martes, 24 de marzo de 2026

«¡ASESINOS DE SU PROPIO PUEBLO!»

Saludos a todos,

Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito

La verdadera tragedia de Irán no reside en la derrota táctica, sino en la capitulación de la razón ante el dogma. Aquella cúpula que, obnubilada por un fanatismo absoluto, se mostró incapaz de procesar la realidad estratégica, ha incurrido en una intransigencia criminal que condena a toda una nación al ostracismo. No estamos ante una simple negligencia funcional; es una traición ontológica al mandato de preservar la vida. Mientras la casta en el poder articula retóricas de justificación desde la invulnerabilidad de sus búnkeres, el estrato más vulnerable de su sociedad es instrumentalizado como rehén y escudo. Es la sangre del pueblo inocente la que ha pagado, con vidas que no volverán con sus familias, el precio de una soberbia mística que no le pertenecía. En esta asimetría del dolor, el pueblo no elige: es sometido al matadero.
Resulta una burla histórica que, tras ignorar la voz de la sensatez y sacrificar a su propia gente, estos líderes pretendan ahora que el mundo reconstruya con solidaridad lo que su demencia redujo a escombros. Nos exigen financiar las cenizas de una guerra que nunca nos consultaron, mientras las tumbas de los inocentes quedan como el único monumento a su fracaso. El fracaso del mando

Por ello, la justicia no puede ser una espectadora impasible. Todo estos lideres DEBEN rendir cuentas ante la ley por su absoluta abdicación de la responsabilidad de mando. No existe una razón ni ideología que legitime el exterminio del futuro. Quien conduce a su pueblo al abismo por ceguera voluntaria debe enfrentar las consecuencias penales de su propia locura. La ruina de una nación exige, imperativamente, justicia.

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