viernes, 26 de junio de 2026

LAS PROMESAS ROTAS EN CHILE 

Saludos a todos. 

Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito. 

Este escrito examina cómo diversos gobiernos en Chile, desde la Unidad Popular hasta la administración actual, han fallado en cumplir sus promesas a la clase trabajadora y sectores vulnerables. Se argumenta que las cúpulas políticas, sin importar su ideología, terminan gobernando para sus propios intereses y perpetuando la desconexión con la ciudadanía. 

La historia contemporánea de Chile puede resumirse como un péndulo de ilusiones colectivas que, de manera sistemática, han terminado estrellándose contra el suelo de la realidad. Desde la década de los setenta hasta el presente año 2026, cada generación que reclamó para sí la conducción del destino nacional terminó traicionando su mandato o colapsando bajo el peso de sus propias contradicciones. Para la clase trabajadora y los sectores más humildes de la patria, el balance final es tan amargo como inapelable: en la cúspide del mando, ninguno cumplió. 

El primer gran colapso de este ciclo comenzó con la Unidad Popular (UP) junto al doctor Salvador Allende. Este proyecto encarnó la esperanza de una revolución institucional y democrática para el pueblo. Sin embargo, su fallo definitivo radicó en un voluntarismo ideológico que intentó forzar una transformación radical basada en las utopías de la vía chilena al socialismo, ignorando las leyes de la economía y la realidad del momento. Más allá de la brutal intervención de sectores fácticos internos y extranjeros, la gestión financiera de aquella experiencia fue incapaz de controlar una inflación asfixiante y el desabastecimiento masivo. Intentar refundar un territorio sin contar con mayorías parlamentarias reales condujo a una parálisis general de la nación que dejó a la ciudadanía desarmada y desprotegida ante la peor tragedia de nuestra crónica. 

A ese quiebre le siguió la tiranía de la dictadura cruenta de Augusto Pinochet, que, usurpando el mando, prometió restaurar la paz pública y fundar un régimen de prosperidad a costa del terrorismo de Estado. La tan cacareada estrategia impuesta fue un capitalismo de shock que dejó una herida abierta con miles de ejecutados, torturados, desaparecidos y con un saldo de millares de compatriotas que tuvieron que marchar al exilio, lo que fracturó el alma nacional, mientras se privatizaban los derechos más esenciales del ser humano como las pensiones, la salud y la educación. Aquel diseño convirtió el bienestar social en un negocio exclusivo de los grandes capitales, y el mito de su supuesta reserva moral se desmoronó por completo cuando la justicia internacional destapó el saqueo de fondos fiscales ocultos en cuentas secretas en el extranjero. 

Con el regreso a la democracia, la Concertación y la Nueva Mayoría ganaron el ejecutivo bajo la falsa promesa de que la alegría ya venía. Lo que vino, en realidad, fue la asimilación y el aburguesamiento de una dirigencia colectiva que prefirió acomodarse en los salones de la élite antes que desmantelar el engranaje neoliberal que implantó el régimen previo. Las cúpulas partidarias y la casta parlamentaria terminaron capturadas por el dinero corporativo. Financiaron sus campañas mediante boletas falsas entregadas por las mismas firmas monopolistas que abusaban de la población. Además, invirtieron sus millonarios fondos en la Bolsa de Valores y transaron con la oposición para proteger sus privilegios. Todo esto pavimentó el camino hacia el estallido social por su total desconexión con la calle. 

Otra de las grandes promesas rotas llegó con la hornada de Gabriel Boric y los jóvenes del Frente Amplio, quienes alcanzaron la Moneda con una bandera de pureza ética y propuestas de transformaciones estructurales. Cuatro años después, el balance de su administración es el suelo definitivo de las ilusiones. Su discurso de superioridad moral se derrumbó con el Caso Convenios, donde militantes de sus propios partidos desviaron recursos públicos destinados a los campamentos más vulnerables del país. Obligados por una crisis de seguridad y crimen organizado que los sobrepasó por completo, terminaron aplicando los mismos estados de excepción que antes criticaban y entregando los ministerios clave a la vieja guardia concertacionista. 

LA ORFANDAD DE LOS CHILENOS 

Finalmente, el actual viraje drástico hacia la derecha bajo la conducción de José Antonio Kast ha terminado por cerrar este círculo de contradicciones en sus primeros meses de gestión en 2026. Tras una campaña donde prometió austeridad, crecimiento y un recorte masivo del gasto fiscal, su gabinete ha profundizado la desprotección de la ciudadanía al eliminar prebendas esenciales y beneficios de previsión bajo la consigna de reducir el aparato estatal. En un giro contradictorio, el Ministerio de Hacienda ingresó un proyecto para aumentar el endeudamiento público en 6.200 millones de dólares adicionales, evidenciando un desgaste prematuro y un déficit que terminarán pagando las futuras generaciones. Asimismo, este periodo ha estado marcado por maniobras para acomodar y otorgar beneficios carcelarios a exmilitares condenados por violaciones a los derechos humanos, mientras las reformas tributarias impulsadas se enfocan en favorecer los intereses económicos de las élites nacionales y transnacionales mediante rebajas impositivas. 

El pueblo se encuentra en una absoluta orfandad de liderazgos legítimos. Las siglas cambian y las caras se renuevan, pero las cúpulas siguen gobernando para sí mismas, dejando las esperanzas de los más humildes enterradas bajo las promesas rotas del poder. 

