Sacrilegio del Poder
Saludos a todos.
Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito
La apropiación de la divinidad por parte de estructuras tiránicas no constituye un acto de fe, sino una maniobra de alta gestión diseñada para anular la resistencia ética del individuo. Al revestir la agresión bélica con el blindaje de un mandato absoluto, el poder busca colapsar la distinción entre la ambición política y la justicia trascendental, desplazando la responsabilidad del exterminio hacia un vacío donde el juicio crítico queda suspendido. Esta distorsión convierte lo sagrado en un artefacto de asedio, transformando la fe en una extensión operativa del mando.
Esta dinámica de control expone una irregularidad profunda: se invoca lo eterno para validar la aniquilación de lo temporal, pretendiendo que la voluntad de dominio sea leída como una necesidad inevitable. Bajo este esquema, la guerra se despoja de su naturaleza humana para presentarse como una fatalidad superior, forzando a la conciencia colectiva a una obediencia ciega que confunde la lealtad al déspota con la fidelidad a lo absoluto. Es una intervención deliberada sobre el tejido social que busca extirpar la capacidad de discernir entre la espiritualidad legítima y la inmolación por el ego de un soberano.
DIOS COMO ARMA
Frente a esta patología, la respuesta debe desarticular el engaño y devolver la narrativa de la paz a su eje original. No se puede permitir que el léxico de la trascendencia sea secuestrado por quienes solo operan bajo la lógica del hierro; la verdadera fuerza se manifiesta en la preservación de la dignidad y no en la sacralización de la fosa común. Identificar esta usurpación es el paso crítico para invalidar la estructura de la tiranía y restaurar un orden donde el nombre de Dios deje de ser el pretexto de la destrucción sistemática.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario