miércoles, 8 de julio de 2015

Putin trata de mostrar que Rusia no está aislada

Vladimir Putin durante una sesión del Kremlin / ALEXEI NIKOLSKY (AP)

La cumbres de los BRICS y la de la Organización de Cooperación de Shanghái dan la oportunidad a Moscú de establecer lazos fuera de Occidente

PILAR BONET Moscú 8 JUL 2015 - 11:33 CEST


Dos citas de jefes de Estado de cuatro continentes en territorio ruso dan esta semana al presidente Vladímir Putin una ocasión de mostrar a EE UU y sus aliados occidentales que el Kremlin, pese a ser castigado por su rumbo en Ucrania, no está aislado desde el punto de vista político, económico y de seguridad.

Las citas en las que Putin tratará de afianzar su liderazgo internacional son las cumbres de los países BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái, que se celebran el 8 y 9 de julio respectivamente en Ufá, ciudad situada a más de 1100 kilómetros al este de Moscú, entre el río Volga y los Urales.

La organización BRICS (Brasilia, India, China, Sudáfrica y Rusia), surgió en 2006 como un club de potencias emergentes dispares y, en parte dispersas geográficamente, cuyo denominador común es lainsatisfacción por el actual reparto de peso e influencia en los mecanismos de decisión del sistema político y financiero internacional, dominado por EE UU.

La Organización de Cooperación de Shanghái (Rusia, China, Kazajistán, Kirguizistán, Uzbekistán y Tadzhikistán), a su vez, tiene carácter regional y fue fundada en 2001 para integrar a países centroasiáticos postsoviéticos con sus dos grandes vecinos, Rusia, la antigua metrópoli colonial, y China, el país que ha tomado el relevo económico en la región. India, Pakistán e Irán han solicitado el ingreso en la OCSH, entre cuyos grandes retos está la inestabilidad de Afganistán y la contención del islamismo radical en Asia Central.

A los países BRICS les corresponde el 28% del PIB mundial, pero su peso en el Fondo Monetario Internacional (FMI) es del 11% de los votos, según subrayaba la agencia oficial rusa TASS al informar el martes sobre el lanzamiento en Moscú de las primeras instituciones financieras del grupo, el Nuevo Banco de los BRICS y un fondo común de divisas de reserva, dotados con un capital de 100.000 millones de dólares respectivamente.

El banco de los BRICS se especializará en proyectos de inversión en infraestructuras para allanar obstáculos para el desarrollo del negocio privado y estatal, según el ministro de Economía de Rusia, Alekséi Uliukáiev. El ministro de Finanzas, Antón Siluánov, por su parte, anunció que el ex jefe del banco de India, Kundapur Vaman Kamatj, ha sido elegido primer presidente del nuevo banco.

En cuanto al fondo, se trata de un mecanismo de ayuda mutua entre los bancos centrales de los países miembros para facilitarse recursos “en caso de que surjan problemas con la liquidez en dólares” con el fin de mantener la “estabilidad financiera”, señala una nota de prensa del banco central de Rusia. China aportará al fondo 41.000 millones de dólares, Brasilia, India y Rusia, 18.000 millones de dólares respectivamente, y Sudáfrica, 5.000 millones de dólares.

Al establecer estas instituciones, los países BRICS, y sobre todo China, “quieren demostrar su convicción de que el enfoque occidental no incorpora (o pospone la incorporación) de las potencias emergentes en el proceso global de toma de decisiones y que esto no se puede seguir tolerando” escribe Serguéi Aleksáshenko, en un análisis sobre los BRICS recién publicado por el Center of Global Interests (CGI). Aleksáshenko, ex vicepresidente del Banco Central de Rusia, subraya que el mayor obstáculo para el desarrollo de ambos instrumentos es la “obvia disparidad de intereses entre los países miembros de los BRICS”. “Rusia y en menor medida Brasil impulsan activamente una política antiamericana y promueven la idea de una alianza internacional de países deseosos de librarse del dólar”, afirma el experto. “Otros miembros de BRICS, comenzando por China buscan sobre todo beneficios económicos y hasta ahora se han mostrado reacios a utilizar sus recursos para apoyar aventuras políticas que pueden llevar a un enfrentamiento con Occidente”, opina Aleksáshenko.

