domingo, 5 de abril de 2026

LEALTAD HASTA EL SACRIFICIO

Saludos a todos.

Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito

El Ejército de Chile celebra un nuevo aniversario de la Caballería, no opera como un simple ente burocrático, sino como un eje de soberanía definido por el rigor de los artículos 101 al 105 de la Constitución. Sin embargo, la verdadera naturaleza de la institución se revela en esa asimetría crítica donde la norma escrita choca con la presión del poder fáctico. En esta tensión, la lealtad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una variable donde el honor de un soldado puede habitar estados simultáneos —la obediencia jerárquica o la fidelidad a la ley— hasta que el sacrificio personal define la realidad.

La historia de la Caballería se escribe en este campo de fuerzas. Figuras como Schneider, Prats y Lutz Urzúa no solo cumplieron órdenes; representaron la resistencia de la integridad frente a la distorsión del sistema. El general Augusto Lutz, cuya huella en la Academia de Guerra y el Regimiento «Buin» resuena bajo el grito de “¡Se fue el Buin!”, encarna la posición firme de quien prefiere el sacrificio antes que transar con estructuras paralelas de control. Su caída en 1974, junto a la del sargento Arístides Araneda Araneda y tantos otros, marcarón el punto de ruptura donde la ética militar se enfrentaría a la entropía de los intereses externos.

EL COSTO DEL HONOR

Lo que la ciudadanía espera, es la capacidad de la institución se blinde contra la gravedad de los grandes capitales y las agendas económicas foráneas. La ciudadanía no demanda un brazo ejecutor de intereses privados, sino un cuerpo cuya coherencia esté entrelazada exclusivamente con el bienestar del pueblo y el mandato constitucional. La memoria de los caídos por la mano «de sus propios compañeros de armas» por defender la ley no es nostalgia, es el vector que debe orientar la trayectoria de las nuevas generaciones hacia una justicia inquebrantable.

“¡Se fue el Buin!”

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