lunes, 26 de septiembre de 2016

El misterio de Bachelet

Desde todos lados le exigen a la presidenta que tome decisiones que hagan mejorar la gestión de su gobierno para que enmiende el rumbo perdido. Sin embargo, ella coloca la pausa, sin tolerar presiones. La mandataria, pese a todo, aún mantiene esperanza de que el proceso reformista sea reconocido con el paso de los años.

Por Víctor Hugo Moreno


Martes 13 de septiembre. Mediodía. Palacio de La Moneda. Un grupo de estudiantes secundarios inicia el recorrido de uno de los tradicionales tours históricos en el Patio de los Naranjos de la casa de gobierno. Los adolescentes, lápices y cuadernos en mano, comienzan a tomar apuntes registrando las primeras impresiones de la visita. El guía les explica —ante una inquietud expuesta por uno de los alumnos— qué está haciendo a esa hora la presidenta Michelle Bachelet: “La presidenta, en el marco de sus reformas, está ahora reunida con un grupo de empresarios para ver las reformas a las pensiones que está preparando el gobierno”, fue la respuesta del guía.

Y es que pese a los cuestionamientos provenientes de varios sectores políticos, la mandataria tiene decidido continuar con su plan. Poco le importan las presiones por un cambio de gabinete, y ha insistido enque ya no le duele el 15% de aprobación obtenido en la última encuesta CEP, señalan sus cercanos. En cambio, Bachelet se mantiene en su cápsula reformista, mirando de lejos los reproches de la Nueva Mayoría. De hecho, los presidentes de los siete partidos aún esperan una audiencia, solicitada hace semanas con la mandataria. Y, al parecer, deberán seguir en espera, pues aún no está en la agenda de la mandataria recibirlos.

Contra viento y marea, el único norte que mantiene en pie a la mandataria es dejar a modo de legado histórico las reformas estructurales que propuso al país tras regresar de Nueva York en 2013 para convertirse en candidata de lo que ella inauguró como la Nueva Mayoría. Sin mayor diseño estratégico ni político ni comunicacional — como comentan varios inquilinos en Palacio— ,Bachelet está convencida de que cuando esas reformas toquen la puerta del ciudadano común su imagen y aprobación subirán. No a los niveles de su anterior mandato, pero subirán. Esa continúa siendo la esperanza de sus asesores más cercanos.

En el gobierno saben que no será tarea fácil y existe —a estas alturas y a 18 meses de una nueva ceremonia de traspaso de la banda presidencial— un cierto ánimo de resignación de que ya no es mucho más lo que se puede hacer para recuperar el beneplácito de la opinión pública. Ya se tocó fondo, comenta una fuente de Palacio. La presidenta lo sabe y está plenamente consciente de ello, agrega, pero, pese a ese escollo ella seguirá buscando seducir a la ciudadanía bajo la lógica de que los cambios y las reformas modificarán la vida de los chilenos.

“NO POR NADA”


Analistas, parlamentarios y asesores presidenciales coinciden en que este gobierno ya llegó a su fin. El ánimo en La Moneda se grafica en que algunos viven el día a día bajo la única motivación de terminar “la pega” lo más dignamente posible. Mucho se habla de que, en ese ambiente, la presidenta estaría aislada bajo un estado de ánimo decaído. Mientras fuentes de diversos ministerios hablan de “decadencia y desorden” que muchos atribuyen a la carencia de un liderazgo a todo nivel, en el círculo más cercano a la jefa de Estado explican que ella sigue convencida de que la obra que se está llevando a cabo bajo su mandato pasará, en algún momento, a escribirse en los libros de historia con otro cariz. Y por ello está, con más energía que nunca, trabajando sin desviar su atención para alcanzar ese ambicioso objetivo.

Quienes la conocen comentan que ella sabía muy bien desde un primer minuto que las reformas que iba a proponer serían complejas y difíciles de concretar. Pero al momento de dar el paso hacia su segunda aventura presidencial tenía una cerrada convicción: había que iniciar este proceso de cambios que ningún otro presidente de la extinta Concertación había querido hacer. Y el proceso no ha sido fácil, con sendas divisiones al interior del conglomerado que la eligió y con un distanciamiento cada vez mayor entre los partidos y ella.

