domingo, 1 de noviembre de 2015

Polonia se arma en la guerra del gas

Comunicación de los tanques de recepción de gas natural licuado / POLSKIE LNG

Una planta en el Báltico y nuevas conexiones buscan reducir la dependencia de Rusia

FOTOGALERÍA Así es la mayor planta de regasificación de gas natural licuado del Báltico

JERÓNIMO ANDREU Swinoujscie 1 NOV 2015 - 12:42 CET

Polonia compra el 80% del gas que consume a la compañía rusa Gazprom, y esa es una carga muy pesada en la guerra energética del Este de Europa. El monopolio del combustible es uno de los elementos de presión de Moscú sobre sus vecinos, como demostró la guerra de Ucrania y sigue viéndose en los bálticos, a los que aplica precios más caros. Para reducir esa dependencia, Varsovia ha lanzado un gran plan que le permitirá importar en barco gas de cualquier lugar del mundo.

El corazón del proyecto polaco se esconde en una remota localidad en la costa noroeste del país, una península casi en Alemania, en mitad de un parque natural rodeado de árboles con todos los colores del otoño. Swinoujscie es una ciudad turística desde la que salen ferris a Escandinavia. Allí Polonia ha construido la mayor planta de regasificación de gas natural licuado (GNL) del Báltico.

La primera ministra saliente, Ewa Kopacz, que el domingo perdió las elecciones ante los ultraconservadores de Ley y Justicia (PiS), inauguró la planta durante la campaña electoral en lo que declaró “un momento histórico”. Pese a ello, las instalaciones no están a punto. Sobre los dos tanques de 54 metros de altura que alojarán el gas que llegue en barco golpea el viento. Los obreros pintan a rodillo los dos tambores enormes, el equivalente a torres de 18 pisos. Desde su cima se observa un espigón de tres kilómetros en el mar para proteger a las embarcaciones que lleguen y un laberinto de tuberías, parte de las cuales van a la torre por la que se expulsarán los restos de metano. Allí se encenderá en diciembre una llama para purgar el primer gas que se lance a la atmósfera.

El mes que viene se espera el primer barco, operado por Qatar Gaz. Se usará para pruebas, y en 2016 la regasificadora espera estar listos para el uso comercial. El gas natural se reclama de los más limpios entre los combustibles no renovables. La infraestructura ha costado mil millones de euros y recibió fondos europeos por su peso estratégico, puesto que permitirá importar 5.000 millones de metros cúbicos anuales de gas, el 30% de lo que Polonia consume. El GNL es gas normal que, tras extraerse de los yacimientos, se enfría para convertirlo en líquido con la intención de que ocupe menos, se transporta hasta los clientes y ellos lo calientan para devolverlo a su estado gaseoso y distribuirlo por la red nacional en gasoductos normales. La condensación, transporte en tanques criogénicos y posterior regasificación es cara, por eso los técnicos de la compañía que operará la planta (una filial de Gaz System, 100% estatal) no niegan que es “un proyecto por la seguridad nacional” y que la rentabilidad no será sencilla, pero que en el peor de los casos el GNL servirá en las negociaciones con Gazprom para que baje el precio.

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Polonia quiere que, una vez asegurado el suministro nacional, la terminal de Swinoujscie crezca y bombee combustible por toda la región. La Comisión Europea anunció hace dos semanas una ayuda de 295 millones de euros (de un total de 558) al proyecto de un gasoducto de Polonia con Lituania. Serán 534 kilómetros de tuberías entre las plantas compresoras de Rembelszczyzna (Polonia) y Jauniauani (Lituania) que permitirán romper el aislamiento de las tres repúblicas más norteñas de Europa, hasta ahora completamente dependientes del gas ruso con la excepción de una terminal flotante en Klaipedia (Lituania) de menor tamaño.

Jan Chadam, presidente de Gaz System, explica que “en los próximos años están planeadas nuevas conexiones con la República Checa, Eslovaquia, Lituania y Ucrania, también con apoyo europeo”. La UE cada día se preocupa más por su debilidad energética y busca soluciones que le concedan libertad política, aunque sean caras. “Las interconexiones con la República Checa y Eslovaquia formarían parte de un corredor de norte a su que conectara Swinoujscie con el mar Adriático”, cuenta.

En busca de alternativas

Con el nuevo Gobierno polaco no se esperan cambios en el proyecto. De hecho, el nuevo partido en el poder, el PiS, es una formación nacionalista que ha criticado los retrasos en las obras de Swinoujscie porque considera que el GNL es prioritario. Piotr Naimski, uno de los portavoces energéticos del PiS, ya ha dicho que aspiran a cortar la dependencia rusa: “Si no aceptan los términos que les proponemos, nos gustaría poner fin a nuestro contrato con Gazprom cuando venza, en 2022”.

Polonia lleva años buscando alternativas al gas ruso. Esa es una de las razones de que no quiera abandonar el carbón (junto con los casi 100.000 mineros del país). Pero sus grandes proyectos alternativos han fracasado, especialmente el del nada rentable fracking, al que el entonces primer ministro (y ahora presidente del Consejo de Europa), Donald Tusk, recibió hace un lustro como el instrumento que permitía afirmar que “al fin hoy Polonia será independiente en gas natural”.

En noviembre de 2014 el Gobierno encargó a la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, un órgano intergubernamental para promover el sector) un estudio sobre el potencial de estas fuentes el país. Según el documento, publicado el martes, para 2030 en Polonia las renovables aportarán el 15,5% de la energía producida en el país (ahora es del 7%), pero con las políticas adecuadas (más plantas eólicas) podría llegarse al 38%. El problema es que el proyecto le costaría al país unos 4.000 millones de euros anuales.

Un futuro verde parece lejos de las prioridades de Polonia, más preocupado por limitar sus hipotecas geoestratégicas. Para intentarlo, termina de pulir su nueva bala a las orillas del Báltico.

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