Saludos a todos,
Escrito por don Juan Carlos, antiguo exeditor
La dictadura o régimen de partido único en Cuba, instaurado tras el triunfo de la Revolución cubana, lleva más de 67 años en el poder. El dictador Miguel Díaz-Canel (Fidel Castro-Raúl Castro) atraviesa hoy “la peor de las crisis” por el éxodo, el hambre y la represión que el régimen cubano está provocando la muerte por hambre de sus propios ciudadanos y las protestas a favor de un cambio de gobierno se multiplican por la isla. No se puede permitir que los dictadores sigan ahorcando al pueblo de Cuba. ¡No hay futuro para el castrismo!
No es el bloqueo lo que tiene al 89% de los cubanos en la pobreza extrema. Es una dictadura que controla cada recurso que entra a la isla. La ayuda no llega a las familias que se saltan comidas, sino que llega a un aparato estatal voraz que decide quién come y quién no. Mientras hospitales suspenden cirugías por apagones de 20 horas, el régimen instala generadores exclusivos para hoteles turísticos de cinco estrellas. Siete de cada diez cubanos se saltan al menos una comida al día, pero los jerarcas del Partido Comunista viven en mansiones a cuadras de donde la gente busca comida en la basura.
El régimen cubano y sus líderes están provocando la muerte por hambre de sus propios ciudadanos. El dinero que reciben por solidaridad no llega al pueblo cubano. Todo va directo a la cuenta del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), que representa un inmenso conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba que gestiona sectores clave de la economía cubana, incluyendo turismo (a través de Gaviota), comercio minorista, importaciones, exportaciones y servicios financieros.
El mega/conglomerado militar que controla la economía de la isla. Una investigación basada en documentos filtrados encontró que GAESA tiene 14,500 millones de dólares guardados en cuentas bancarias en el extranjero. Mientras tanto, los cubanos sufren apagones de 12 a 15 horas diarias en La Habana y hasta 30 horas en las provincias. La ayuda médica profesional que el gobierno dictatorial ofrece a otros países está basada en situaciones de explotación; un médico cubano especialista gana apenas 14 dólares al mes en la isla. Las “misiones médicas” no son de solidaridad: el régimen confisca la mayor parte del salario que otros gobiernos “sumisamente” pagan por sus servicios y trabajo.
El gobierno controla todo lo que entra. Cada lata, cada kilo de arroz pasará por manos del régimen antes de llegar al pueblo, si este llega. El pueblo cubano merece solidaridad. Pero donarle a la dictadura no es ayudar al pueblo, es financiar al carcelero, 67 años demuestran que cada recurso que toca el régimen se convierte en control, no en comida. En el régimen cubano, persiste el desabasto de medicamentos, la falta de personal hospitalario y las deficiencias en los servicios de salud, mientras los envíos del petróleo de ayuda humanitaria que llega a la isla, una porción de los suministros, el régimen autócrata se ocupa de revenderlos en Asia.
EL GOLPE FINAL AL RÉGIMEN
Trump está convencido de que con el asedio energético provocará este año la caída del castrismo, que ha sobrevivido a seis décadas de bloqueo económico estadounidense. El corte al suministro de petróleo, en efecto, ha agravado la precariedad de la isla, que ahora padece de apagones más prolongados y observa cómo se retrae el turismo, uno de sus escasos motores económicos. Esperamos que ya no llegue más solidaridad para los dictadores y que no haya países hermanos queriendo sustituir a Nicolás Maduro.
EPÍLOGO
Tras más de 67 años de despotismo, el pueblo sufrido de Cuba carga con el peso de una esperanza traicionada. Lo que comenzó como una promesa de liberación frente a Fulgencio Batista (1952-1959) que fue destituido y huyó de Cuba en la madrugada del 1 de enero de 1959. Tras el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, se transformó en una condena de miseria y falta de libertad. Los cubanos no merecen seguir soportando esta afrenta ni mucho menos seguir encadenados a un régimen que utilizó sus anhelos para cimentar una tiranía perpetua; —es hora— de que la realidad de la patria coincida, finalmente, con la libertad de su gente.
“No es un país pobre, es un país empobrecido por el gobierno corrupto y nefasto del Partido Comunista de Cuba (PCC) que ha desangrado a su propio pueblo. No faltan recursos, sobran ladrones. No necesitan donaciones, necesitan LIBERTAD.”
El gobierno controla todo lo que entra. Cada lata, cada kilo de arroz pasará por manos del régimen antes de llegar al pueblo, si este llega. El pueblo cubano merece solidaridad. Pero donarle a la dictadura no es ayudar al pueblo, es financiar al carcelero, 67 años demuestran que cada recurso que toca el régimen se convierte en control, no en comida. En el régimen cubano, persiste el desabasto de medicamentos, la falta de personal hospitalario y las deficiencias en los servicios de salud, mientras los envíos del petróleo de ayuda humanitaria que llega a la isla, una porción de los suministros, el régimen autócrata se ocupa de revenderlos en Asia.
EL GOLPE FINAL AL RÉGIMEN
Trump está convencido de que con el asedio energético provocará este año la caída del castrismo, que ha sobrevivido a seis décadas de bloqueo económico estadounidense. El corte al suministro de petróleo, en efecto, ha agravado la precariedad de la isla, que ahora padece de apagones más prolongados y observa cómo se retrae el turismo, uno de sus escasos motores económicos. Esperamos que ya no llegue más solidaridad para los dictadores y que no haya países hermanos queriendo sustituir a Nicolás Maduro.
EPÍLOGO
Tras más de 67 años de despotismo, el pueblo sufrido de Cuba carga con el peso de una esperanza traicionada. Lo que comenzó como una promesa de liberación frente a Fulgencio Batista (1952-1959) que fue destituido y huyó de Cuba en la madrugada del 1 de enero de 1959. Tras el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, se transformó en una condena de miseria y falta de libertad. Los cubanos no merecen seguir soportando esta afrenta ni mucho menos seguir encadenados a un régimen que utilizó sus anhelos para cimentar una tiranía perpetua; —es hora— de que la realidad de la patria coincida, finalmente, con la libertad de su gente.
“No es un país pobre, es un país empobrecido por el gobierno corrupto y nefasto del Partido Comunista de Cuba (PCC) que ha desangrado a su propio pueblo. No faltan recursos, sobran ladrones. No necesitan donaciones, necesitan LIBERTAD.”
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