sábado, 1 de octubre de 2016

Gabriel Salazar opina sobre el libro de Lagos: “Tiene puros lugares comunes de viejo que se cree sabio”

Y dice que “si Guillier gobierna con la clase política, hará poco o nada”

En entrevista con El Mostrador, el historiador, que señaló que votaría por el senador independiente en una eventual elección presidencial, aclara que “para gobernar tendría que hacerlo con la clase política, lo cual significa transar y llegar a la política de negociaciones o de reformas que terminan siendo suavizadas". Y señala que en el texto del ex Presidente, que se presentó el jueves en el Congreso Nacional, no hay ninguna propuesta que tenga sentido histórico profundo.

Por MATÍAS RIVAS A. (elmostrador.cl)

A comienzos de esta semana, el profesor de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Historia manifestó que el actual senador por Antofagasta representa un peligro electoral para la clase política de centro izquierda, incluso la de centro derecha. Además, puntualizó que “entre todos los candidatos, es lo mejor que hay”.

Pero esas declaraciones, según él, “fueron fruto de una pregunta periodística hecha muy al paso”.

¿Mantiene su decisión de votar por Guillier?

A ver, cuando me preguntaron por quién votaría, dije que en caso de votar, lo haría por él, porque tiene la apariencia de ser el candidato menos contaminado de todos los políticos que están actualmente en cartelera. Pero insisto: no está contaminado aún. Eso lo puede hacer distinto al resto, que ya están gastados y viejos.

¿Qué tan distinto?

Bueno, él trata de apartarse, un poco, de la línea central de acción de la clase política, y es más o menos simpatizante de los movimientos sociales del 2011. Pero otra cosa es qué puede hacer él como político, como senador o candidato. Y la respuesta es: poco o nada. Porque, en definitiva, aunque tuviera muy alta votación, para gobernar tendría que hacerlo con la clase política, y eso significa transar a derecha e izquierda y llegar a la política de acuerdos que luego desembocan en reformas que terminan siendo suavizadas por dichas negociaciones. Distinto sería que él de un salto y diga que va a gobernar con el movimiento ciudadano organizado. Pero no creo que esté en condiciones de hacerlo.

Pero sin duda Guillier es expresión de algo, ¿cómo lo ve usted?

Mira, para mí es como esos políticos no quemados que entran en escena y, por supuesto, la gente votaría por él porque bueno, ¡no está quemado! Eso da más confianza. Eso ocurrió en 1946, cuando entró en escena el doctor Eduardo Cruz Coke, un político conservador que también tenía una alta sensibilidad social y logró una excelente votación. Pero a ver, ¡la solución a los problemas nacionales no pasa por estas elecciones!

¿Tiene algún diagnóstico?

Creo que la solución a los problemas del país dependen de que la ciudadanía sea capaz de asumir sus poderes reales, sus poderes naturales (que justamente es la soberanía popular) y a partir de allí producir los cambios que este país necesita, que en el fondo es un cambio de constitución. Pero para poder cambiar la constitución desde abajo, desde la ciudadanía, se requiere que ésta adquiere consciencia al respecto y que sepa hacer los cambios Yo, en ese sentido, creo que no hemos aprendido bien. Estamos a medio camino.

¿Qué función cumple, en esa línea, el Proceso Constituyente?

Desconfío del Proceso Constituyente que es convocado desde el gobierno, pero estaría de acuerdo que se generara la misma instancia desde las bases ciudadanas. Para eso hay que aprovechar ciertas leyes (desconocidas porque a la misma clase política no le conviene que se conozcan) como la ley de participación ciudadana y de asociación chilena, y la ley de juntas de vecinos y de comunidades territoriales.

¿Qué plantean esas leyes?

