lunes, 15 de agosto de 2016

Zoilamérica Narváez, hijastra de Daniel Ortega: “Es doloroso ver una dictadura en Nicaragua”

Zoilamérica Narváez, hijastra de Daniel Ortega. A. MURILLO

La hija de la primera dama analiza la alianza presidencial entre sus padres

Por ÁLVARO MURILLO - San José (Costa Rica)

Zoilamérica Narváez Murillo (Managua, 1967) acababa de dar un taller para personas refugiadas en San José. Era sábado y acomodaba aún las ideas después de ver en las noticias todo lo que, aseguró, sabía que iba a ocurrir con su madre y su padrastro, la pareja presidencial que intentará en noviembre prolongar en Nicaragua el poder político y consolidar lo que ella califica sin miramientos como “una dictadura”.

“Aunque duela a tanta gente que ama en el mundo a la Nicaragua revolucionaria, hay que llamarle por su nombre; es una dictadura”, afirmó en entrevista con EL PAÍS Zoilamérica, conocida por su explosiva denuncia de 1998 sobre abuso sexual contra su padrastro, Daniel Ortega Saavedra, y desde entonces enemiga de su propia madre, Rosario Murillo.

Han sido días atribulados. Las noticias abundan desde Managua y también sus conversaciones privadas con conocidos en Nicaragua. Ellos, asegura, le cuentan desde los intestinos del FSLN o desde su periferia cómo Ortega va copando el poder en conjunto con su poderosa primera dama y actual candidata a la vicepresidencia para los comicios de noviembre. Ya no hay caretas ni poderes fácticos. Ahora se formaliza el “absolutismo”, como le llama esta socióloga que cumple ya tres años en su segundo exilio en Costa Rica, a donde llegó pensando que eran solo unos meses. El primero fue en su niñez, acompañada de su mamá y aquel hombre guerrillero a quien acusa de abusos sexuales continuados durante 11 años.

Narváez no se siente ahora sorprendida por la postulación de su madre en la fórmula presidencial. Le parece un acto consecuente con la necesidad de Daniel Ortega de rodearse de las mayores lealtades posibles para continuar con el proyecto político-económico en que ha querido convertir al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), a la revolución sandinista y a Nicaragua completa. Una transformación completa que, enfatiza ella, alcanza incluso al hábitat económico con una nueva clase de ricos, una pirámide de lealtades y complicidades en cuya parte alta ve a sus propios hermanos, la familia Ortega Murillo.

Pregunta. ¿Cómo explica la postulación de su madre en la fórmula presidencial con su padrastro?

Respuesta. Puedo reconocer ahora a esa persona que me ha amenazado. La que dijo que mientras yo no quitara esa mancha a Daniel [la denuncia por abusos sexuales], yo no iba a volver a tener el corazón de una madre, aunque yo nunca lo vi. Puedo reconocerla como la misma que me llamó el día en que deportaron a Carlos, mi pareja, el 28 de junio del 2013. La reconozco en sus impulsos y sus excesos y la necesidad de controlarlo todo.

¿Es ella la que gobierna?

Es fundamental no relevar de responsabilidades a Daniel Ortega. Su esposa lo encubre, lo protege y asume los costos políticos de las decisiones para las que él no tiene coraje. A ella le interesa ejercer el poder y a él no le interesa asumir las consecuencias.

¿Es todo tan calculado?

Hay dos pactos claves que le han permitido a Ortega construir su poder actual. Son pactos políticos. El que formó con Arnoldo Alemán [en el año 1998, el mismo en que Zoilamérica hizo públicas sus denuncias] y el que ha formado con su pareja. Ir a elecciones juntos sella un pacto político de complicidad y ejercicio de poder compartido.

"Es un gobierno mesiánico y para ellos es importante proyectarse como los dueños de Nicaragua"

¿Era necesario llegar a este punto? ¿Acaso hay algo que no pueda hacer Ortega con el vicepresidente actual Omar Hallesleven?

Ellos en este momento no pueden confiar absolutamente en nadie, porque ya hay síntomas de disidencia muy fuerte y descontento hasta en las fuerzas armadas. Si dan espacios a otros actores se erosiona esa imagen de absolutismo. Es un gobierno mesiánico y para ellos es importante proyectarse como los dueños de Nicaragua.

Tal vez a usted no le sorprenda esta inhabilitación de la oposición, el plan de Ortega de reelegirse o la inclusión de su mujer en la fórmula constitucional, pero la comunidad internacional sí está contrariada.

