jueves, 16 de julio de 2015

El Parlamento japonés aprueba la ley que da más poder a su Ejército

El Parlamento japonés en la votación sobre el Ejército, hoy en Tokio. / SHUJI KAJIYAMA (AP)

La iniciativa, rechazada por gran parte de la opinión pública, permitirá a las Fuerzas Armadas actuar fuera de su territorio

Japón dispara el rearme en Asia

XAVIER FONTDEGLÒRIA / MACARENA VIDAL LIY Pekín 16 JUL 2015 - 13:12 CEST


El Parlamento japonés ha aprobado este jueves el proyecto de ley de seguridad nacional que permitirá que las Fuerzas Armadas del país participen en operaciones en el exterior por primera vez desde el fin de la II Guerra Mundial. Los cambios legislativos, que han suscitado una fuerte oposición entre la opinión pública, posibilitan que el Ejército pueda actuar en conflictos bélicos para proteger a sus aliados o relajan los límites a la participación en operaciones de mantenimiento de paz.

La reforma del papel del Ejército es una de las grandes apuestas personales del primer ministro, Shinzo Abe. Hasta ahora la Constitución pacifista japonesa prohibía que las Fuerzas de Autodefensa entraran en combate fuera de sus fronteras, pero la reinterpretación del texto por parte del Gobierno el año pasado -con la inclusión del concepto "autodefensa colectiva"- abrió la puerta a estos cambios legislativos.

La propuesta de ley fue apoyada por mayoría absoluta gracias a los votos del Partido Liberal Demócrata (PLD) de Abe y los de sus socios de Gobierno, Nuevo Komeito. Cinco formaciones de la oposición abandonaron el hemiciclo durante la votación para protestar contra unos cambios que consideran que no se han debatido suficientemente y que dividen el país. El jefe de la oposición, Katsuya Okada, calificó la ley como "una mancha en la democracia" y recordó que "el 80% de los ciudadanos estima que las explicaciones que se les han dado son insuficientes", informa Efe.

Si bien la propuesta se aprobó sin trabas en el Parlamento, fuera de la cámara Abe se está encontrando más problemas de los previstos.La opinión pública, según los sondeos, se encuentra cada vez más en contra y destacados expertos constitucionales han puesto en duda públicamente la legalidad de las medidas. Una encuesta reciente de la cadena Nippon TV calcula que prácticamente el 60% de los encuestados rechaza la propuesta, mientras que solo un 25% la apoya.

La voluntad de reforzar el papel del Ejército también está pasando factura a la popularidad de Abe: un 41% desaprueba su gestión frente al 39% que lo apoya, unos niveles nunca vistos desde que llegó al poder a finales de 2012. Un grupo de más de 200 expertos en Derecho envió una carta abierta al Gobierno nipón para reclamar que abandonara la reforma. El profesor Setsu Kobayashi, de la Universidad Keio, alegó que el uso del rodillo parlamentario para forzar su aprobación sería “el comienzo de la tiranía”. Miles de personas se manifestaron este jueves ante la sede del Parlamento nipón en contra de la medida y pidiendo la dimisión de Abe.

"La situación de seguridad en torno a Japón es cada vez más difícil. Esta ley es vital para defender a los ciudadanos japoneses y prevenir la guerra", aseguró Abe tras la votación. Durante su visita a Estados Unidos en abril, en la que se cerró la actualización de la alianza militar entre los dos países, Abe prometió hacer aprobar la reforma ante el cada vez mayor desarrollo de las Fuerzas Armadas chinas y los crecientes conflictos en aguas de los mares del Sur y el Este de China.

Es una reforma que, como recuerda Luis Simón, miembro asociado del centro de estudios FRIDE y profesor en la Universidad Libre de Bruselas, se enmarca “dentro de un proceso más amplio en la política expansiva del papel de Japón en los últimos dos años”, y que además de la actualización de la alianza con EE.UU. también incluye una profundización de los lazos diplomáticos y de seguridad con otros países de la zona -como Australia o Filipinas- o incluso la OTAN y la UE.Otros expertos, como el profesor visitante Kunihiko Miyake, de la Universidad Ritsumeikan, en cambio defienden las medidas: “ha llegado el momento, dadas las circunstancias internacionales, de cambiar a un pacifismo más realista. Estamos en una época de transición de la seguridad nacional”.

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