Bachelet entiende el poder de una manera clara: ella es la figura presidencial, y a esa figura se la respeta. Por lo mismo, no tiene por qué recibir a todos los partidos cada vez que se lo pidan. Incluso más: un funcionario de Palacio dice que mientras más le insista, menos lo hará. Ello, a raíz de la última avalancha de críticas emanadas desde la Nueva Mayoría y que se resumieron en el reflote de los cuestionamientos hacia la mala gestión política de La Moneda y que desembocaron en que el 23 de agosto, en el comité político que reúne a los jefes de partidos con los ministros del área, se le pidiera —por intermedio del ministro del Interior, Mario Fernández— que la jefa de Estado los recibiera para abordar los magros resultados en las encuestas.

Desde Palacio confirman que ya hubo un análisis respecto a las encuestas, pero que ello queda al interior del trabajo de cada ministerio y de la propia Bachelet. Y, en ese plano, lo único que queda por hacer es seguir proyectando el legado del gobierno, más allá de lo que la misma Nueva Mayoría piense.

Bajo esa lógica, en varias de sus últimas intervenciones públicas la presidenta ha mencionado una sencilla pero profunda frase: “No por nada”. La última vez fue el lunes pasado en las dependencias de la empresa Cintac, en Maipú, al inaugurar la mayor planta de energía solar del país. Allí, ante empresarios del sector y trabajadores de la empresa dijo: “No por nada ocupamos el cuarto lugar a nivel mundial en el Ranking de atractivo para invertir en Energías Renovables. No por nada, el 52% de la energía adjudicada en la última licitación, proviene de energías renovables”, recalcó. La frase emitida para un tema específico es una reiteración de ideas que ha intentado plasmar en los últimos meses. Ya llegó la hora de mostrar y resaltar los avances, explican desde Palacio, haciendo oídos sordos a lo que la gran mayoría del oficialismo crítica.

SIN MIEDO A LAS PAUTAS MASIVAS

En medio de la fría relación con sus partidos amigos, Bachelet intenta hacer de su trabajo una rutina normal. Se levanta todos los días a las 5: 30 AM para estudiar sus discursos y revisar los informes de prensa que le prepara la Secom. Desde allí, empieza a coordinar sus actividades, ya sean las pautas públicas o las audiencias privadas. Ella decide a dónde va a ir de acuerdo a lo que estime son sus prioridades. Varios cercanos afirman que siempre está buscando hacer pautas ciudadanas para estar cerca de la gente. Esa cercanía con la ciudadanía fue una de las mayores fortalezas que la llevaron a ser la primera presidenta de Chile.

En ese espacio Bachelet se siente cómoda. Es su terreno. Y, en este segundo mandato, pese a mantener una mayor distancia con menos espacio para dejarse ver en público, de igual modo busca las oportunidades para participar en pautas masivas, sin miedo a las pifias o los posibles insultos que puedan emanar de la gente.

Es miércoles, y mientras los primeros rayos de sol se dejan caer por la Vega Central, la actividad del mercado capitalino se nota intensa en los días previos a las Fiestas Patrias. Los trabajadores en medio del ajetreo, sacando de los camiones bandejas de verduras y frutas murmuran bajo un solo sonido que se deja escuchar por cada pasillo del mercado: “Por ahí anda la Bachelet”.

Entre la multitud de vendedores y clientes se levantó un punto de prensa para presentar un recetario saludable. Bajo un abultado contingente de seguridad, algo mayor que de costumbre, la jefa de Estado trataba de, por unos minutos, despojarse del aislamiento, para colocarse un delantal blanco y preparar el clásico mote con huesillo, pero sin azúcar para que cumpliese con la consigna de saludable. Con un semblante de tranquilidad y con una sonrisa en su rostro se dio tiempo hasta de cantarle el “cumpleaños feliz” a un locatario. Tras ello, comenzó a caminar por el interior de la Vega, siempre bajo la atenta y recelosa mirada de un completo staff de guardias, tanto de su escolta personal como de los propios efectivos con los que cuenta el recinto. Bachelet se detenía en cada puesto para, con su particular gesto de cabeza inclinada, saludar a las personas. Por supuesto todos querían una foto, pero sin espacio para la selfie, pues los mismos efectivos de seguridad tomaban la cámara para plasmar el momento. Todo era normal, incluso hasta en el rostro de sus asesores se dejaba escapar un tibio, pero relajante semblante de alegría, e incluso hasta de emoción. El escenario parecía una copia perfecta de aquellos nostálgicos días de campaña, donde Bachelet era intocable. Para los momentos actuales, la escena de esa mañana era más bien algo semejante a un recreo, pues devuelta ya debía abordar el auto presidencial para emprender rumbo a su lugar de trabajo. Entrar a su oficina presidencial y continuar tomando las decisiones con algo ya más parecido a la soledad.

