jueves, 13 de agosto de 2015

Colombia abre el Museo Efímero del Olvido para repensar su pasado

Una de las instalaciones del Museo Efímero del Olvido. / CAMILO ROZO

La Universidad Nacional de Bogotá acoge el Museo Efímero del Olvido, una muestra de 46 proyectos

JAVIER LAFUENTE Bogotá 13 AGO 2015 - 00:01 CEST


En un momento en el que la memoria se ha vuelto una obsesión para Colombia, ansiosa como anda por poner punto y aparte a un conflicto con la guerrilla de las FARC de más de 50 años y siete millones de víctimas, la apuesta por lo efímero y el olvido, la gran crítica, por otra parte, que siempre ha recibido el país, marca una de las propuestas más interesantes del momento artístico. Enfrentarse a la relación con el pasado, a sabiendas que nunca se podrá recuperar tal como fue, es el eje sobre el que se ha construido un particular Museo Efímero del Olvido.

“La memoria se convirtió en un receptáculo de todo, como si solo fuésemos a pasar a otro estado si empezamos a recoger todo. Tenemos una angustia generalizada. La intención era dar otra dimensión a la memoria, ampliar las formas en que podemos pensarla”, explica una de las comisarias de la muestra, Cristina Lleras, que durante años trabajó al frente de la curaduría del Museo Nacional. “Se trata de una atención entre olvido y recuerdo y no solo una acumulación de testimonios que luego nadie sabe interpretar o qué hacer con ellos. El olvido, pensado como el que necesitas para recordar, puede ser útil”.

La muestra


Postal del proyecto 'Lenin viene'.

Los proyectos del Salón Regional de Artistas de Zona Centro (Bogotá, Boyacá y Cundinamarca) se exponen en la Universidad Nacional y en la localidad de Duitama.

La muestra se estructura por ejes como Historia como ficción, Testimonio, Traiciones a la memoria o Reescritura del pasado.

Hasta el 5 de septiembre se celebrarán en la UN el ciclo de charlas Olvídate. Conversar sobre el olvido y el ciclo documental No olvides mañana lo que puedes olvidar hoy, donde se estrenará el filme La siberia

En www.efímero.org se puede acceder a cinco proyectos exclusivos de Internet

El Museo Efímero del Olvido abrió sus puertas el pasado 5 de agosto y desaparecerá, al menos tal y como está concebido, el 5 de septiembre. Hasta entonces, 46 proyectos del Salón Regional de Artistas Zona Centro, que engloba creadores, en su mayoría jóvenes, de los departamentos de Bogotá, Cundinamarca y Boyacá, se muestran en la Universidad Nacional, en Bogotá y en la ciudad de Duitama, en Boyacá. Cada uno de ellos plantea la relación con el pasado y el futuro de una manera diferente, con formatos heterogéneos. Mientras que algunos resultan pedagógicos, con otros se tiene la sensación de que lo mejor transcurrió durante el proceso de la obra.

En realidad, el museo se vuelve un tanto sospechoso porque, ¿dónde se encuentra? Al entrar en el campus de la Universidad Nacional, con su característica forma de búho, ese guiño eterno a la sabiduría que tan bien se percibe desde el aire, uno no es consciente de lo que puede llegar a encontrar. Apenas hay indicaciones para acceder a la muestra, el visitante deberá esforzarse para identificar las obras, distribuidas en distintos edificios del campus.

La ocupación del espacio no es casual. La Universidad Nacional, otrora epicentro contestatario de la capital y, por ende, del país, es una especie de cápsula del tiempo, un paseo, en cierto modo, por la historia reciente de Colombia. Los edificios datan de los años cincuenta, sesenta… Entre ellos destaca el de Ciencias Humanas, de Rogelio Salmona, uno de los grandes exponentes de la arquitectura latinoamericana. En su plazoleta se encuentra Historias de jardín,una obra de la artista Luz Ángela Lizarazo, dibujos en el suelo a partir del diseño de unas rejas, elaborados con alpiste y otras semillas para pájaros, por lo que durante el transcurso de la muestra la obra se irá distorsionando.

Además de instalaciones efímeras, la muestra, estructurada a partir de siete ejes —Promesas del desarrollo, Residuos del futuro, Mitologías de origen, testimonio, Historia como ficción, Traiciones de la memoria, Reescritura del pasado e Instante— incluye reflexiones y alteraciones de la historia, como en Lenin viene, donde Andrés Caycedo, a partir de postales de su abuelo, anuncia la visita del prócer soviético a Bogotá el próximo 25 de diciembre. Los pasquines de Lenin se encuentran en el recibidor de la Biblioteca, junto a la Historia Nacional del Olvido, la instalación con la que el Grupo Nietzsche ha intervenido los libros de historia más buscados en Colombia. “El pasado raramente nos deja satisfechos; estas propuestas nos permiten preguntarnos por el pasado que queremos”, ha escrito Lleras junto a María Soledad García, la otra comisaria de la muestra.

Cuando todo se esfume el 5 de septiembre será imposible hacer una evaluación empírica de la repercusión que ha tenido. Muchas obras habrán desaparecido y resulta imposible un conteo de visitantes al tratarse de un espacio como este. Nada que preocupe a Lleras, la impulsora del proyecto. “Se trata también de un juego, de retar esa idea de que un museo solo puede existir si tienes un edificio gigante y te gastaste millones de dólares, euros o pesos. Se trata de ver los museos desde la otra orilla, la del olvido”.

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