viernes, 24 de julio de 2015

El Estado Islámico ataca al Ejército turco desde Siria

Varios cuerpos cubiertos tras producirse la explosión de un artefacto en Suruç (Turquía) el 20 de julio de 2015. / DICLE NEWS AGENCY

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Turquía prepara un muro para evitar la infiltración de terroristas desde el país vecino

Turquía entra de lleno en la guerra contra el Estado Islámico en Siria

ANDRÉS MOURENZA Estambul 24 JUL 2015 - 11:18 CEST


En un nuevo giro de los acontecimientos en la frontera turco-siria, donde en los últimos días se han producido varios atentados y asesinatos, el Estado Islámico se enzarzó este jueves por primera vez en un combate transfronterizo con el Ejército turco, en lo que, según los analistas locales, forma parte de una estrategia del grupo yihadista por extender el conflicto más allá de Siria. El ataque, desencadenado cuando los yihadistas trataban de evacuar a un herido a través de la frontera, se produjo el mismo día que ha trascendido que Ankara permitirá a los aviones de EE UU utilizar la base de Incirlik para sus bombardeos en Irak y Siria.

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En torno a las 13.30 hora local, cinco milicianos del Estado Islámico (EI) abrieron fuego desde suelo sirio contra un puesto de vigilancia de las Fuerzas Armadas de Turquía en la provincia suroriental de Kilis, fronteriza con territorio controlado por los yihadistas. De acuerdo a un comunicado del Estado Mayor del Ejército, los milicianos del EI iban armados con lanzacohetes y fusiles Kaláshnikov, y en el ataque murió un sargento turco y dos cabos fueron heridos. Los militares turcos respondieron con intenso fuego de artillería desde los tanques posicionados en ese punto de la frontera en un combate que se prolongó cuatro horas. Tres vehículos del EI fueron destruidos y al menos uno de los atacantes fue abatido.

En declaraciones a la cadena HaberTürk, un representante del Movimiento Turcomano, con presencia en el norte de Siria, explicó que el choque entre el Ejército y el EI se produjo cuando los yihadistas trataban de evacuar a un herido a través de la frontera turca, pero los militares les cerraron el paso.

Bases al servicio de EE UU

El ataque llega en un momento de gran tensión en la frontera turco-siria y en el mismo día en que ha trascendido que Turquía ha accedido, tras meses de presión de Washington, a permitir el uso de su base aérea de Incirlik a los aviones de la Coalición contra el EI que dirige EE UU. Igualmente, y en lo que supone un cambio respecto a su anterior política, Ankara ha reforzado la seguridad fronteriza enviando un importante contingente de fuerzas especiales a Kilis y ha anunciado planes para construir un muro de protección que evite la infiltración de “terroristas”.

Además, este jueves un policía de tráfico murió y otro resultó gravemente herido en la ciudad kurda de Diyarbakir (sureste) en una emboscada perpetrada por dos enmascarados. Este incidente se produce sólo un día después de que otros dos agentes fueran asesinados en su casa en la localidad de Ceylanpinar, fronteriza con Siria, en una acción reivindicada por el grupo armado kurdo PKK como “represalia” por el atentado cometido el lunes por el Estado Islámico contra un grupo de jóvenes izquierdistas pro-kurdos que mató a 32 personas. El PKK, que mantiene estrechos lazos con las milicias kurdo-sirias YPG, en lucha contra el EI, culpa directamente al Gobierno islamista moderado turco de la “masacre de Suruç” y lo acusa no sólo de apoyar a los yihadistas —hecho que el Ejecutivo niega— sino de usarlos de “tapadera” en su lucha contra los kurdos. Por ello, el PKK ha dado por terminado el alto el fuego que mantenía desde hace dos años y sus ataques se han multiplicado esta semana.

De hecho, la organización juvenil del PKK ha reivindicado la “ejecución” de un presunto integrante del EI, Mürsel Gül, un vendedor de jabón que fue abatido de cuatro disparos el martes en el extrarradio de Estambul. Aunque se desconoce si Gül estaba realmente implicado en el EI, había lanzado proclamas a favor del autor del atentado de Suruç en las redes sociales. Otro islamista radical, aunque aparentemente sin relación con el EI, fue asesinado en la ciudad de Adana (sur) por un presunto militante del PKK. En esa misma ciudad, la sede de un partido kurdo fue atacada con granadas la noche del miércoles.

Al mismo tiempo, en la conservadora ciudad de Konya (Anatolia Central), un grupo de simpatizantes del EI atacó varias casas dentro del barrio kurdo y amenazó a los vecinos con decapitarlos, según la agencia Firat. Las protestas en todo el país contra el atentado de Suruç han sido atacadas en algunas ciudades por grupos anti-kurdos y, en otros casos, duramente reprimidas por la policía, con un saldo de al menos dos docenas de heridos y decenas de detenidos.

Por el momento, el PKK —en las listas de grupos terroristas de Turquía, la UE y EE UU — ha hecho oídos sordos a los llamamientos a la calma del considerado su brazo político, el Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP), con 80 diputados en el Parlamento turco. Su líder, Selahattin Demirtas, avisó de que “la sangre no se lava con sangre”. “Ya ha muerto demasiada gente, lo que nos entristece”, lamentó.

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