miércoles, 8 de julio de 2015

El papa Francisco reclama a los gobernantes que eviten la represión

FOTOGALERÍA: MISA DEL PAPA FRANCISCO EN GUAYAQUIL. El papa Francisco saluda a los fieles este martes en Quito. / DOLORES OCHOA (AP)

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“Los jóvenes sin empleo se ven abocados a la depresión, el suicidio o a proyectos de locura social”

El Papa: “Nuestra fe es revolucionaria”


PABLO ORDAZ (ENVIADO ESPECIAL) Quito 8 JUL 2015 - 04:11 CEST


El papa Francisco pidió este martes a los gobernantes latinoamericanos que inspiren sus leyes en la inclusión y el diálogo para que “la represión, el control desmedido y la merma de libertades” que asolaron la región se queden “en el doloroso recuerdo”. Durante un encuentro con la sociedad civil celebrado en Quito, y en el que participaron desde empresarios a comunidades indígenas, Jorge Mario Bergoglio pidió que el crecimiento económico llegue a todos “y no se quede en las estadísticas macroeconómicas”.

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Las palabras del Papa tienen especial relevancia por la situación política que atraviesa Ecuador, donde el presidente, Rafael Correa, recibe desde hace semanas una fuerte contestación social por su forma de gobernar, que algunos consideran demasiado autoritaria. Jorge Mario Bergoglio dijo que tanto Ecuador como muchos otros países latinoamericanos tienen por delante problemas de gran calado – “la migración, la concentración urbana, el consumismo, la crisis de la familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza”—que provocan grandes tensiones y constituyen una amenaza a la convivencia.

Ante ello, Francisco repitió una frase lentamente, como si fuese una jaculatoria: “Nadie puede quedar excluido”. Con gran amargura, endureciendo un discurso que ya de por sí tenía gran contenido reivindicativo, el Papa alertó sobre la situación desesperanza de muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan y que son arrojados a “la tristeza, a la depresión, el suicidio o a enrolarse en proyectos de locura social”. Bergoglio pidió –como ya hizo recientemente en su encíclica sobre ecología—un cambio radical de valores: “En el ámbito social esto supone asumir que la gratuidad no es complemento sino requisito necesario de la justicia. Lo que somos y tenemos nos ha sido confiado para ponerlo al servicio de los demás, nuestra tarea consiste en que fructifique en obras de bien. Los bienes están destinados a todos, y aunque uno ostente su propiedad, pesa sobre ellos una hipoteca social. Se supera así el concepto económico de justicia, basado en el principio de compraventa, con el concepto de justicia social, que defiende el derecho fundamental de la persona a una vida digna”.

Bergoglio, que fue interrumpido por aplausos en numerosas ocasiones, también se refirió al cuidado del medio ambiente: “La explotación de los recursos naturales, tan abundantes en el Ecuador, no debe buscar el beneficio inmediato. Ser administradores de esta riqueza que hemos recibido nos compromete con la sociedad en su conjunto y con las futuras generaciones, a las que no podremos legar este patrimonio sin un adecuado cuidado del medioambiente, sin una conciencia de gratuidad que brota de la contemplación del mundo creado”.

Unos momentos antes, el Papa mantuvo un encuentro con el mundo de la educación en la Universidad Pontificia de Ecuador. Bergoglio preguntó a los educadores: “"¿Velan por sus alumnos, ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy?”. A los jóvenes universitarios les dirigió una pregunta retórica para pedirles que sean solidarios con quienes no tienen tantas oportunidades: “¿Saben que este tiempo de estudio, no es sólo un derecho, sino un privilegio que tienen?”

Francisco pidió que la posesión de un título universitario no fuese exhibido “como sinónimo de mayor estatus, dinero y prestigio social”, sino como un signo de responsabilidad hacia “frente el cuidado del más pobre, frente al cuidado del ambiente”.

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