domingo, 7 de junio de 2015

Rajoy prepara una remodelación que podría restar poder a la vicepresidenta

«Los cambios no van a ser cosméticos, serán de fondo»

MAYTE ALCARAZABCESPANA / MADRID - Día 07/06/2015 - 15.20h


Mariano Rajoy habló más de tres horas con María Dolores de Cospedal dos días después del desastre electoral que diluye en un vaso de agua todo su poder territorial. La secretaria general del PP, sabedora de que empezaba a estar en el punto de mira, le hace un diagnóstico detallado de los males que aquejan a su partido. Y al Gobierno. Porque por primera vez en tres años largos de mandato, un miembro relevante de Génova le dice al presidente lo que muchos murmuran: el Ejecutivo y el partido no hablan, no se entienden, no se protegen. O dicho en otras palabras: la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la propia Cospedal no es que mantengan una mala relación, es que no la tienen. Así de sencillo.

Mensaje recibido: cuatro días después de la debacle, Rajoy intenta cambiar la dinámica y pide a la vicepresidenta que salga en defensa de Cospedal públicamente, tras ser señalada por los barones como responsable de los resultados por su doble dedicación al Gobierno de Castilla-La Mancha y a la sala de máquinas del partido. Santamaría cierra filas con la dirigente popular en un acto público. Un alto responsable territorial compara la actual situación con la de las legislaturas de Aznar: «El expresidente sabía que tan importante era ejercer el poder como coordinar al Gobierno con Génova. Por eso nombró a Ángel Acebes coordinador general. Y funcionó. Ahora esa figura no existe y lo hemos pagado», apunta.

Un coordinador general

Este esquema sale a relucir durante toda la semana que acaba hoy en las charlas que mantiene el presidente con cargos de su partido. Entre otros, el presidente gallego Alberto Núñez Feijóo, partidario de que sus compañeros, los barones, «asuman responsabilidades en la derrota del 24-M» pero muy crítico también con la política de comunicación. En este sentido, recuerda cómo en época de Aznar su vicepresidente, Francisco Álvarez Cascos, servía de «escudo» al «jefe», figura inexistente ahora. Todos los interlocutores de Rajoy, según ha sabido ABC, coinciden en algo: hay que dotar al partido de un portavoz político fuerte, que revitalice en seis meses la estrategia institucional pero también electoral, con vistas a los difíciles comicios de final de año, en los que Rajoy se medirá personalmente en un fragmentado espectro político, inédito en la democracia española.

Y todos concluyen que ese papel no lo ejerce Sáenz de Santamaría, depositaria sin embargo de un importante poder político «que es hora de cambiar», conceden. Por ello, nadie duda de que losnombramientos de las próximas semanas irán encaminados a «restar algo de influencia a la vicepresidenta del Gobierno», aunque en modo alguno prescindirá de ella, «ya que es una figura indispensable en el engranaje interno de la maquinaria del Estado», matiza un ministro. Entre algunos miembros del Gobierno cercanos a Rajoy se reprocha a la portavoz «su falta de compromiso en sus comparecencias semanales con los asuntos más espinosos e incómodos que afectan a Rajoy». Algunos recuerdan cómo «la excelente relación» que mantiene con algunos medios no se ha traducido en beneficio de la imagen del Ejecutivo. Sin embargo, recuerda el interlocutor de ABC, «la vicepresidenta siempre ha encabezado los sondeos de valoración de ministros, por encima muy de lejos del propio jefe».

Licencias de televisión

Por eso, Rajoy ha decidido asumir personalmente los cambios más trascendentes de su vida política. Si acierta, podrían servir para recuperar la confianza de los españoles que le han privado en las municipales de 2.500.000 de votos, pese a que el PP ha sido el partido más apoyado, superando en dos puntos al PSOE. Si fracasa, la brecha con la sociedad podría hacerse insalvable poniendo en peligro su segundo mandato. Lo cierto es que el presidente no se ha apoyado en esta ocasión en su número dos en el Ejecutivo para pilotar la renovación. Tanto es así, que un responsable territorial sostiene que está decidido a dirigir él asuntos que antes gestionaba Santamaría, como el reparto de licencias de televisión. «Eso va a cambiar a partir de ahora», dijo Rajoy a una dirigente popular.

Los cambios que prepara Rajoy -«no van a ser cosméticos, sino de fondo», le dijo a un ministro hace unos días-, podrían ir encaminados a cubrir esa plaza de coordinador general. El nuevo «Acebes» podría ser el actual ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, que, según las fuentes consultadas por este periódico aúna una estrecha relación con la vicepresidenta (ella le nombró portavoz parlamentario) y un más que fluido trato con la dirección del partido. Es decir, con Cospedal. Sobre los hombros del nuevo coordinador recaería una doble función: servir de puente entre Moncloa y Génova pero también tendría que sostener un mensaje empático y convincente, capaz de dar réplica al de la izquierda política y mediática. De hecho, uno de los reproches más repetidos entre los dirigentes populares es la «incomparecencia» de voces autorizadas del PP en los programas más hostiles a las políticas del Gobierno. A ese silencio se atribuye «el crecimiento electoral de las formaciones emergentes, muy especialmente de Podemos, pero también de Ciudadanos, competencia directa en la derecha, que han explicado la realidad a su manera en una época de amplia sensibilidad social contra los recortes del Gobierno», según un barón popular.

A este respecto, también suena Pablo Casado, coordinador de campaña y experto en redes sociales, como figura emergente para asumir alguna de las vicesecretarías del partido que podrían abandonar Esteban González Pons y/o Carlos Floriano. Sin olvidar que el Consejo de Ministros tendrá que asumir alguna baja más. La primera, la del titular de Educación, José Ignacio Wert, que ha pedido abandonarlo para ser nombrado embajador ante la OCDE, siguiendo los pasos de su pareja, Montserrat Gomendio, exsecretaria de Estado que ostenta ya la dirección adjunta en este organismo internacional. También Luis de Guindos, ministro de Economía, prepara su candidatura para presidir el Eurogrupo, aunque no le obligaría a abandonar un Gobierno que termina su mandato en apenas seis meses.

JOSÉ RAMÓN LADRA
El equipo de Gobierno de Mariano Rajoy

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