Saludos a todos.
Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito.
La distancia entre la austeridad de Charles de Gaulle, quien rigió Francia entre 1959 y 1969, y la realidad administrativa chilena no es solo una brecha temporal, sino un abismo de integridad. Mientras el estadista francés pagaba sus propias facturas para blindar la dignidad del Estado, en Chile la investidura opera como una licencia para el saqueo institucionalizado. Al cierre del ciclo de Gabriel Boric en marzo de 2026, la vigencia de una dieta vitalicia que junto a sus asignaciones alcanza los 17,6 millones de pesos —frente a un sueldo mínimo de 500.000 pesos— no es una política de retiro; es la culminación de una codicia que utiliza la ley para asfixiar a un pueblo que sobrevive con una mediana salarial de apenas 580.000 pesos. No existe patriotismo en el usufructo de un erario que condena al trabajador a la subsistencia mientras sus líderes aseguran un futuro de opulencia sobre el esfuerzo ajeno.
Esta decadencia alcanza su punto más abyecto en quienes, bajo el pretexto de custodiar la soberanía, han operado como mercenarios del presupuesto público. La figura de Augusto Pinochet y su rastro de millones de dólares en el Banco Riggs inauguraron una doctrina de delincuencia castrense donde el uniforme sirve de escudo para el desfalco. Esta estafa al honor nacional fue perfeccionada por sujetos como Juan Miguel Fuente-Alba y Humberto Oviedo, quienes transformaron los gastos destinados a la defensa en una fuente de financiamiento para el lujo personal y el boato. Es una burla sangrienta que quienes exigen lealtad a la bandera sean los mismos que desmantelan el patrimonio del país. No son defensores de la nación; son gestores de una traición sistemática que mimetiza la rapiña con la retórica del deber para ocultar que su única prioridad es el beneficio corporativo.
El Estado como Usufructo
El país debe confrontar la realidad de que el sacrificio es hoy una obligación impuesta a las mayorías, mientras el privilegio es un derecho blindado para las cúpulas. La autoridad moral no se decreta; se ejerce mediante la renuncia al exceso que la ciudadanía no puede compartir. Mientras los dirigentes políticos y militares sigan protegidos por leyes diseñadas para rescatar sus retiros de la miseria general, cualquier apelación al amor por Chile será un ejercicio de cinismo absoluto. La reconstrucción nacional exige erradicar a estos referentes de la inmoralidad que, disfrazados de servidores, han convertido al Estado en una plataforma de usufructo, recordando que un país solo recupera su dignidad cuando sus mandatarios tienen la decencia de vivir bajo el mismo rigor que el último de sus conciudadanos.
---- . ----
The Nation as Booty
Greetings to all.
The distance between the austerity of Charles de Gaulle, who governed France from 1959 to 1969, and the Chilean administrative reality is not merely a temporal gap, but an abyss of integrity. While the French statesman paid his own bills to shield the dignity of the State, in Chile, official investiture operates as a license for institutionalized looting. At the close of Gabriel Boric’s term in March 2026, the enforcement of a lifelong pension which, along with allowances, reaches 17.6 million pesos—compared to a minimum wage of 500,000 pesos—is not a retirement policy; it is the culmination of a greed that utilizes the law to suffocate a people surviving on a median salary of barely 580,000 pesos. There is no patriotism in the usufruct of a treasury that condemns the worker to mere subsistence while its leaders secure a future of opulence upon the labor of others.
This decadence reaches its most abject point in those who, under the pretext of guarding sovereignty, have operated as mercenaries of the public budget. The figure of Augusto Pinochet and his trail of millions of dollars in the Riggs Bank inaugurated a doctrine of military delinquency where the uniform serves as a shield for embezzlement. This swindle against national honor was perfected by individuals such as Juan Miguel Fuente-Alba and Humberto Oviedo, who transformed defense expenditures into a funding source for personal luxury and ostentation. It is a bloody mockery that those who demand loyalty to the flag are the very ones dismantling the country's heritage. They are not defenders of the nation; they are managers of a systematic betrayal that mimics plunder with the rhetoric of duty to conceal that their sole priority is corporate benefit.
The State as Usufruct
The country must confront the reality that sacrifice is today an obligation imposed upon the many, while privilege remains a shielded right for the elite. Moral authority is not decreed; it is exercised through the renunciation of excess that the citizenry cannot share. As long as political and military leaders remain protected by laws designed to rescue their retirements from the general misery, any appeal to the love for Chile will be an exercise in absolute cynicism. National reconstruction demands the eradication of these icons of immorality who, disguised as servants, have turned the State into a platform for usufruct, reminding us that a country only recovers its dignity when its mandataries have the decency to live under the same rigor as the lowliest of their fellow citizens.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario