

AFP
Dos chavistas apuntan con un arma a opositores, durante enfrentamientos en un campus universitario, en Caracas

Cuando los habitantes sorprenden in fraganti a los «choros», como se les conoce, de inmediato se unen para castigarlos con palos, piedras, puños y patadas

LUDMILA VINOGRADOFFABC_MUNDO / CORRESPONSAL EN CARACAS - Día 14/10/2015 - 01.30h


El caraqueño Wilson Arturo Peña Rodríguez, de 19 años, un «choro» (ladrón) tuvo la suerte de no morir tras recibir varios tiros en los genitales y quemaduras en su cuerpo durante un linchamiento que le propinaron los habitantes del barrio Mesuca de Petare, en el Area Metropolitana de Caracas, hace unos días.

Pero su compañero de fechorías no podrá contar lo mismo pues murió carbonizado a las 22 horas de la noche luego de robar a los transeúntes de la calle Pascal de Mesuca. Los habitantes del barrio decidieron entonces hacer justicia por sus propias manos rociándoles gasolina a los dos delincuentes.

Se han contabilizado hasta 50 linchamientos en Petare en lo que va de año, el doble de lo registrado en 2014, según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), que hasta agosto pasado había cuantificado 40 personas afectadas en todo el país.

En la entrada de Petare se destacan carteles advirtiendo a los delincuentes «Ladrón que sea sorprendido será quemado». También pintadas en los muros «Ratero te vamos a linchar». Estas amenazas se repiten en diferentes barrios y urbanizaciones del país.

Muchas veces la amenaza se convierte en realidad sin previo aviso ante el hastío de la colectividad que se siente azotada por la inseguridad y solo consigue como respuesta la impunidad, asegura el abogado criminalista Fermín Mármol García para quien el linchamiento se ha convertido en una conducta cada vez más recurrente entre los venezolanos.

Cuando los habitantes sorprenden a los delincuentes in fraganti de inmediato se unen para castigarlos con palos, piedras, puños y patadas. Si no hay intención de ajusticiarlos con tiros o quemas entonces los amarran a un poste para que escarmienten en público y todo el mundo los pueda reconocer. En la difusión de los linchamientos en las redes sociales contribuyen los videos y fotos que toman los vecinos.

Mármol García sostiene que hacer justicia por propia mano «es la demostración inequívoca de que la gente no cree en sus instituciones y de que el sistema integral de seguridad ciudadana no castiga el crimen».

El criminalista es tajante al señalar que en Venezuela existen altos niveles de inseguridad y «un nivel de impunidad muy alto». Según cifras oficiales aportadas el pasado mes de junio por la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 2014 cerró con una tasa de homicidios de 62 personas por cada 100 mil habitantes, y según el informe de Memoria y Cuenta del Ministerio Público, el índice de impunidad se ubicó en promedio en 98,3%. Mientras que la OVV señala que Venezuela es el segundo país más violento del mundo con 25.000 asesinatos y una tasa de 82 homicidios por cada 100 mil habitantes.

En el país «existe la sensación de que los delitos no se castigan y de que el delincuente se burla de ella, la gente encuentra en estas represalias tan primitivas una alternativa para solventar problemas», señala Mármol García.

El sociólogo Roberto Briceño León, director de la ONG Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) señala tres razones por las que la colectividad decide recurrir a este tipo de acciones violentas: la falta de protección, la ausencia de castigo y la creencia de que el presunto delincuente no tiene remedio.

Según estudios realizados entre el 2002 y 2012 por el OVV el 60% y 65% de la población venezolana aprueba estos métodos como mecanismo de castigo. Briceño León explica que el ajusticiamiento es la aplicación directa de la justicia por parte de las personas sin la mediación del Estado. Reconoce que estos hechos «son formas primitivas de justicia» y añade que son métodos totalmente censurables.

Analistas sostienen que los linchamientos no disuaden a los ladrones. Sólo alimentan un círculo vicioso de violencia ya que los familiares de las víctimas van en busca de venganza o porque los ladrones se arman para evitar ser linchados.

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