lunes, 23 de mayo de 2016

El 'Brexit' y la encrucijada europea

PHIL NOBLEREUTERS

UNIÓN EUROPEA Análisis

CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO  @garcia_abadillo


A un mes del referéndum británico, las espadas están en alto. Nadie sabe a ciencia cierta cuál será el resultado final.

En lo que sí hay consenso entre los gobiernos europeos es en afirmar que Europa se juega su futuro el próximo 23 de junio. La trascendencia del 'Brexit' no sólo viene dada por las implicaciones que tendría la salida de la Unión Europea de su segunda economía, sino porque esa decisión se produce en uno de los momentos más críticos por los que ha atravesado nunca la construcción europea.

Aunque el Gobierno británico está haciendo una campaña muy activa en favor de la continuidad en Europa, en la que está siendo apoyado por el Partido Laborista, los nacionalistas escoceses del SNP, las patronales y los sindicatos, el resultado es incierto. De hecho, las últimas encuestas dan una ligera ventaja a los partidarios del 'Brexit'.

Voces autorizadas del Partido Conservador, como el ex alcalde de Londres Boris Johnson y, por supuesto, el partido nacionalista UKIP, de Nigel Farage, están logrando un fuerte apoyo, fundamentalmente en Inglaterra, a favor de la salida de la UE, que presentan como un 'NO' a la burocracia y a la falta de democracia de las instituciones europeas y, a la vez, como una oportunidad para recuperar la gloria pérdida del Imperio británico.

Si ganan los partidarios de continuar en la Unión (aunque hay que recordar que elReino Unido no forma parte del euro y que está fuera de la disciplina del Banco Central Europeo), Europa habrá salvado un 'match ball'. Pero los problemas de fondo continuarán existiendo y exigirán tomar medidas de forma inmediata.

Si ganan los partidarios del 'Brexit', el proyecto europeo correrá un serio riesgo de parálisis. El euro sufrirá en los mercados y, lo más peligroso para Europa, es que ese revés significará un refuerzo para los partidos nacionalistas y euroescépticos, como el Frente Nacional, Alternativa por Alemania o el propio UKIP.

¿Por qué la construcción de Europa está en crisis?


Independientemente del referéndum británico, que puede actuar como catalizador del euroescepticismo, hay una decena de factores que han colocado a Europa en uno de los momentos más delicados de su convulsa historia.

1) La recesión económica

A partir de 2008, Europa vivió una durísima crisis financiera que llevó a aplicar estrictas políticas de ajuste y, al mismo tiempo, a implementar programas derescate para algunos países como Grecia, Portugal o Irlanda.

España, a su vez, tuvo que solicitar un paquete de ayuda financiera para sanear elsector bancario.

Esas políticas, impulsadas fundamentalmente por Alemania, provocaron el aumento del paro a corto plazo y supusieron duros recortes en el Estado del bienestar, uno de los pilares en los que se basa la construcción de Europa.

Por primera vez, el proyecto europeo no fue visto por una gran parte de los ciudadanos como la mejor fórmula para mejorar su nivel de vida, sino, muy al contrario, como una fuente de penurias por la exigencia de políticas de reducción del gasto público que ya no decidían sus parlamentos nacionales, sino que se ordenaban desde Bruselas.

2) Grecia

El país heleno se constituyó en un verdadero test para el proyecto europeo. Las duras condiciones impuestas por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) para conceder sucesivos rescates fueron el caldo de cultivo para el crecimiento y la victoria de Syriza en las elecciones que se llevaron a cabo en enero de 2015.

Europa se dividió ante el caso griego. Mientras unos países, como Francia, proponían unas políticas menos exigentes, Alemania impuso su criterio de que Grecia tenía que hacer sacrificios previos si quería recibir paquetes de ayuda financiera.

El caso griego fue tomado como bandera por los partidos de la izquierda de algunos países para hacer frente a un modelo de Europa. En España, Podemos se sumó a esa tesis y apoyó desde el principio a Alexis Tsipras.

Aunque el referéndum que se llevó a cabo el verano pasado significó un triunfo para las tesis contrarias a los ajustes, finalmente el Gobierno de coalición griego tuvo que aceptar las condiciones de la Troika, ya que, si no lo hacía, Grecia hubiera sido expulsada del euro y su economía se habría hundido. Esta semana, Tsipras ha tenido que impulsar la aprobación del recorte de las pensiones y subida del IVA para optar a un tercer rescate.

3) La amenaza terrorista

Los atentados de París de noviembre de 2015 supusieron un antes y un después en el debate sobre la seguridad europea.

Los gobiernos de la UE fueron conscientes de la debilidad de sus instituciones ante un reto como el que representa el terrorismo yihadista.

Miles de ciudadanos nacidos en Francia, Alemania o Bélgica, habían marchado a laguerra de Siria para enrolarse en las filas del Estado Islámico y, posteriormente, habían vuelto a sus ciudades de origen sin que los servicios de inteligencia y seguridad hubieran establecido un estricto control sobre ellos.

