jueves, 13 de agosto de 2026

INDULTOS 

«Eres libre para escoger tus decisiones, pero no eres libre de escapar a las consecuencias de tus acciones». 

Saludos a todos. 

Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito 

El general Joaquín Lagos Osorio (QEPD) ejercía como Comandante en Jefe en Antofagasta al ocurrir el golpe de 1973. En octubre, la comitiva de Arellano Stark violó su autoridad al ejecutar a catorce presos políticos. Lagos acudió a la morgue y presenció las mutilaciones ejecutadas en los cuerpos de Alaniz, Silva, Moreno, Muñoz, Ruiz-Tagle, Cuello, Flores, Godoy, Bojanic, Cabrera, De la Vega, Arqueros, Valenzuela y Saavedra, quienes presentaban graves lesiones óseas y oculares. Horrorizado ante las acciones clandestinas, se negó a entregar los restos a las familias, viajó a Santiago a confrontar a Pinochet y renunció. Décadas después, su testimonio judicial fue la pieza clave para el desafuero del dictador. 

La disidencia ética dentro de las Fuerzas Armadas encuentra su capítulo más trágico en generales como Augusto Lutz Urzúa, Óscar Bonilla, Carlos Prats, Alberto Bachelet y el coronel Renato Cantuarias. Al igual que Lagos, estos oficiales manifestaron una enérgica oposición a los métodos de exterminio sistemático implementados por Manuel Contreras a través de la DINA. Su defensa de la Constitución y de los derechos humanos marcó su sentencia de muerte política y física dentro del régimen. Fueron asesinados mediante atentados con bombas, torturas directas en prisión o envenenamientos encubiertos dentro de los hospitales militares para silenciar de forma definitiva sus voces honestas. 

Complicidad Ciudadana 

Resulta una afrenta intolerable a la memoria colectiva que hoy los autores de esas barbaries pretendan evadir sus condenas definitivas. Aquellos represores que causaron mutilaciones severas y ejecuciones sumarias se amparan hoy en el gobierno derechista de José Antonio Kast. Utilizan la presión política para exigir indultos masivos y reclusión domiciliaria, intentando pasar un sadismo planificado como achaques de vejez. Exigen volver a sus casas sin mostrar arrepentimiento ni entregar el paradero de los desaparecidos. Suavizar el castigo a criminales de lesa humanidad consagra una impunidad estatal que la justicia internacional prohíbe de forma tajante. Además, es contradictorio que ciertos uniformados se declaren devotos religiosos mientras evitan asumir la devastación infligida al territorio nacional que denominan su patria. A sí mismo, esta impunidad se refuerza con la sucia estrategia militar de asegurar escaños en ambas cámaras, operando desde el Congreso como un contrapeso para blindar sus propios intereses, ante la complicidad de una ciudadanía ciega y servil que entrega su voto para legitimar a sus propios verdugos. 

«Que el precio por hacer lo correcto, nunca es demasiado alto». 

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PARDONS

"You are free to choose your decisions, but you are not free to escape the consequences of your actions."

Greetings to everyone.

General Joaquín Lagos Osorio (RIP) was serving as Commander-in-Chief in Antofagasta when the 1973 coup occurred. In October, Arellano Stark's delegation violated his authority by executing fourteen political prisoners. Lagos went to the morgue and witnessed the mutilations inflicted upon the bodies of Alaniz, Silva, Moreno, Muñoz, Ruiz-Tagle, Cuello, Flores, Godoy, Bojanic, Cabrera, De la Vega, Arqueros, Valenzuela, and Saavedra, who presented severe bone and ocular injuries. Horrified by the clandestine actions, he refused to return the remains to the families, traveled to Santiago to confront Pinochet, and resigned. Decades later, his judicial testimony became the key piece for stripping the dictator of his legal immunity.

Ethical dissent within the Armed Forces finds its most tragic chapter in generals such as Augusto Lutz Urzúa, Óscar Bonilla, Carlos Prats, Alberto Bachelet, and Colonel Renato Cantuarias. Like Lagos, these officers manifested energetic opposition to the systematic extermination methods implemented by Manuel Contreras through the DINA. Their defense of the Constitution and human rights sealed their political and physical death sentences within the regime. They were assassinated through bomb attacks, direct torture in prison, or covert poisonings inside military hospitals to definitively silence their honest voices.

Citizen Complicity

It remains an intolerable affront to collective memory that today the authors of those barbarities attempt to evade their definitive prison sentences. Those oppressors who caused severe mutilations and summary executions shelter themselves under the right-wing government of José Antonio Kast. They utilize political pressure to demand massive pardons and house arrest, trying to pass off planned sadism as the ailments of old age. They demand to return home without showing any remorse or revealing the whereabouts of the disappeared. Softening the punishment for criminals of lesa-humanity establishes a state impunity that international justice strictly forbids. Furthermore, it is contradictory for certain uniform-wearers to declare themselves religious devotees while avoiding responsibility for the devastation inflicted upon the national territory they call their homeland. Likewise, this lack of accountability is reinforced by the dirty military strategy of securing seats in both chambers, operating from Congress as a counterweight designed to shield their own interests against the complicity of a blind, servile citizenry that surrenders its vote to legitimize its own executioners.

"May the price for doing the right thing never be too high."

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