viernes, 29 de julio de 2016

Hillary Clinton promete un “liderazgo firme” en un “momento decisivo”

La candidata presidencial Hillary Clinton y su esposo, el expresidente Bill Clinton. WIREIMAGE

La primera mujer que opta a la Casa Blanca acepta la nominación y alerta sobre sobre el peligro de Trump para EE UU


Por MARC BASSETS Filadelfia

Hillary Clinton
aceptó este jueves en Filadelfia la nominación del Partido Demócrata alertando de que las elecciones de noviembre representan “un momento decisivo” en la historia de Estados Unidos por la posibilidad de que el magnate republicano Donald Trump llegue a la Casa Blanca. La exsecretaria de Estado Clinton, primera mujer que opta a la Casa Blanca por un gran partido, prometió más empleo y salarios más altos, y se postuló como la presidenta que, en un mundo turbulento, ofrecerá un “liderazgo firme” en contraste con el temperamento de hombres como Trump, "movidos por el miedo y el orgullo".

Remitiéndose a los padres fundadores y al lema de la nación e pluribus unum (de muchos, uno), Clinton acusó a su rival republicano, Trump, de dividir a los norteamericanos y de dividir a EE UU y el resto del mundo. Comparó el momento actual con los momentos iniciales de la revolución americana que se vivieron en Filadelfia, cuna de la democracia de este país, cuando el futuro de los Estados Unidos de América era incierto. Y, como el presidente Barack Obama la noche anterior, lanzó un mensaje patriótico y optimista frente al catastrofismo de Trump, el hombre, dijo, que ha llevado al Partido Republicano del "amanecer en América" —eslogan electoral del icono republicano en 1984— a la "medianoche en América".

El discurso, pronunciado con el runrún de fondo de un grupo de personas que abucheando, clausuró la convención demócrata en Filadelfia y abrió una nueva fase en la campaña electoral. Tras la nominación de Donald Trump en la convención republicana en Cleveland, ambos partidos ya tienen oficialmente candidato. Es una campaña insólita. Enfrenta a la primera mujer que puede ser presidenta con uno de los candidatos con menos experiencia política y de gobierno en la historia de la primera potencia mundial.

Era la ocasión para Clinton de dirigirse a una audiencia televisiva millonaria. Se trataba de volver a presentarse a un país que la conoce muy bien, y desmentir la frase hecha según la cual “no hay una segunda oportunidad para dar una buena primera impresión”. No es fácil. Clinton lleva casi cuatro décadas en la política o en sus aledaños. Sus índices de impopularidad son elevados, solo superados, entre los principales políticos, por Trump. Y en las últimas semanas los republicanos la han sometido a un hostigamiento feroz que ha llegado al paroxismo con los cánticos, en Cleveland, de “a la cárcel, a la cárcel”.

Clinton, como los principales oradores en los cuatro días de kermés demócrata en Filadelfia, describió las presidenciales del 8 de noviembre como una elección existencial. De un lado, un candidato, Trump, que fomenta el enfrentamiento en el interior y aleja al país de sus tradiciones —demócrata y republicana— en la política exterior. Del otro, Clinton, que mantendrá la hegemonía global del país y trabajará para la cohesión social en casa.


El escenario de la convención demócrata. SAUL LOEB AFP

Los demócratas de Clinton plantean la campaña como un referéndum: Trump sí o no. En Filadelfia, la nominada dio pistas sobre su estrategia ante un candidato atípico al que ninguno de sus rivales republicanos en las primarias supo tomar la medida. No rehuirá el cuerpo a cuerpo. Se empleará en deconstruir la figura de Trump.

"¿Tiene Donald Trump el temperamento para ser comandante en jefe?", dijo. "Imaginadlo en el Despacho Oval enfrentándose a una crisis real". Y citó a Jackie Kennedy, que contaba que a su marido, el presidente John F. Kennedy, lo que más le preocupaba durante la crisis de los misiles de Cuba "no eran los grandes hombres con autocontrol y cautela, sino los pequeños hombres a los que les mueve el miedo y el orgullo".

En respuesta a la retórica apocalíptica de Trump, y evocando a Franklin Roosevelt, dijo: “No tenemos miedo. Estaremos a la altura del desafío, como siempre lo hemos estado”.

Déficit de confianza

Para Clinton, poco dada a las florituras retóricas y sin el carisma de su marido, el expresidente Bill Clinton, o del presidente Barack Obama, era importante ofrecer sus propuestas para contrastarlas con las vaguedades de Trump. El dominio que posee de los asuntos políticos y económicos se combina con un déficit de empatía y confianza, que varios oradores, entre ellos Bill el martes y su hija, Chelsea, en el discurso introductorio, intentaron colmar. Objetivo: humanizarla.

“Mi misión primera como presidenta será crear más oportunidades y buenos empleos con salarios mejores aquí en Estados Unidos”, dijo. “Especialmente en los lugares que, durante demasiado tiempo, han sido dejados de lado y atrás. Desde las ciudades a los pueblos, del país indio al país minero. De los pueblos destruidos por la adicción a las regiones vaciadas por el cierre de fábricas".

Es un mensaje preparado para gustar a los seguidores del senador Bernie Sanders, su rival derrotado en las elecciones primarias del Partido Demócrata. Y apela al votante arquetípico de Trump, el hombre de la clase trabajadora blanca golpeado por los vendavales de la globalización.

En política exterior, varios oradores en la convención —antes de ella, habló, en tono marcial y patriótico, el general retirado de los marines, John Allen— compararon su talante, experiencia y conocimiento para dirigir el ejército más poderoso del mundo, con la inexperiencia e imprevisibilidad de Trump. “De Bagdad a Kabul, de Niza a París y Bruselas, de San Bernardino a Orlando, afrontamos enemigos decididos que deben ser derrotados. No es extraño que la gente esté inquieta y busque alguien que la tranquilice, que busca un liderazgo firme", dijo Clinton.

Progresismo en la política interior y política exterior robusta: la tradición del Partido Demócrata de Roosevelt y Truman reviven con Hillary Clinton.

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