martes, 23 de agosto de 2016

La tensión con Rusia ahonda el debate en Finlandia y Suecia sobre su entrada en la OTAN

El ministro de Exteriores finlandés, Timo Soimi, y su homóloga sueca Margot Wallstrom, durante una rueda de prensa el 17 de agosto. TT NEWS AGENCY REUTERS

Ambos países dudan si asistir a una cumbre regional con Moscú sobre seguridad en el Báltico


La invitación de Rusia a celebrar en septiembre una cumbre de seguridad con Suecia, Finlandia y otros países del Báltico reabre un viejo debate en estos dos Estados. Ambos, que no pertenecen a la OTAN, se ven en la coyuntura de acercarse o no a Moscú, un vecino al que temen por su fortaleza y su imprevisibilidad, sobre todo desde que hace dos años se anexionara la península ucrania de Crimea. Rusia ha advertido de que una adhesión a la Alianza Atlántica de Estocolmo o Helsinki sería considerada como un gesto hostil.

La invitación, no extendida a Dinamarca y Alemania, abre de nuevo el debate en los dos países escandinavos sobre la connivencia de que, de una vez por todas, se integren en la OTAN. El ministro de Defensa sueco, Peter Hultqvist, dudó tras conocer la convocatoria rusa sobre la conveniencia de ir a una cumbre para discutir unos temas —la política de defensa, la seguridad aérea y el incremento militar en las fronteras— que ya se abordan en otros foros como la OSCE, la UE y la propia OTAN.

El abrazo de Moscú a unos vecinos a los que intenta desapegar de las políticas de seguridad occidentales pone de nuevo sobre la mesa un añejo debate en Suecia y Finlandia: ¿tiene sentido que pasen a formar parte de la OTAN y poner fin a un siglo de neutralidad?

“La invasión rusa en Ucrania es el cambio más grande en Europa desde la Guerra Fría”, dice René Nyberg, exembajador de Finlandia en Rusia. Romper el statuo quoen tiempos inciertos ha dividido profundamente a los dos países. Mientras que en Suecia hay prácticamente un empate entre defensores y contrarios a la unión a la alianza militar, en Finlandia todavía son mayoría los escépticos. El ministro de Defensa finés, Jussi Niinistö, sostiene que en el programa del Gobierno no se menciona un posible referéndum pero matiza que sí estará en la agenda política en un futuro “dada la división de opiniones en el país”.

Para Teija Tiilikainen, directora del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales, la adhesión “traería consecuencias” por parte de Rusia, explica al teléfono. Ella, junto a Nyberg y otros dos expertos en Seguridad y Defensa, elaboró un informe revelador sobre la conveniencia de formar parte de la Alianza militar. Conclusión: están bien como están. “La cooperación entre Finlandia y Suecia es buena, tenemos un sistema de Defensa que funciona y cooperamos con la OTAN habitualmente”, justifica Nyberg. Para él, la autosuficiencia militar que se ha conseguido en Finlandia y Suecia —a diferencia de los países bálticos o del este de Europa— es “suficiente” frente a Rusia. Por esto, Timo Soini, el ministro de exteriores finés, cree que es inapropiada la cumbre que pretende celebrar Moscú.

A pesar de que ahora las tensiones están en el este de Europa, Moscú no quita el ojo a este posible movimiento escandinavo. El presidente Vladimir Putin aprovechó una visita a Finlandia en junio para advertir de que una adhesión a la OTAN de estos dos países sería interpretado como un gesto hostil. Las palabras de Putin también calaron en Suecia, donde la celebración de un referéndum está sobre la mesa. El periódico Svenska Dagbladet publicó una encuesta que retrata un país casi partido por la mitad: en 41% estaba a favor de la adhesión, por un 39% en contra. Un 20% estaban indecisos. El partido en el poder, los socialdemócratas, no están por la labor de unirse a la OTAN.

“Hay un nuevo escenario en la región: la anexión ilegal de Crimea, la presencia de tropas rusas en Ucrania y el incremento de ejercicios militares. Se puede hablar de que ha empeorado la seguridad. Dicho esto, es demasiado pronto para hablar de una toma de decisiones, incluida la posibilidad de una consulta popular”, dice Hans Wallmark, portavoz de Defensa de los conservadores de Moderaterna, el partido mayoritario en la oposición.

EN CIFRAS

B. D. C / J. D. Q (MADRID)

Finlandia ha participado en tres operaciones militares con la OTAN desde 1956. En Kosovo, Bosnia y Afganistán.

Finlandia es el único país de la UE que tiene frontera con Rusia que no forma parte de la OTAN.

Suecia no tiene frontera directa con Rusia. Invierte en gastos militare el 1,1% de su PIB

Rusia, en cambio, tuvo un gasto en defensa del 5% de su PIB, el más alto desde que se disolvió la URSS según el Banco Mundial.


Después está la otra Suecia que no quiere abandonar su condición de no alineado. Kurdo Baksi, comentarista habitual de la actualidad en los medios suecos, considera que no hay ninguna necesidad de romper lo que llama “la libertad de alianza”. A su juicio ingresar en el club puede ser interpretado en Moscú como una ofensa. “Si no fuimos miembros durante la Guerra Fría, ¿por qué ahora? No veo señales de que vayan a invadir nuestro país. Lo contrario sí puede alterar a Putin”, se explaya.

Aunque la OTAN preferiría la incorporación de aliados plenamente convencidos, vería con buenos ojos sumar a estos países a la causa que, de facto, son los países no miembros de la Alianza que tienen la relación más estrecha, según explica un portavoz.

Mejor juntos


Pese a sus casi 1.340 kilómetros de frontera compartida, la tranquilidad que irradia Finlandia frente a Moscú no se debe a su gasto militar (1,3% del PIB en 2015 frente al 2,2% de Polonia, según el Banco Mundial) sino a su condición de neutralidad. Una característica que para Nyberg el país perdió en 1995 cuando, junto a Suecia y Austria, entró en la Unión Europea.

Tanto Suecia como Finlandia, al hablar de una hipotética adhesión a la OTAN, se han comprometido a hacerlo de manera conjunta, puesto que si Estocolmo o Helsinki se adhieren por su cuenta dejarían automáticamente al otro aislado.

La posibilidad de que sólo entrase Finlandia es menos probable aún que la entrada de tan solo Suecia. De esta forma Finlandia se quedaría con la condición moral de neutralidad —y física de país colchón— entre los dos bloques, con la preocupación añadida de mantener buenas relaciones a izquierda (donde se sitúan los aliados) y derecha (Rusia) generando un escenario parecido al de la Guerra Fría. El formar parte de la OTAN, por tanto, debería ser una cosa coordinada. “La política de seguridad sueca se decide en Estocolmo, la finesa en Helsinki. ¡Pero nunca en Moscú!”, finaliza Wallmark.

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