lunes, 12 de septiembre de 2016

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La abogada Carmen Hertz SEBASTIÁN UTRERAS

La Justicia chilena identifica 43 años después nuevos restos del esposo de la abogada pro derechos humanos Carmen Hertz


Por ROCÍO MONTES - Santiago de Chile


Carmen Hertz, una de las abogadas de derechos humanos más importantes de Chile, sigue viviendo una pesadilla que dura ya 43 años. La Justicia de su país acaba de identificar nuevos restos de su marido, asesinado por el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990). Aunque hace tres años ella y su hijo organizaron un funeral cuando lograron identificar los primeros restos de Carlos Berger —partes de su cráneo—, ahora el magistrado encargado del caso acaba de comunicarle el hallazgo de partes de la mandíbula, las cervicales y lumbares y el metatarso.

El mal sueño se niega a finalizar. El 19 de octubre de 1973, una comitiva de militares del régimen de Augusto Pinochet asesinó a Berger, y a otras 26 personas en la ciudad de Calama (norte de Chile). Entonces, Hertz tenía 27 años y un niño de 11 meses. Pese a los esfuerzos, y aunque le dieron un certificado fraudulento de ejecución, nunca pudo recuperar el cuerpo.

Recién llegada la democracia, en 1992, los familiares de las víctimas hallaron una fosa clandestina con algunos restos humanos en pleno desierto de Atacama (norte de Chile) y los forenses comprobaron la identidad de 13 de los fusilados. Pero en el grupo no encontraron vestigios de Berger. Los huesos que no fueron identificados quedaron en un memorial, hasta que a finales de la década de los noventa fueron trasladados al Servicio Médico Legal de la capital chilena, donde permanecieron una década.

Ningún resto de Berger apareció hasta 40 años después del golpe de Estado del 11 de septiembre 1973

Ningún resto de Berger fue identificado hasta 40 años después del golpe de Estado del 11 de septiembre 1973. En 2013 su viuda recibió la llamada del magistrado Mario Carroza, que investigaba la llamada Caravana de la Muerte —la comitiva de militares que recorrió Chile en un helicóptero Puma para matar a opositores— y tras lentos y complejos análisis en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), donde está uno de los laboratorios más modernos del mundo en el estudio de osamentas, se confirmó su correspondencia con el asesinado. Se trataba, fundamentalmente, de trozos de su cráneo. Carmen Hertz y su hijo Germán organizaron un funeral multitudinario y simbólico en el cementerio general de Santiago, al que acudieron cientos de víctimas y dirigentes y simpatizantes de la izquierda.

Aunque nunca se ha detenido en la búsqueda de justicia, la abogada pensaba que estaba cerrando un capítulo emocional. “Pero los restos han tenido una trayectoria surrealista”, reflexiona en su piso del barrio de Providencia. Nunca imaginó que hace unos días recibiría la llamada del juez Carroza para informarle que se habían identificado nuevos restos de Berger. La abogada y su familia han visto así reabrirse la herida justo cuando se conmemora el 43º aniversario del golpe de Estado de Pinochet. “Es una pesadilla violenta que da cuenta de la brutalidad del exterminio y el método que se utilizó. No solo masacrar personas, sino enterrarlas en fosas clandestinas para que no se sepa más de ellas. Luego, remover los cuerpos y tirarlos al mar. Tratar de borrarlos de la faz de la Tierra. Estos fragmentos de restos, te están dando la identificación 43 años después. Y todavía no hay una sentencia condenatoria por los crímenes”.

Desde el asesinato de su marido, Hertz dedicó su vida a los derechos humanos. Luego de exiliarse en Argentina y Venezuela, en 1977 regresó a Chile y se incorporó a la Vicaría de la Solidaridad, el organismo de la Iglesia que durante la dictadura amparó a las víctimas, encabezó la búsqueda de justicia cuando los tribunales estaban paralizados y colaboró en la reparación del tejido social quebrado en 1973. Pero las tragedias personales no acabaron con la muerte de Carlos Berger: todavía llenos de dolor por la pérdida del mayor de sus hijos, sus padres se quitaron la vida. Primero él, en 1982; después ella, en 1987. Y menos de dos años antes del final del régimen de Pinochet, en 1988, los aparatos represivos llegaron hasta la casa de Hertz y degollaron a la asistenta. Sofía Yáñez tenía 21 años y un embarazo de dos meses. Nuevamente, ella tuvo que salir de Chile con su hijo.

La Justicia ha procesado a unos 1.000 agentes que actuaron en los crímenes del régimen. Cerca de 300 han sido condenados, pero solo 90 cumplen penas de cárcel efectiva en el cuartel de Punta Peuco, especialmente creado para este tipo de casos. La causa de Calama —que permitió el desafuero de Pinochet, cuando regresó a Chile tras el intento de extradición a España del juez Baltazar Garzón—, ha estado a cargo de diferentes magistrados en las últimas décadas. Hasta la fecha se han procesado como autores a cuatro miembros de la comitiva que asesinó a Berger, pero no hay ningún condenado. El juez Carroza espera dictar sentencia en breve.

“En Chile el camino de la verdadera justicia ha sido muy largo y lleno de obstáculos. ¿Por qué seguimos luchando? No es por majadería ni porque queramos quedarnos en el pasado. Si las sociedades que han sufrido prácticas genocidas no hacen justicia, no tienen memoria. La memoria se nutre de la justicia”, apunta Hertz. A diferencia del funeral de hace tres años, el 19 de octubre la familia reabrirá el pequeño nicho del memorial de los detenidos desaparecidos en el que descansan los restos de Berger y depositará sus osamentas en una ceremonia privada. Hoy, él tendría 73 años, un hijo de 43 y tres pequeñas nietas chileno-españolas.

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