LA AGENDA PRIVADA DE BACHELET


Cada vez que la presidenta tiene una baja actividad en sus pautas, el rumor de cambio de gabinete crece al interior de la prensa de Palacio. La misma prensa que se agrupa en la “Copucha” hace tiempo, en su gran mayoría, dejó de cubrir las pautas presidenciales al percatarse que poca información se podía extraer ante la negativa de la mandataria por contestar preguntas. En la prensa más política de La Moneda ya se perdió el interés, excepto cuando en su agenda justamente no hay actividades. ¿En qué está la presidenta en esos espacios ventanas?

Con el ministro del Interior, Mario Fernández, Bachelet conversa diariamente, pues se conocen de los tiempos de cuando “el Peta” era asesor en Defensa y Bachelet, ministra. Comparten los mismos códigos y, pese a diferencias religiosas y de creencias, se adaptan el uno al otro.

El lunes, por ejemplo, la única actividad programada fue la de la empresa Cintac. De ahí en adelante, todo un misterio. Por algunas redes sociales y despachos radiales de mediodía se aludía a lo que significaba ese vacío en la agenda de la mandataria, y se volvió a especular con un cambio de gabinete. Ese día, confirman altas fuentes consultadas, Bachelet estuvo abocada a otra cosa: preparar parte del viaje que comenzará este 19 de septiembre a Estados Unidos y al presupuesto.

En la primera materia, la jefa de Estado fue invitada por el Banco Mundial a participar de un foro sobre la educación como fuente del desarrollo que se llevará a cabo en Washington y que contará con expertos de diversos países. El formato del encuentro es de reunión de trabajo a puerta cerrada, en la cual Bachelet deberá exponer la experiencia chilena en la reforma educacional. Por ello, comentan en la sede de gobierno, debe estudiar y prepararse, pues es un encuentro complejo.

Pero lo segundo es lo que más ha mantenido ocupados tanto a la mandataria como a gran parte del gabinete. En las últimas dos semanas las reuniones con el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, y con Fernández se han intensificado, efectuándose encuentros prácticamente todos los días, pues la discusión del presupuesto 2018 se viene muy complicada, advierten en el Ejecutivo. Es un año electoral y todos los parlamentarios quieren doblar los aportes fiscales para sus regiones. Un dolor más de cabeza que debe enfrentar La Moneda en esta tensa y compleja relación con los partidos. Pero Bachelet ya dio un mandato: las prioridades son seguridad pública, educación y salud. En el Ejecutivo cuentan que aún está lejos de que se logre un acuerdo con la Nueva Mayoría y eso sí le preocupa a Bachelet.

LOS PROBLEMAS DE RELATO


Uno más de los tantos problemas detectados tanto por la oposición como por la misma Nueva Mayoría es el de gestión. No hay relato, acusan varios presidentes de partido. “El gobierno tiene que mejorar la gestión, la coordinación política, poner una hoja de ruta que vaya en sintonía con lo que los chilenos nos están demandando”, dijo el presidente del Partido Radical, Ernesto Velasco, el lunes tras el comité político, en donde se volvió a insistir en la necesidad de apresurar un ajuste ministerial.

El desorden estructural con el que está actuando el gobierno, creen en el bloque oficialista, pasa porque la presidenta ejerza más liderazgo. Sin embargo, más que soluciones, son complicaciones las que aparecen día tras día en Palacio. Y una de estas ocurrió este martes con la salida del director se la Secretaría de Comunicaciones (Secom) Germán Berger. Su mala relación con el ministro Marcelo Diaz fue la principal razón, pero otra apunta a este ánimo de desidia o de fin de gobierno con el que se está trabajando en La Moneda reflejado en la carencia de un plan estratégico.

Berger es reconocido por su capacidad en materia audiovisual, pero por su poco dominio de comunicaciones estratégicas y su escasa sapiencia política. Esta carencia tuvo su punto cúlmine tras los resultados de la CEP. Dentro del equipo de comunicaciones del gobierno se extrañó alguna gestión de crisis. Todo seguía igual, explica un funcionario del Ejecutivo, sin un rumbo fijo, salvo que había que seguir explicando de mejor modo el proceso reformista, siguiendo la lógica bacheletista del legado histórico.