Lo que pasa es que Nicaragua fue un país muy amado en el mundo durante la revolución y después del triunfo de 1979. Por eso es difícil creer la deformación de esa revolución, por más señales de alerta que hubiera. Hay que seguir amando a Nicaragua, a la Nicaragua revolucionaria, que es muy distinta del orteguismo. En Nicaragua lo que hay es un poder político sostenido por un poder económico.

¿Lo dice por el apoyo de los grandes empresarios locales?

Sí, pero hay algo más grande. Ellos reestructuraron el poder económico y crearon nuevos ricos. Fue una reingeniería de políticas económicas, de corrupción y de contratos secretos. Se confirmó una clase económica cubierta por la familia Ortega y su partido. Comprar lealtades y hacer cómplices es la práctica del pacto político en Nicaragua. No hay forma de romper esos pactos políticos.

¿Cómo tan blindado?

Tras el capital de la familia gobernante hay muchos actos encubiertos. Ese sigilo solo lo hemos visto en sistemas absolutistas. No podemos tener idea de la cantidad de empresas en esa red impulsada por cooperación internacional [caso de Albanisa, con fondos de Venezuela]. Tienen una red de testaferros, de abogados locales e internacionales, sostenidos bajo un esquema de absoluto control militar, porque también Ortega ha politizado las fuerzas armadas.

Y el capital tradicional, ¿no?

Hay un grupo de empresarios que ha sido privilegiado y ese grupo avala al gobierno. Muchos violentan los derechos de los trabajadores con total pasividad del Gobierno. Es lamentable la posición del COSEP (Consejo Superior de la Empresa Privada en Nicaragua), que ha legitimado este sistema, contrario a como lo hizo en el somocismo.

¿Por qué?

Se compran lealtades y hacer cómplice es la práctica del pacto político en Nicaragua. Es una deformación del sistema. No hay forma de romper esos pactos políticos.

"Sucumbieron ante la tentación del poder y para ello desmantelaron la institucionalidad"

No se puede negar entonces la capacidad estratégica de Ortega y Murillo.

Esto es cultura militar más concentración del poder. No quiero atribuirles una gran estrategia.Sucumbieron ante la tentación del poder y para ello desmantelaron la institucionalidad.

Y convencieron a la Iglesia, a empresarios, a partidos opositores…

Es que esto es el somocismo, pero estilizado en sus formas. Lo más difícil es convencer a la comunidad internacional de que la existencia de elecciones no borra que hay una dictadura. En Nicaragua hay una dictadura. Sé que esto puede resultar doloroso para los que confiaron en la Nicaragua revolucionaria.

¿Qué salida ve usted?

Es complicado. Nicaragua enfrenta todos los síntomas de una persona abusada: el miedo, la intimidación y el horror de la impunidad. Hablo con gente que no sale en noticias, gente del FSLN y cargos importantes. No podemos condenar a todos los que están dentro. Hay que distinguir entre los oportunistas, los temerosos y los supervivientes. Probablemente yo pasé por uno de esos estados. Yo callé mucho tiempo por lo que yo creía que era la revolución. Pero Daniel Ortega no es la revolución.

Aún muchos lo creen así en Nicaragua.

Ya verás que la máscara empezará a caerse. Esta decisión [la postulación de Murillo] va a permitir alumbrar la situación de Nicaragua. Es un acto extremo y desesperado por concentrar el poder.

¿Decía usted que hay grupos armados para la resistencia?

Mira, yo no respaldaría una nueva salida armada en Nicaragua. Puede haber otras maneras aunque ahora parezcan imposibles. Sin embargo, las historia nos ha enseñado que la resistencia nicaragüense se formó de campesinos descontentos desde antes de que recibir financiamiento extranjero. Ha habido operativos armados que el gobierno califica de delincuenciales, pero generalmente estas personas tienen vínculos con grupos políticos de oposición. Sí creo que hay grupos que empiezan a tener asidero en las propias comunidades. Y grupos políticos que no son asumidos como opositores puede estar apoyando en los terrenos.

¿Y en la Policía o el Ejército?

Creo que en cualquier momento un jefe de la policía o del Ejército se va a levantar. El poder funciona como una sustancia que te hace cada vez ser más dependiente de él y te reduce tus capacidades. Ellos van a empezar a actuar peor, sobre todo hacia adentro, donde el respaldo hacia Rosario Murillo es mínimo, porque ella ha desconocido a todo el liderazgo histórico.

De nuevo, ¿lo está entendiendo la comunidad internacional?

Muchos líderes tienen esa sensación de soledad, de que no hay apoyo para salvar los pedazos de Nicaragua que nos están dejando. Es importante sentirnos acompañados por más conciencia internacional.

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