Ahí se señala que la ciudadanía puede organizarse en términos de asambleas, a nivel comunal, a nivel provincial, a nivel regional y a nivel nacional, manteniendo su autonomía en cada nivel. Está la posibilidad que la ciudadanía pueda deliberar sobre los problemas nacionales. Lo lógico hubiera sido que la Presidenta hubiese organizado el Proceso Constituyente aprovechando la estructura organizativa y asociativa que las mismas leyes permiten. Pero, por algo no las usaron e inventaron esto de los cabildos abiertos que salían por cualquier parte como callampas, y que no fueron muchos, en un proceso que finalmente la clase política, a través del congreso nacional, va a controlar y finalizar.

¿Qué responsabilidad tiene la centroizquierda en este escenario?

La centroizquierda es la que ha intentado cambiar la sociedad, metiéndose siempre dentro de una constitución política ilegítima, impuestas por el enemigo. Entonces, la izquierda ha tendido a cambiar la situación, aceptando la constitución ilegítima, trabajando dentro de sus confines y fracasando una y otra vez. Fracasó Pedro Aguirre Cerda, fracasó Ibáñez, fracasó Frei, fracasó Allende y fracasó la Concertación, que no ha hecho otra cosa que legitimar el modelo neoliberal.

¿Se define algo con estas elecciones presidenciales?

No, no se resuelve nada de fondo, es más bien continuidad de lo mismo. Esta crisis se seguirá arrestando, porque la crisis de los sistemas –cuando ésta es terminal- no significa que la crisis va a morir, o va a ser desplazada: cuando un sistema enfrenta una crisis terminal, entra en una agonía larga, que se alarga como chicle, elásticamente, porque los sistemas no mueren por sí mismos, no saben morir. Un sistema hay que matarlo, ¿y quién puede matar a un sistema enfermo, agónico? No el sistema mismo, ni los que creen en el sistema: es solamente la ciudadanía, que debe actuar con un criterio soberano y no de aceptación de las leyes que le han impuesto sus enemigos.

Una crisis que tiene como característica una profunda desafección política.

Sí, y esa crisis de desafección conduce al nihilismo si no tomamos consciencia de nuestras propias capacidades como ciudadanos, como clase social, en términos que la soberanía radica siempre, inherentemente, en nosotros. Y hay que hacer uso de ella, hay que aprender a usarla con los mecanismos correspondientes.

¿Cuáles son?

Son tres. Primero, que la gente se vuelque a deliberar por sí misma sobre los problemas que existen, que encuentren soluciones y luego impongan un mandato ciudadano soberano. Segundo, para imponer una propuesta que uno desarrolló –a partir de las deliberaciones realizadas- hay que saber cómo imponerlas. Por ejemplo, los estudiantes solos no van a lograr nada; pero si se asocian con los trabajadores, con los empleados públicos, con los profesores, con los portuarios, con los pobladores, y todos imponen una política educacional o una política de salud, es seguro que tendrá éxito.

¿Y la tercera?

Tiene que ver con que debemos ejercer nuestra voluntad soberana, controlando a nuestros representantes. Si elegimos representantes sin mandato ciudadano, ellos van a hacer lo que quieren, porque le damos la carta blanca.

Por último, ¿qué posibilidades tiene Ricardo Lagos de volver a la presidencia?

La ciudadanía no va a votar por un señor que demostró, cuando fue Presidente, que no iba a gobernar con el pueblo, porque en la práctica, gobernó para el modelo. Él fue el que introdujo con mayor fuerza la privatización de empresas públicas y la entrega de muchas empresas al capital extranjero; el promovió la gestación de una decena de tratados de libre comercio con potencias extranjeras, que permitió por tanto que el capital extranjero, a través de esos tratados, pudiera llegar a Chile y controlar la economía del país. La población tiene eso en su memoria. Lagos no puede proponer un gobierno de reformas profundas. Simplemente va a marcar el paso. Eso se prueba leyendo su libro, donde hay puros lugares comunes de viejo que se cree sabio, pero no hay ninguna propuesta que tenga sentido histórico profundo.

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