jueves, 22 de septiembre de 2016

La frustrada renovación política de Chile

De izquierda a derecha, Eduardo Frei, Michele Bachelet, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, en 2015.CITIZENSIDE

Salvo la generación de dirigentes estudiantiles de 2011, los líderes chilenos son los mismos de la transición

Por ROCÍO MONTES - Santiago de Chile

Las principales figuras que protagonizaron la transición chilena desde la llegada de la democracia en 1990 siguen siendo los líderes de la política nacional 26 años más tarde. Aunque con un 62% de indecisos con miras a las presidenciales de 2017, el escenario está totalmente abierto, y dos de los posibles competidores son expresidentes de la República: el socialista Ricardo Lagos (2000-2006) y el empresario de derecha Sebastián Piñera (2010-2014). Después de la ebullición social de 2011, que fue leída como una demanda por una nueva forma de hacer política, una de las cuestiones de fondo que se discute actualmente en Chile son las razones del frustrado proceso de renovación.

Pablo Ortúzar, director de Investigación del Instituto de Estudios de la Sociedad, IES, afirma que el recambio generacional “es un proceso reflexivo mediante el cual las distintas tradiciones políticas se adaptan y procesan las nuevas complejidades del mundo, ofreciendo cursos de acción a la ciudadanía”. Desde ese punto de vista, indica el antropólogo, Chile tiene un problema con su falta de renovación: “Significa que la política pierde capacidad reflexiva, lo que está en el origen de las crisis de legitimidad”.

La crisis de desconfianza ha sido un fenómeno en aumento que ha tocado a todos los sectores. Aunque es un proceso que comenzó a expresarse entre los ciudadanos en 2011, los sucesivos escándalos de corrupción de los últimos años no han contribuido a disminuir el malestar de los chilenos hacia sus dirigentes. De acuerdo a la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), un 57% no se siente representado por ninguna corriente y a diferencia de hace apenas algunos años, no existe ni un político que supere el 44% de respaldo. El desprestigio ha llegado a la Presidencia. La mandataria Michelle Bachelet, que ganó con un 62% en enero de 2014, actualmente tiene un 15% de apoyo.

Un 57% de los chilenos no se siente representado por ninguna corriente y no existe ni un político que supere el 44% de respaldo

El periodista Alejandro Guillier, un senador cercano al Partido Radical, encabeza la lista de mejor valorados. En un país donde las encuestas tienen un valor fundamental para las decisiones, se ha convertido en el candidato presidencial con mayores posibilidades del oficialismo, incluso sobre Lagos, aunque poco y nada se conoce sobre su discurso. Guillier, sobre todo, es una figura pública que ganó notoriedad en la televisión de los 2000, cuando las audiencias eran masivas. Pero no proviene de la política —lo que parece ser uno de sus principales atractivos—, por lo que es percibido como un rostro nuevo, aunque tiene 63 años.

Tras las manifestaciones estudiantiles de 2011, emergió una generación de dirigentes universitarios que, en las siguientes elecciones, llegó al Parlamento. Ese grupo no supera los 30 años y parece haber llegado a ocupar el espacio que no llenaron varias generaciones —los que fueron jóvenes en los 80, 90 y 2000—, que hasta ahora no han alcanzado a despegar del todo en la política chilena. “Esta nueva generación se formó dando la pelea en las calles y no solamente en reuniones de café o en las comunidades de los ministerios, lo que la hacer ser más crítica y rebelde”, señala el diputado Gabriel Boric, independiente y de izquierdas, de 30 años, que se ubica en el tercer lugar de los políticos mejor valorados de la escena chilena.

Baja popularidad

Probablemente la única excepción fue Marco Enríquez-Ominami, que en 2009, a los 36 años, renunció al Partido Socialista y lanzó una candidatura presidencial que alcanzó el tercer lugar con un 20%. Después de un nuevo intento en las elecciones de 2013, en 2017 intentará nuevamente llegar a La Moneda, aunque ahora con su popularidad desinflada a causa de diversos escándalos ligados al financiamiento de sus campañas.

Claudia Sanhueza, del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Diego Portales (UDP), señala que el problema de la renovación en Chile se ha convertido en un círculo vicioso. Según un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la élite política está desalineada de las preferencias sociales y, por el contrario, se halla cerca de las preferencias de la élite económica. “En un país con alta desigualdad esto implica que unos pocos tienen mayor influencia sobre las políticas y leyes que se diseñan”, señala la académica. “Y como en las expectativas de participación política en el futuro de la ciudadanía influye la identificación que existe con los dirigentes, finalmente no existe renovación”.

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