¿Quién gobernará ahora?
Saludos a todos,
Escrito por Don Juan Carlos, ex editor
Las Operaciones Especiales en Venezuela habrían involucrado al 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (Aerotransportado, en inglés, SOAR) que proporciona apoyo de aviación mediante helicópteros para fuerzas de propósito general y fuerza de operaciones especiales, cazas furtivos y a la Fuerza Delta. La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, neutralizó bases aéreas, cuarteles y nodos (se refiere a puntos clave o estratégicos de conexión dentro de una red comunicación, logística o inteligencia), Estratégicos del país. Cumplió su objetivo de desalojar a Nicolás Maduro del poder y dejó al descubierto una de las principales debilidades estructurales de las Fuerzas Armadas venezolanas: la fragilidad de su sistema de defensa aérea de origen chino frente a un adversario con supremacía en guerra electrónica, inteligencia y ataques de precisión.
Otros componentes relevantes de la campaña fue el ataque a centrales eléctricas y a infraestructura energética, una acción orientada a degradar las capacidades de comando, control y comunicaciones del adversario. La interrupción del suministro eléctrico en zonas clave habrían afectado el funcionamiento de radares, sistemas de defensa aérea y enlaces de comunicaciones militares, facilitando el avance de las fases posteriores de la operación conjunta.
Un escenario similar afectó a los medios de apoyo de fuego, unidades blindadas y otros elementos, que parecen haber quedado estáticas frente a la operación militar de Estados Unidos. Se puede estimar que carecieron de información de blancos y coordinació (o posibles sabotajes internos) efectiva en un entorno saturado por guerra electrónica. La imposibilidad de integrar sensores, fuegos y maniobras en tiempo real dejó a estas unidades sin capacidad de influir de manera significativa para brindar una respuesta defensiva acorde.
La neutralización de los radares impidió cualquier empleo efectivo de los sistemas antiaéreos de mayor alcance, incluidos los complejos S-300 y Buk-M2, adquiridos a Rusia para conformar una defensa escalonada. A su vez, el ataque de supresión sobre algunos sistemas Buck-M2, al menos 2 confirmados, anulados por completo su capacidad de una respuesta defensiva. Sin enlaces de datos funcionales ni control del espacio aéreo, las unidades antiaéreas quedaron desconectadas del comando central, facilitando la obtención de superioridad aérea total por parte de las fuerzas estadounidenses en cuestión de minutos.
Desde el punto de vista militar, analistas coinciden en que el resultado no se explica por la falla de un sistema puntual, sino por la incapacidad del esquema de comando y control de diseño chino para operar bajo interferencia intensa y ataques multidominio. La operación estadounidense expuso las limitaciones de estas arquitecturas cuando se enfrentan a fuerzas capaces de integrar inteligencia, guerra electrónica, aviación de combate y operaciones especiales dentro de un mismo ciclo operativo, confirmando que la superioridad no reside únicamente en el hardware, sino en la coherencia y silencia del sistema en conjunto.
En el aspecto internacional, la Carta de las Naciones Unidas (ONU), determina que los Estados miembros deben abstenerse, en todo momento, «de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado» (art. 2.4), de ahí que este recurso quede limitado a dos supuestos (art. 51): la legítima defensa previo ataque (aquí se encuadraría la agresión rusa a Ucrania) y el cumplimiento del mandato del Consejo de Seguridad para restaurar la paz (véase la guerra del Golfo de 1991).
Por consiguiente, ¿qué consecuencias cabría esperar? Todas y ninguna. Todas porque esta violación podría dar lugar a la adopción de sanciones, pero ninguna porque Estados Unidos dispone de veto en el Consejo de Seguridad y porque los Estados podrían decidir unilateralmente no secundarlas. Ahora bien, Washington ha adoptado una serie de decisiones que, correctamente ensambladas, podrían llegar a armar la justificación del ataque en legítima defensa, evidentemente no enfocada como una agresión militar, pero sí, ante una contra la seguridad nacional.
Basándonos en estos postulados y tomados de manera aséptica Washington ha adoptado argumentar que la operación militar del 3 de enero es en base: a la narco dictadura venezolana, que según la Secretaría de Estado, «son los responsables de la violencia terrorista» que sacude el hemisferio americano en su totalidad; además que se les acusa de ser usurpadores del poder y secuestradores de la soberanía nacional, tras haber cometido un fraude masivo sobradamente acreditado el 28 de julio de 2024, por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, el cartel de Soles y el tren de Aragua, su mujer Cilia Flores (abogada) y el hijo del dictador, popularmente conocido como ‘Nicolasito’.
Fuente: Ministerio de guerra de EE. UU.



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