Ante esta encrucijada, mi convicción como escritor es que Chile debe transitar hacia un sistema abierto y maduro, inspirado en el modelo de naciones como los Países Bajos, Suecia, Suiza, Dinamarca o Noruega. La experiencia internacional demuestra que estas sociedades estabilizan el poder mediante el parlamentarismo y los consensos reales, garantizando un respeto irrestricto a los trabajadores y manteniendo la paz con el entorno político, económico y social. Nuestra patria necesita alcanzar esa madurez institucional a través de un Estado de bienestar robusto y un mercado regulado, dejando atrás, de una vez por todas, las aventuras ideológicas que tanto daño nos han causado. 

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THE BROKEN PROMISES IN CHILE

Greetings to everyone.

This piece examines how various governments in Chile, from the Unidad Popular to the current administration, have failed to fulfill their promises to the working class and vulnerable sectors. It argues that the political leadership, regardless of their ideology, ultimately end up governing for their own interests and perpetuating the disconnect with the citizens.

The contemporary history of Chile can be summarized as a pendulum of collective illusions that, systematically, have ended up crashing against the ground of reality. From the 1970s to the present year 2026, each generation that claimed for itself the leadership of the national destiny ended up betraying its mandate or collapsing under the weight of its own contradictions. For the working class and the most humble sectors of the homeland, the final balance is as bitter as it is unappealable: at the pinnacle of command, none fulfilled.

The first major collapse of this cycle began with the Unidad Popular along with Doctor Salvador Allende. This project embodied the hope of an institutional and democratic revolution for the people. However, its definitive failure lay in an ideological voluntarism that attempted to force a radical transformation based on the utopias of the Chilean path to socialism, ignoring the laws of economics and the reality of the moment. Beyond the brutal intervention of domestic and foreign de facto sectors, the financial management of that experience was unable to control stifling inflation and massive shortages. Attempting to re-found a territory without relying on real parliamentary majorities led to a general paralysis of the nation that left the citizenry disarmed and unprotected before the worst tragedy of our history.

That breakdown was followed by the tyranny of the cruel dictatorship of Augusto Pinochet, who, by usurping command, promised to restore public peace and establish a regime of prosperity at the cost of state terrorism. The much-touted strategy imposed was a shock capitalism that left an open wound with thousands of executed, tortured, and disappeared persons, and with a toll of thousands of compatriots who had to go into exile, which fractured the national soul, while the most essential human rights such as pensions, health, and education were privatized. That design turned social welfare into an exclusive business for big capital, and the myth of its supposed moral authority completely crumbled when international justice uncovered the plunder of fiscal funds hidden in secret accounts abroad.

With the return to democracy, the Concertación and the Nueva Mayoría won the executive under the false promise that joy was on its way. What came, in reality, was the assimilation and bourgeoisification of a collective leadership that preferred to settle in the salons of the elite rather than dismantle the neoliberal framework implanted by the previous regime. The party leadership and the parliamentary caste ended up captured by corporate money. They financed their campaigns through fake invoices delivered by the same monopolistic firms that abused the population. Furthermore, they invested their millionaire funds in the stock market and traded with the opposition to protect their privileges. All of this paved the way toward the social outburst due to their total disconnect from the street.

Another of the great broken promises arrived with the cohort of Gabriel Boric and the youth of the Frente Amplio, who reached the Moneda with a banner of ethical purity and proposals for structural transformations. Four years later, the balance of their administration is the definitive rock bottom of illusions. Their discourse of moral superiority collapsed with the Caso Convenios, where militants from their own parties diverted public resources intended for the country's most vulnerable shantytowns. Forced by a security and organized crime crisis that completely overwhelmed them, they ended up applying the same states of emergency they previously criticized and handing over key ministries to the old guard of the Concertación.


THE ORPHANHOOD OF CHILEANS

Finally, the current drastic shift to the right under the leadership of José Antonio Kast has ended up closing this circle of contradictions in its first months of management in 2026. After a campaign where he promised austerity, growth, and a massive cut in fiscal spending, his cabinet has deepened the lack of protection for the citizenry by eliminating essential benefits and welfare support under the slogan of reducing the state apparatus. In a contradictory turn, the Ministry of Finance introduced a project to increase Chile's public debt by an additional 6.2 billion dollars, evidencing premature wear and tear and a deficit that future generations will end up paying. Likewise, this period has been marked by maneuvers to accommodate and grant prison benefits to former military officers convicted of human rights violations, while the tax reforms promoted focus on favoring the economic interests of domestic and transnational elites through tax cuts.

The people find themselves in an absolute orphanhood of legitimate leadership. The acronyms change and the faces are renewed, but the inner circles continue to govern for themselves, leaving the hopes of the most humble buried under the broken promises of power.

Facing this crossroads, my conviction as a writer is that Chile must transition toward an open and mature system, inspired by the model of nations such as the Netherlands, Sweden, Switzerland, Denmark or Norway
. International experience shows that these societies stabilize power through parliamentarism and real consensus, guaranteeing unrestricted respect for workers and maintaining peace with the political, economic, and social environment. Our homeland needs to achieve that institutional maturity through a robust welfare state and a regulated market, leaving behind, once and for all, the ideological adventures that have caused us so much harm.

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