jueves, 26 de marzo de 2026

El Deber de la Consistencia Democrática

Saludos a todos,

Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito.

En mi convicción (como) demócrata independiente y con el mayor respeto hacia la experiencia acumulada que cada uno de la clase política representa en la historia política de nuestro país. Me permito plantear una reflexión necesaria sobre el tono de sus deliberaciones actuales. Observo con preocupación que, en ocasiones, sus diagnósticos parecen quedar atrapados en una retórica de nostalgia o de resistencia estructural que no logra conectar con la realidad técnica y social del Chile actual.

Como ciudadanos libres, tenemos la responsabilidad de no vivir de espaldas a los datos del presente: un país con un ajuste fiscal en marcha, una minería que exige modernización y una ciudadanía que, soberanamente, eligió un camino distinto en las urnas. Mi discrepancia con algunos de los análisis de la clase política no nace de una diferencia ideológica, sino de una necesidad de futuro.

No podemos pretender sacar al país de sus crisis cíclicas utilizando las mismas fórmulas que nos trajeron hasta aquí. La ‘vieja guardia’ tiene el deber de transformar su experiencia en una mentoría generacional que permita la renovación de las instituciones, y no en un ancla que boicotee la gobernabilidad de una administración legítimamente electa.

Los invito a que hoy miremos más allá del espejo retrovisor y analicemos cómo fortalecer la estabilidad del Estado por encima de los intereses de bloque. Nuestro deber es ser parte de la consistencia democrática, lo que significa que “esa” no es un menú a la carta donde solo se respeta el resultado cuando favorece a un sector.

El gobierno de Gabriel Boric tuvo su mandato y, ante el juicio de la ciudadanía, los resultados de su gestión y la falta de corrección de rumbo fueron evaluados en las urnas. Ese mismo pueblo de Chile, en un ejercicio soberano, libre y mayoritario, decidió otorgar la conducción del país a una administración de derecha liderada por José Antonio Kast.

Por lo tanto, oponerse mediante el boicot o la agitación callejera a solo semanas de iniciado el periodo no es ‘resistencia’, es un desconocimiento de la voluntad popular. Quienes guardaron silencio ante los errores del gobierno anterior, pero hoy exigen perfección o intentan desestabilizar al actual, caen en una asimetría moral que daña la convivencia nacional. No obstante, la fiscalización es un deber ciudadano, pero el respeto a quien ganó legítimamente es un deber republicano.

Chile no puede permitirse ser rehén de aventureros o provocadores que solo validan la democracia cuando ganan; actuar en consecuencia es nuestro deber para la futura estabilidad del país y que exige que se permita gobernar a quien fue elegido para ello, bajo el imperio de la ley y el escrutinio de los hechos, no de los prejuicios.

Muchas gracias.

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