jueves, 11 de junio de 2015

La pobreza sigue viva en Argentina

Almuerzo en un comedor del barrio de Los Tronquitos. / RICARDO CEPPI (RICARDO CEPPI)

El Gobierno argentino provoca una polémica al afirmar que el país tiene mejores datos de pobreza que Alemania

CARLOS E. CUÉ / ALEJANDRO REBOSSIO Florencio Varela 11 JUN 2015 - 13:06 CEST


La polémica por las cifras de la pobreza que domina los medios en Argentina resuena un poco lejos en Los Tronquitos (Florencio Varela), a 32 kilómetros de Buenos Aires. Allí la gente está a otra cosa: a sobrevivir. “Me pongo un poco mal cuando escucho que dicen que solo hay un 5% de pobreza y estamos mejor que Alemania. Aquí siempre hubo pobres. Los chicos [niños] están un poco mejor que hace 16 años, cuando empecé a dar comidas, ya no veo casos de malnutrición, pero hay muchas necesidades”, cuenta Modesta Álvarez, que con 69 años y nueve hijos dirige un comedor popular que alimenta cada día a 100 niños, algunos de sus padres, y varias menores embarazadas.

Entre ellas está una chica de 16 años, hija de Natalia Núñez, que dejó la droga y la prostitución hace poco y ahora va a ser abuela con 36 años. “Es mentira que haya tan pocos pobres, todos tenemos la asignación por hijo pero con los 1.000 pesos (95 euros) que me dan por dos chicos no comés. Yo cuido a una abuela, gano otros 4.000 (380 euros) y aún así no llego. La inflación te mata”, relata esta mujer que tiene otra hija en España.

Argentina vive desde hace 48 horas una gran polémica porque la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, aseguró que la pobreza está por debajo del 5%. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, llegó a decir que Argentina está mejor que Alemania, que “no la está pasando bien en términos de pobreza”. Cualquier parecido entre un barrio pobre de Alemania y este de Los Tronquitos es inviable. Las casas son de madera y chapa, y los caminos, de tierra con socavones que impiden el paso cuando llueve. No hay cloacas ni agua corriente, solo pozos. “No tenemos luz y estamos rodeados de conejos, cerdos y perros que contagian enfermedades a los chicos. Aquí todo es precario, se agarran unas infecciones tremendas, cuando sacas la ropa a secar se queda el pelo de los cerdos y los perros y te llega de todo”, se queja Beatriz Ituarte, otra vecina. “Antes se podía vivir con un sueldo bajo. Ahora con 5.000 pesos (475 euros) y cuatro chicos no llegamos, nos falta de todo”, asegura.

En Florencio Varela, un municipio pobre y kirchnerista, niegan las cifras de Fernández

“Muchas veces escuché que hay pocos pobres en Argentina. Que vengan acá. Nos dan dos kilos de leche en polvo al mes y no basta”, se queja Dana, con su bebé en brazos lista para alimentarlo en el comedor que se llama El Pan Nuestro de Cada Día.

El Gobierno ha dejado de contar pobres oficialmente desde 2013. Otras instituciones, como una central sindical oficialista, la CTA, dicen que no es el 5% sino el 18%, un nivel similar al que Brasil reconoce oficialmente. Los trabajadores del instituto de estadísticas, que critican que el Gobierno haya intervenido los datos, hacen sus propios cálculos y la sitúan en el 25%. “La pobreza bajó mucho desde 2001, cuando estábamos en el quinto infierno y superamos el 50%. Pero ahora está volviendo a subir por la crisis, volvemos a niveles de los años noventa, por eso el Gobierno oculta los datos. Es ridículo hablar del 5%. No podemos ocultar la pobreza ni la inflación, hay que recuperar el Indec (centro de estadísticas) con datos reales”, sentencia Raúl Llaneza, delegado sindical de los trabajadores del Indec.

La polémica persiste pero es en estas zonas pobres donde más fuerza tiene el kichnerismo. En Florencio Varela, el municipio con más necesidades insatisfechas del gran Buenos Aires, ganó en 2013 con el 46% y tiene un alcalde fiel a la presidenta. El Estado manda la comida que sirve Modesta, ha puesto una guardería pública para 30 niños al lado del comedor y un consultorio en un contenedor en medio de un descampado donde hoy atiende un oculista a unas 50 personas.

El Estado, con sus ayudas por hijo y sus programas sociales, es el único clavo al que agarrarse en Los Tronquitos. Y la mejoría desde 2001 vuelca el apoyo hacia la presidenta. Juan Carlos, guarda del comedor, lo tiene claro: “La gente se siente muy identificada con Cristina, hay planes que antes no había”. Muchos no están de acuerdo con sus estadísticas optimistas, pero la seguirían votando si se pudiera presentar de nuevo en octubre.

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