miércoles, 6 de abril de 2016

COLOMBIA: Viaje a un santuario de las FARC

Calle principal de Santo Domingo, en la Cordillera Central de Colombia. SALUD HERNÁNDEZ-MORA

En Santo Domingo se desmovilizó el M-19, pasaron los guerrilleros disidentes y hoy caminan los integrantes del Sexto Frente de las FARC

"Tienen que pedirnos perdón porque han asesinado a mucha gente inocente, a líderes indígenas", dice un aldeano en voz baja

SALUD HERNÁNDEZ-MORA - Santo Domingo (Cauca) @saludhernandezm

Pocos lugares son tan emblemáticos para los grupos subversivos como Santo Domingo, diminuto caserío enclavado en las elevadas montañas de la Cordillera Central. En ese apartado lugar donde se enfrentaron las guerrillas liberales y conservadoras en los años 50 del siglo anterior, se concentró y desmovilizó el M-19 en marzo de 1990. Por ahí pasaron después los guerrilleros disidentes y por sus tierras hoy día caminan los integrantes del Sexto Frente de las FARC, uno de los más poderosos y sanguinarios.

No ha cambiado mucho desde que Carlos Pizarro, líder del M-19, entregara su pistola y anunciara que su organización dejaba las armas para lanzarse a la arena política. Tan sólo hay 18 casas modestas en pie, algunas cerradas, donde habitan 12 familias que viven de la ganadería, la leche y el queso, unas pocas piscinas de trucha y algunos sembradíos de marihuana que sólo dan dos cosechas anuales porque son parajes fríos.

"¿Cuál ha sido el resultado de aquél proceso de paz para nosotros? Prometieron de todo en su día y los gobiernos no cumplieron con nada", dice un habitante que prefiereocultar su nombre, como el resto de los vecinos a los que entrevisto. "No tenemosalcantarillado, ni acueducto con agua potable". Tampoco carreteras ni un futuroestable.

Aunque en el Gobierno aseguran que son estos parajes remotos, feudos de las FARC, los que más ansían que culmine con éxito el proceso de paz, lo que opinan los interesados es bien distinto. "Para nosotros, el día que se firme la paz, no va a ser un día feliz sino de preocupación. Si las FARC se van, pueden llegar otros para mandar. Eso es lo que siempre hemos temido", comenta un campesino. Les angustia, ante todo, que bandas mafiosas como 'Los Rastrojos' o 'Los Urabeños', así como el ELN, estén planeando su ingreso.

Joven de Santo Domingo. S. H.-M.

"Aquí siempre han mandado las FARC, el Sexto Frente, que tienen gente de estos lados. ¿Qué tal que se vayan y nos dejen otros grupos?", se pregunta una mujer. "Es mejor lo malo conocido, antes se nos va a empeorar la situación si firman en Cuba".

No les tranquiliza que pueda llegar el Ejército más adelante para evitar que otras organizaciones ocupen el vacío de las FARC. Por la zona de Santo Domingo apenas ven soldados. "Si se van los guerrilleros y entra el Ejército, veremos cómo vienen. Toca ser neutral aunque lo mejor sería que no se quede ningún armado. Si nos dejan solos, estaremos mejor", dice otro vecino del caserío. "Pero no creo que las FARC se desmovilicen, son tan de armas, que no los veo enchaquetados. Ni creo que el Gobierno traiga inversión. Prometen y nunca cumplen, seguimos en lo mismo".

Aunque pequeño, olvidado y solitario, Santo Domingo tiene una gran importancia estratégica para las guerrillas por su posición geográfica. Encerrado entre montañas, a unos 20 minutos en moto de Tacueyó, corregimiento de Toribío, por una trocha, es unpasadizo perfecto desde el norte del Cauca hacia Tolima, Huila y el Valle del Cauca, por senderos y picos cubiertos de nubes.

Un autobús en un camino cerca de Santo Domingo. S. H.-M.

En agosto del 2014, el Ejército abatió a Miguel Ángel Cardona Paz, alias 'Burro', jefe del Sexto Frente, y Arley Media, alias 'Jaimito', tercero al mando en la estructura, en un campamento en la zona de Santo Domingo. Por sus cabezas ofrecían elevadas recompensas. Los combates entre la guerrilla y el Ejército obligaron durante días a muchos pobladores a permanecer encerrados en sus casas. Otras 20 familias, además de las que viven en el centro urbano, habitan fincas esparcidas por los montes.

En las últimas semanas, los lugareños han sostenido distintos encuentros con los guerrilleros que mandan en el área. Los convocan para transmitirles sus inquietudes acerca de las negociaciones de La Habana y de lo que pueden esperar de ellos. Uno de los puntos que les llaman la atención es que tildan al M-19 de traicionero cuando firmó su proceso de paz con el Gobierno de Virgilio Barco.

"Dicen que no cumplieron los objetivos que exigieron al dejar las armas. Unos, como Antonio Navarro, fueron beneficiados pero no luchadores de la causa. Por eso ellos van a seguir portando las armas, no las entregarán. Dicen que las van a dejar pero no entregar, sería el peor error que cometerían. Su compromiso será no dispararlas", indica un nativo.

Iglesia de Santo Domingo S. H.-M.

Dos días antes de mi llegada, uno de los comandantes explicó que "la paz no va a ser un hecho en Santo Domingo. Con este Gobierno habrá acuerdo, pero paz no hay. La paz la construimos los pueblos". Advirtieron que solo darán los fusiles si el Ejército hace lo mismo, y que antes de abandonar por completo las armas, tendrán que comprobar con sus propios ojos que la inversión social anunciada no es una quimera sino real. "A los mandos se les abre la posibilidad de hacer política y están logrando muchas cosas que querían, cosas individuales. Pero la tropa no, por eso se va. El Sexto Frente sigue", augura un labriego.

Pese a convivir con los subversivos por años, reiteran hasta el cansancio que no forman parte de las FARC y les molesta que los señalen de milicianos. "Nosotros somos estigmatizados no sólo por fuera del Cauca, sino dentro de las comunidades de la región. Nos consideran parte de la guerrilla. Una vez fuimos a jugar un partido de fútbol y decían: ahí viene el equipo de la guerrilla", se queja un labriego. "Nadie puede decir aquí que no se ha comido un plato de la guerrilla y que algunos familiares se fueron al monte, pero no somos de las FARC, sólo somos campesinos".

Algunos van más allá. "Ellos [las FARC] tienen que pedirnos perdón porque han asesinado a mucha gente inocente, a líderes indígenas", afirma en voz baja un aldeano. "Son varios los niños que fusilaron porque los acusaban de llevar información al Ejército. Otros se fueron con ellos de manera voluntaria, cogen esos caminos de armas, aunque eso no es. Y hoy hay muchachos que no se quieren salir", afirma. "No es que estemos satisfechos con ellos, pero tampoco con el Estado". Su sueño sería vivir solos, en paz, inmersos en su exuberante paisaje de verdes montañas y palmas de cera.

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