Los fallos de seguridad, tanto en los atentados de París como en los de Bruselas, han sacado a la luz la descoordinación de los servicios de inteligencia y de los distintos cuerpos de policía, además de la existencia de una amalgama de leyesque facilitan el movimiento y la ocultación de los terroristas.

Europa, de repente, ha dejado de ser un lugar seguro. Y eso también ha provocado una cierta desilusión sobre un proyecto que no está siendo capaz de garantizar una lucha eficaz contra el terrorismo internacional.

4) Refugiados

Como consecuencia de las guerras de Irak y Afganistán y, sobre todo, a raíz del conflicto de Siria, cientos de miles de personas decidieron emigrar hacia Europautilizando la permeable frontera de Grecia, tras pasar por Turquía.

La Unión Europea no supo ver la dimensión del problema y tardó meses en reaccionar ante la avalancha humana.

De nuevo, surgieron las divisiones. Alemania adoptó una activa política de asilo de refugiados, pero quiso que el resto de los países contribuyeran a acogerlos concuotas proporcionales a su tamaño y a su nivel de riqueza.

Los desacuerdos en la política a seguir llevaron a la suspensión del Tratado de Schengen, una de las bases de la Unión Europea.

El problema sigue abierto y ha sido solucionado con un parche, ofreciendo a Turquía un acuerdo para que haga de filtro ante la llegada de refugiados a cambio de 6.000 millones de euros, visado para sus ciudadanos y de la aceleración de las negociaciones de integración en la UE.

De nuevo, otra de las razones del éxito del proyecto quedaba reducida a papel mojado.

Europa ha dejado de ser, de hecho, un lugar de asilo.

5) Estados Unidos pivota hacia el Pacífico

Aunque Obama hizo en 2008, poco antes de asumir la Presidencia de EEUU, unencendido discurso en Alemania proclamando que quería ser el "mejor amigo de Europa", luego su política no ha tenido nada que ver con su promesa.

La irrupción de China como una superpotencia, ha hecho que las prioridades deEstados Unidos giren definitivamente hacia el Pacífico.

El foco de la política exterior de Estados Unidos nunca ha estado en Europa durante sus ocho años de mandato. Su viaje a Alemania e Inglaterra a finales de abril, para impulsar la firma del acuerdo de Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) y, de paso, para defender la permanencia británica en la UE, no sirve para compensar un abandono que ha tenido serias consecuencias.

Primero fue la retirada de Irak, luego la preocupación por frenar a China y finalmente, el acuerdo con Irán o el desbloqueo de las relaciones con Cuba.

Los europeos se han sentido abandonados y un tanto de humillados cuando conocieron a través de las filtraciones de WikiLeaks que los servicios secretos estadounidenses habían espiado a importantes mandatarios europeos, incluyendo a la poderosa Angela Merkel.

El giro hacia el Pacífico -que Obama anunció en 2012- ahonda la debilidad del proyecto europeo, que estaba sustentado en una relación privilegiada con EEUU a través de la OTAN.

6) La amenaza de Rusia

Una consecuencia directa de ese giro de EEUU ha sido el reforzamiento de laspolíticas imperialistas impulsadas por Putin.

La apuesta de Rusia por la división de Ucrania (con su lado Este bajo el paraguas de Moscú) y, sobre todo, la anexión de Crimea a principios de 2014, supuso la ruptura del 'statu quo' y ha puesto de manifiesto que Rusia es consciente de ladebilidad militar europea.

Ante la marcha atrás de Obama en la campaña de bombardeos sobre Siria para castigar al régimen de Asad por el uso de armas químicas y la inacción europea,Putin llenó ese vacío y el pasado otoño comenzó su intervención militar, que tiene por objetivo consolidar el régimen del dictador y aliado de Moscú.

7) El resurgir del nacionalismo

El desencanto y la crisis económica han tenido serias consecuencias políticas para Europa.

Un partido antisistema y euroescéptico como Syriza logró ganar las elecciones en Grecia el año pasado.

En Francia, el Frente Nacional se ha convertido en segunda fuerza, mientras queAlternativa por Alemania alcanza cotas próximas al 10% del electorado.

En las elecciones generales en Reino Unido en 2015, el UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido) logró el 12,6% de los votos.

En Polonia, el partido ultraconservador Ley y Justicia (presidido por Beata Szydlo, pero dirigido en la sombra por Jaroslaw Kaczynski) practica una política abiertamente antieuropea, a pesar de ser el país que, proporcionalmente, recibe más fondos de la UE.

En Hungría sucede otro tanto con el Gobierno de Viktor Orbán (y su ultranacionalista partido Fidesz), que ha llevado a cabo en los últimos años una auténtica contrarreforma democrática, hasta tal punto que, en estos momentos, su ingreso en la UE sería rechazado por no respetar las bases del Estado de derecho.

Son sólo algunos ejemplos de una tendencia peligrosa. Cada vez más ciudadanos reniegan del proyecto europeo y reclaman la devolución de la soberanía a los estados nacionales como una forma de protección ante la crisis y como fórmula para frenar la llegada masiva de extranjeros.

8) Falta de liderazgo

No se puede decir que Angela Merkel no haya impuesto su criterio al resto de jefes de Gobierno de la UE en estos últimos años. Merkel ha ejercido como líder europea, pero, a ojos de muchos, lo ha hecho poniendo por delante de los intereses de Europa, los intereses de Alemania.

