Saludos a todos.
Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito
La génesis industrial del cobre en Chile se define por la explotación salvaje de corporaciones norteamericanas como Anaconda y Kennecott, arquitectas de un despojo que operó bajo la lógica de enclave predatorio. Esta maquinaria de succión no generó desarrollo, sino una sangría sistemática hacia Wall Street que ancló al país en una dependencia estructural, postergando deliberadamente cualquier asomo de autonomía técnica por casi un siglo.
El dominio del recurso fue el epicentro de un choque violento de fuerzas: la «Chilenización» de Eduardo Frei Montalva abrió una brecha que la Nacionalización Integral de Salvador Allende convirtió en ruptura soberana en 1971. No obstante, la paradoja se consolidó bajo la dictadura de Augusto Pinochet, quien, en una contradicción fundamental con su credo privatizador, preservó a Codelco para asegurar el financiamiento militar. Este giro transformó al metal rojo en un pilar estatal híbrido, blindado por el mismo régimen que desarticuló el resto de la propiedad pública.
El Retorno del Cobre
Para recuperar genuinamente la propiedad del mineral, el Estado de Chile DEBE ejecutar una ruptura estructural con el actual sistema de concesiones plenas, recuperando el control sobre la comercialización y el valor agregado que hoy se fuga hacia el exterior. La soberanía real exige la derogación de los privilegios tributarios del neoliberalismo galopante y la nacionalización de la renta minera excedente, obligando a que el procesamiento y la refinación se realicen en territorio nacional. Solo mediante la creación de un complejo industrial-tecnológico estatal, que trascienda la mera extracción de tierra, Chile podrá subordinar la voracidad del mercado global a un proyecto de desarrollo autónomo que devuelva el cobre a su único dueño legítimo: el pueblo chileno.



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