A resultas de las sanciones impuestas a Moscú por la anexión de Crimea y su política en el Este de Ucrania, Moscú se enfrenta a dificultades para obtener financiación. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), una entidad creada en 1991 para ayudar a los países en transición poscomunista, congeló la financiación de nuevos proyectos en Rusia en 2014 y el nuevo banco de los BRICS puede ser una fuente alternativa de inversiones. Sin embargo, hasta el momento las inversiones no se han concretado y los rusos están descubriendo en la práctica que el dinero chino en el que confiaban se muestra precavido a la hora de invertir en proyectos de riesgo en Rusia.

Si se tienen en cuenta las realidades económicas de los países BRICS, “Rusia de hecho intenta crear un sistema que será controlado por China, indiferente a las sutilezas de la política interna de los socios, y no por el exigente EE UU”, opina Andréi Movchán director de programas de política económica del centro Carnegie en Moscú. Las autoridades rusas consideran su “permanencia inmutable” en el poder como una “prioridad para el país” y ven como “principal peligro” la "influencia externa en la política interna”, por lo que “no tienen nada que perder” en la creación de las instituciones financieras de los BRICS, incluso si sus posibilidades éxito son bajas, según Movchán.

China es la economía dominante en BRICS, pero este foro “difícilmente puede ser considerado un instrumento estratégico a largo plazo” para la política de Pekín, advierte Aleksáshenko. Pekín ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), que es un competidor directo del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS y tiene su propio proyecto de integración, “Un cinturón, Un camino”, con mejores perspectivas que la integración basada en los BRICS, señala Aleksáshenko. El proyecto chino tratar de fomentar las relaciones económicas entre países vecinos por medio del desarrollo de todo tipo de infraestructura de comunicaciones, desde carreteras y puertos, a gasoductos y oleoductos, redes de electricidad y telecomunicaciones. El BAII fue fundado a fines de marzo y contará con un capital inicial de 50.000 millones de dólares y sede en Pekín. La iniciativa fue lanzada en octubre pasado por China y otros 20 países asiático y a ella se ha incorporado distintos países occidentales, incluida España.

Según el ministro de Finanzas de Rusia, Antón Siluánov, el BAII y el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS pueden ser concesionarios en la financiación de proyectos de inversión en el marco de “la ruta de la Seda”, que es parte del proyecto de integración chino. Hoy por hoy el banco de los BRICS dará prioridad al desarrollo de la infraestructura de los países miembros, según dijo el ministro Siluánov, quien no excluyó que en “un futuro distante” pueda financiar proyectos en Grecia. Según el ministro, Rusia no tiene necesidad de utilizar el fondo de reservas creado en el marco de los Brics. Las grandes compañías rusas , como Rosneft, son ya candidatos a los recursos del banco, cuyos primeros proyectos deben aparecer antes de fin de año, dijo el ministro. Según los pronósticos del ministerio de Finanzas, la fuga de capitales de Rusia en 2015 oscilará entre los 70 y los 80 mil millones de dólares en lugar de los 100 mil millones de dólares que se habían pronosticado, aventuró el ministro.

Por otra parte, Rusia ha encontrado un inversor en Arabia Saudí. Este país invertirá 10.000 millones de dólares en proyectos conjuntos con el Fondo Ruso de Inversiones Directas (FRID) y el fondo soberano Public Investment Fund (PIF), según confirmó Kiril Dmitriev, el jefe del FRID a la agencia rusa Interfax. La mayoría de los proyectos se realizarán en Rusia. Dmitriev precisó que se trata de la mayor inversión extranjera en la historia de la institución. Antes el récord estaba en el Fondo de los Emiratos Árabes que había invertido 7000 millones. Las prioridades entre otras son infraestructura, agricultura, medicina, logística, venta al por menor e inmobiliaria. El Fondo ruso espera realizar cerca de diez proyectos, con inversiones de cerca de 1000 millones de dólares, de los cuales siete han recibido ya luz verde provisional. Según Dmitriev los recursos serán entregados por el plazo de 4 a 5 años. El mismo esquema empleado con Arabia Saudita se utilizó ya en el marco del fondo de inversión ruso-chino. El fondo ruso firmó un acuerdo con otros fondos soberanos de Arabia Saudí, Saudi Arabian General Investment Authority (SAGIA). Esta última institución debe ayudar a las empresas rusas a salir al mercado árabe. Dmitriev dijo que al logro del acuerdo había contribuido la visita del príncipe heredero de Arabia Saudí, Mujammad ben Salmán, al Foro Económico Internacional de San Petersburgo, donde se reunió con el presidente Putin.

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