Merkel ha abanderado políticas de ajuste en toda Europa y Alemania ha sido el país que mejor ha resistido durante los años de crisis.

La debilidad de Hollande le ha abonado el camino para ejercer en solitario un papel antes reservado al eje franco-alemán.

Las diferencias entre ambos líderes (Merkel y Hollande) han sido frecuentes y sobre temas relevantes, como, por ejemplo, el asunto de los refugiados o, más recientemente, sobre la firma de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión.

Esa supremacía alemana ha favorecido la demagogia de los euroescépticos, que han usado a Merkel como bandera para reclamar mayor soberanía nacional y poner freno a la construcción europea.

A diferencia de otro gran canciller alemán, Helmut Khol, a Merkel le ha faltado una estrategia política que situara a Alemania como un motor de la construcción europea, en lugar de aparecer como su principal beneficiario.

9) Diferencias respecto al Banco Central Europeo

Otro de los asuntos que ha enturbiado las relaciones entre los grandes países de la UE y que, por tanto, ha alimentado la idea de que las instituciones defienden intereses nacionales, es la política del BCE bajo la dirección de Mario Draghi.

Tanto el Bundesbank, como el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, han criticado la política de liquidez del BCE, que ha llevado los tipos de interés a niveles de casi el 0%.

Alemania cree que esa política sólo beneficia a los países del sur, mientras quecastiga a los ahorradores alemanes y del centro de Europa.

El matiz nacionalista de esas críticas se agudiza cuando se pone el acento en que esas políticas las está poniendo en práctica precisamente un presidente del BCE de nacionalidad italiana.

Esas disensiones no ayudan a dar credibilidad a las políticas del BCE, que tuvo unpapel fundamental en la solución a la crisis financiera entre 2009 y 2012.

10) Credibilidad del euro

La fortaleza de un proyecto político se basa en gran medida en la fortaleza de sudivisa.

Estados Unidos se apoya en el dólar, China en el renmimbi, Reino Unido en la libray una parte de la UE en el euro.

Ya el hecho de que Londres no forme parte del euro es una anomalía.

Pero, además, el riesgo de ruptura del proyecto, lo que estuvo a punto de pasar con la discusión sobre la salida de Grecia o la probabilidad que existe ahora de queReino Unido abandone la UE, suponen una inestabilidad política que no favorece a la divisa.

Nadie duda de que el dólar seguirá siendo durante mucho tiempo una divisa clavepara el comercio internacional. Sin embargo, existen dudas en los mercadosfinancieros de que el euro pueda consolidarse como una divisa alternativa o competidora de similar fortaleza.

La crisis económica, la falta de liderazgo, el aumento del euroescepticismo, etcétera, son factores que juegan en contra de la fortaleza del euro.
Posibles soluciones

Hace una semana, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Joschka Fischer, publicaba un artículo en diversos periódicos europeos en el que hablaba de la necesidad de recuperar el "alma de Europa".

En efecto, un proyecto político no es nada sin una idea de fondo que trascienda los planteamientos económicos.

Europa es algo más que un mercado único de 500 millones de personas. O, al menos, cuando nació tenía como fin la consolidación de una alianza de nacionesque debían actuar con unas mismas reglas de juego y sobre la base de unos principios.

Si nos olvidamos de los principios, el proyecto queda limitado a sus aspectos económicos y, entonces, cuando las cosas viene mal, el nacionalismo resurge como una respuesta egoísta: salvémonos nosotros primero.

La forma vergonzosa como se ha abordado el problema de los refugiados nos señala dónde está en esencia el problema de Europa.

El Papa Francisco, cuando recibió el Premio Carlomagno, dijo que Europa está"atrincherada". Tiene razón.

Los europeos, que formamos parte de la segunda zona más rica del mundo, detrás de Estados Unidos, no queremos perder nuestro nivel de vida. Es lógico. Pero un proyecto como el europeo no funciona construyendo muros, sino favoreciendo la integración.

Europa no es nada si no se convierte en el continente del humanismo y la democracia.

Es verdad que las grandes palabras por sí solas no sirven para nada.

Hace falta determinación para defender esos valores y, probablemente, haya que afrontar una realidad incómoda. Es cierto que algunos países no están dispuestos a avanzar en la unión política y mucho menos a defender la creación de un ejército europeo. Pero si no se ponen las bases de una Europa más sólida, el proyecto puede terminar colapsando.

Tal vez uno de los mayores errores cometidos por los dirigentes europeos fue querer ir demasiado deprisa integrando a un gran número de países.

Pero ahora hay que dar un paso adelante. Aunque algunos no quieren reconocerlo, ahora vuelve a estar sobre la mesa la discusión sobre la Europa de dos velocidades, como la única forma de evitar que la UE termine siendo un sueño inalcanzable.

Esa posibilidad, que será planteada por Francia después del referéndum británico, encierra graves peligros.

Es por ello que estamos ante una difícil e histórica encrucijada. En los próximos meses, se va a poner en juego el futuro de Europa.

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