lunes, 22 de mayo de 2017

¿Está de vuelta Bachelet?

Ante la crisis terminal de la Nueva Mayoría, la ausencia de liderazgo y el temor de sus integrantes, no solo a perder el poder sino además a sufrir una catástrofe electoral a nivel parlamentario, la Mandataria podría intentar limar las diferencias en el bloque y articular una salida. Hoy por hoy, no existe nadie capaz de rescatar el “espíritu” original de la alianza oficialista. Con entre 25 y 28 por ciento de apoyo en las encuestas, Bachelet recuperó la “pole position”

Por GERMÁN SILVA CUADRA


Se la ve más relajada a la Presidenta, incluso de mejor humor. Da la sensación de que se hubiera liberado, sacado un peso de encima. El primer signo de que estaba buscando marcar una nueva etapa, fue cuando confesó en una entrevista que, luego de terminar su período, abandonaría la política. Creo que constituyó un acto de sanación, una manera alejarse de esos momentos difíciles en que se vio cuestionada desde todos los frentes por las reformas impulsadas –contra viento y marea–, así como por el golpe irreversible infligido a su imagen y credibilidad por parte de su nuera e hijo. No cabe duda de que Caval se había convertido en una mochila que Michelle Bachelet cargaría hasta el 11 de marzo de 2018.

Lentamente, la Presidenta ha ido dejando atrás esa época en que, incluso, se llegó a rumorear su renuncia. También los tiempos en que evitaba a los medios o restringía el grupo de periodistas en sus giras. Los números eran categóricos. Su popularidad se desplomó. Del piso histórico con que terminó su primer gobierno –80%, un verdadero récord mundial– y del 55% con que comenzó el mandato actual, solo quedaba un lindo recuerdo. Sin ir más lejos, a los dos años y medio de Gobierno, su apoyo alcanzó el magro 18%. Todo parecía andar mal para la Mandataria.

Pero desde febrero en adelante –en la misma fecha en que empezó la debacle dos años antes– el escenario para Bachelet ha ido cambiando. Es cierto que el adelantado escenario presidencial 2018 y el abundante número de postulantes han influido para que la figura de Bachelet saliera del foco principal, pero también otros factores permiten entender este giro en la tendencia. El megaincendio terminó convirtiéndose en una trágica oportunidad. Pese a los desaguisados de la Conaf, la Jefa de Estado actuó de manera oportuna. Partió por postergar sus vacaciones a la simbólica Caburgua y abocarse a la emergencia.

A pesar de las críticas, Michelle Bachelet asumió el liderazgo de la crisis, pero no solo desde la toma de decisiones y coordinación de esfuerzos, sino desde los afectos. Fue capaz de conectarse con el drama humano y dar acogida. Creo que un sector de la ciudadanía, a nivel inconsciente, logró conectarse con una parte de la imagen de esa mujer de antaño. Fue un primer punto de quiebre.

La Presidenta tiene hoy entre 25 y 28 puntos de aprobación ciudadana, siete más que hace tres meses, y Piñera –el mejor presidenciable evaluado– alcanza 24 de apoyo. Es decir, y sin darnos cuenta, Bachelet ha recuperado la pole position.

Tres situaciones permiten explicar, en parte, este cambio, así como el mejor posicionamiento público de la Mandataria: su actuación en el censo, la visita a Nabila Rifo y el reciente viaje a Asia. Partamos por la repetición del “mejor censo de la historia”. Michelle Bachelet encuestó a 20 hogares, sorprendiendo a su moradores, incluido un dueño de casa que la recibió en pijama. La gobernante llegó vestida desport, sonriente y cariñosa con sus encuestados. En cierta forma, logró romper esa barrera enorme que en el último tiempo se ha generado entre el ciudadano desconfiado y los representantes de la clase política. Bachelet reemplazó, simbólicamente, el delantal blanco que usaba en su primer período para ir a terreno, por una parka azul. Se bajó del pedestal de La Moneda y realizó “la pega” de miles de voluntarios en todo el país.

Por otra parte, con las declaraciones de apoyo a Nabila, proyectó a una Presidenta preocupada de una realidad cotidiana –el abuso y maltrato a la mujer– y levantó un drama humano a nivel del Estado. La visita a la víctima fue un momento emocionante y una señal clara. Sin retórica, sin discursos. Las palabras sobraban. En la misma línea, unos días después, Bachelet expresó su alarma por el macabro juego “la ballena azul”. Temas de las personas y las familias. Sin política ni reformas de por medio.

"Con las declaraciones de apoyo a Nabila, proyectó a una Presidenta preocupada de una realidad cotidiana –el abuso y maltrato a la mujer– y levantó un drama humano a nivel del Estado. La visita a la víctima fue un momento emocionante y una señal clara. Sin retórica, sin discursos. Las palabras sobraban. En la misma línea, unos días después, Bachelet expresó su alarma por el macabro juego “la ballena azul”. Temas de las personas y las familias. Sin política ni reformas de por medio".

Y finalmente, con la gira a Indonesia y China, la Mandataria reapareció ocupando ese sitial de liderazgo en un encuentro mundial, esos que generan orgullo e identidad en el chileno, como en su momento fue el cargo que ostentó en ONU Mujer. Durante el viaje, pudimos también observar a Bachelet descartando ser evacuada en el amago de incendio del aeropuerto de Auckland, argumentando que ella prefería quedarse con la delegación y no ser conducida a un salón vip. Y al embarcarse, anunció que se reuniría – una hora después de aterrizar– , con el Comité de Emergencia conformado para enfrentar la catástrofe del norte, aplacando rápidamente cualquier efecto de la visita de Piñera a la zona, quien se trasladó mediáticamente a la Tercera Región, presentándose –literalmente– como Presidente, frente a la ausencia obligada de la Jefa de Estado. De más está decir que este fue un traspié del candidato, ya que dejó una cierta sensación de aprovechamiento político.

Pareciera ser que la Presidenta hizo un giro más ciudadano, para desprenderse de los temas políticos controversiales. No sé si será parte de una estrategia o una reacción más bien espontánea. Pero la verdad es que – por ahora– lo está logrando, junto con volver a reaparecer el personaje que logró conquistar al ciudadano en 2006.

Si sigue repuntando, Michelle Bachelet podría cumplir un rol insospechado hace un par de meses. Ante la crisis terminal de la Nueva Mayoría, la ausencia de liderazgo y el temor de sus integrantes, no solo a perder el poder sino además a sufrir una catástrofe electoral a nivel parlamentario, la Mandataria podría intentar limar las diferencias en el bloque y articular una salida. Hoy por hoy, no existe nadie capaz de rescatar el “espíritu” original de la alianza oficialista. Lagos aún debe recuperarse del golpe, Frei está más preocupado de lo que pasa en Asia que en Chile y, por supuesto, Guillier y Goic producen el efecto contrario a la unidad.

Convengamos que Bachelet no llegará a tener los niveles de apoyo de 2009, sin embargo, es probable que logre situarse por el orden del 40 o 45 por ciento de aprobación al final de su período. Si eso fuera efectivo, la Presidenta podrá sentirse tranquila con que el retorno a La Moneda valió en parte la pena. Pero sí es una certeza que, en su caso, la tercera no será la vencida.

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