Bachelet deberá tomar una decisión en torno a quién liderará el equipo comunicacional para lo que le resta de mandato. Y en este plano hay visiones encontradas: hay quienes estiman que aún es tiempo de enmendar el rumbo, mientras que otros ya creen que es tarde para hacer algo.

CUESTIÓN DE ESTILO


En medio de un ambiente tenso, esta semana, la nominación de Lorena Fries como nueva subsecretaria de Derechos Humanos causó más molestia al interior de la Nueva Mayoría porque nuevamente sintieron que en decisiones importantes no eran tomados en cuenta. Los más críticos resaltan que el problema está justamente en el hermetismo con que la mandataria toma sus decisiones. Esa soledad del poder es comentario reiterado tanto en los pasillos del Congreso como en la misma casa presidencial. En su entorno desmienten esta teoría.

Gran parte de los esfuerzos de Bachelet por insistir en su estrategia de las reformas tuvo un balón de oxígeno con la proclamación anticipada de Lagos, quien hizo un sutil guiño a la mandataria al expresar —en su declaración— que se debía continuar con el proceso de cambios que estaba viviendo el país.

Fuentes consultadas coinciden en que la mandataria se rodea de poca gente, pues sólo confía en un puñado de personas, pero tampoco es presa de un claustro permanente. Al menos con los ministros tiene línea abierta, y sobre todo ahora con su jefe de gabinete: “el Peta”. Ya para nadie es un misterio que la comunicación con el anterior ex ministro Jorge Burgosn era nula. Ahora con Fernández la cosa cambió. Con el ministro conversan diariamente, pues se conocen hace años de los tiempos de cuando Fernández era asesor en Defensa y Bachelet ministra. Comparten los mismos códigos y, pese a las diferencias religiosas y de creencias, se adaptan el uno al otro. Sin embargo, la pregunta que surge en la Nueva Mayoría es hasta dónde la voz de Fernández está siendo realmente tomada en cuenta por la presidenta. Eso también es parte del misterio.

Otro de los temas que todavía aguarda una decisión presidencial es el cierre del Penal Punta Peuco. El lunes en la reunión del comité político se le pidió al gobierno una determinación, sin obtener una respuesta concreta por parte de La Moneda, que no aclaró cuáles son los motivos por los que el recinto se mantiene abierto. La ministra de Justicia, Javiera Blanco, fue clara al explicar que la palabra final la tiene la presidenta. Nadie sabe exactamente qué es lo que piensa al respecto y cuál será el futuro del controvertido recinto carcelario.

LA INSISTENCIA DE BACHELET


Gran parte de los esfuerzos de Bachelet por insistir en su estrategia de las reformas tuvo un balón de oxigeno con la proclamación anticipada de Ricardo Lagos, quien hizo un sutil guiño a la mandataria al expresar —en su comunicado— que se debía continuar con el proceso de cambios que estaba viviendo el país. Ese día la prensa de La Moneda sí se interesó por seguir a la presidenta a sus cuatro actividades programadas en búsqueda de alguna reacción. Hasta que llegó. Bachelet hizo un alto en el camino y a la entrada del patio de los cañones dijo que “es muy bueno que haya hombres serios que quieran ser candidatos”.

La jefa de Estado, contra la oposición de todos y desde su escritorio presidencial, no escatimará esfuerzos en su afán reformista. Es lo único que le queda. El resto ya pasó o puede esperar. Puede quedar en pausa. Así, Bachelet en algunas de sus últimas intervenciones ha emitido ideas como: “Es muy emocionante ver cómo los beneficios de los programas que estamos llevando adelante en el Gobierno pueden cambiarles la vida a los niños (26 de julio); “Estamos resolviendo necesidades de salud que por largo tiempo estaban pendientes (2 de septiembre). Son sólo algunos ejemplos. También intentará trabajar una agenda renovada en sus salidas a regiones, en donde se reforzarán los comités económicos, con el fin de abordar programas de inversiones.

Todo parece un último esfuerzo, en medio de la espera de gran parte del mundo político para que tome decisiones importantes que hagan cambiar el rumbo a lo que le queda de gobierno. La presidenta mantiene esa sensación de suspenso. Maneja sus tiempos y no tolera imposiciones. Para muchos se está quedando sola y sin ideas renovadoras que la mantienen estancada en su actuar sin capacidad de reacción; pero para ella todo gira en torno a una relativa normalidad enfocada en su legado y reconocimiento a largo plazo, y con la convicción de que los cambios que propuso, mal o bien hechos, eran necesarios. Para la presidenta cada día de trabajo sigue siendo un día normal.

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