domingo, 30 de agosto de 2015

El jardín de las delicias de Monet en Normandía

ABC
Monet en su casa de Giverny en 1921

LOS PAISAJES DEL ARTE

Pasó más de cuarenta años pintando el edén que había creado en Giverny: flores y árboles exóticos, un estanque de nenúfares, un puente japonés... Es la obra de arte total


NATIVIDAD PULIDO - Día 30/08/2015 - 15.38h


Cerramos esta serie dedicada a los paisajes del arte con el paisaje artístico por excelencia, el sueño de todo artista: crear un edén con la única intención de pintarlo, de inmortalizar en el lienzo el paso del tiempo, los efectos de la luz a cada hora del día y sus reflejos en el agua.Claude Monet lo consiguió. En 1883 alquiló una casa en Giverny (Normandía), que acabó adquiriendo en 1890. Allí se instaló con su segunda mujer, Alice Hoschedé, y sus ocho hijos. Tres años después compró el terreno anexo a la vivienda para crear su propio paraíso particular: un idílico jardín de 15 hectáreas plagado de un centenar de especies de flores y árboles exóticos, con un puente japonés –amaba el arte oriental– y un estanque de nenúfares. «Mi más bella obra maestra es mi jardín», decía.

En realidad, es la obra de arte total. Monet se pasó los últimos cuarenta años de su vida retratando ese estanque acuático obsesivamente, sin cielo ni horizonte, en todo tipo de formatos: cuadrados, redondos... hasta llegar a los frisos panorámicos que hoy cuelgan en las dos salas de L’Orangerie en París, que André Masson consideraba la Capilla Sixtina del impresionismo. No siempre fue así. Durante años fue ninguneada por crítica y público.

Un tesoro en las Tullerías

Georges Clemenceau negoció con el pintor la donación al Estado francés de ocho paneles para este museo parisino (un antiguo naranjal), situado en las Tullerías de París, vecino del Jeu de Paume, frente a la Plaza de la Concordia. Aunque se inauguró tras la muerte de Monet, éste supervisó el proyecto hasta el último detalle. Se instalaron como él dispuso: los paneles mantienen una continuidad –solo interrumpida por los accesos de entrada– en dos salas ovaladas contiguas (forman el símbolo del infinito), diseñadas por Camille Lefèvre. 

Este espacio invita a la contemplación serena, sin prisas.

MUSEO MARMOTTAN MONET
«Impresión, sol naciente», de Monet

Pero hay en París otro lugar muy monetiano, aunque está fuera de los circuitos turísticos. Hablamos del Museo Marmottan Monet. Queda algo alejado del centro, cerca del Bois de Boulogne (en el número 2 de la rue Louis Boilly), pero merece la pena visitarlo. El edificio fue un pabellón de caza. Entre la impresionante colección de obras de Monet que atesora –94 lienzos, 29 dibujos y 8 carnets de dibujo– se halla su célebre lienzo «Impresión, sol naciente», de 1872, que dio nombre al movimiento impresionista, gracias al crítico Louis Leroy. Y no podemos olvidar en esta «Ruta Monet» el Museo d’Orsay, templo mundial del impresionismo, donde cuelgan obras maestras del pintor francés como «El almuerzo sobre la hierba» o «La estación de Saint-Lazare».

La casa y los jardines de Giverny

Pero la visita a estos tres museos parisinos quedaría coja sin una escapada a Giverny. Se puede visitar tranquilamente en un día. Desde París está a dos horas en tren, que nos deja en Vernon. Allí tomamos un bus hasta Giverny. Hordas de turistas peregrinan cada año a este santuario impresionista. Se visita la casa de Monet y sus bellísimos jardines. En verano pintaba del natural grandes bocetos del estanque y de la vegetación que hay en su orilla, que después pasaba a los lienzos. Tuvo hasta tres estudios en Giverny, el último para las obras de mayor formato (hoy, una tienda de souvenirs). El resto del año pintaba sobre todo a partir de sus evocaciones y recuerdos. Los suyos son paisajes tan reales como soñados. De hecho, semejan pinturas abstractas. Cuesta identificar sus paisajes. Kandinsky reconoció su deuda con él. Hoy estas pinturas baten récords en el mercado: en 2008 un «Jardín de nenúfares» se vendió por 80,5 millones de dólares.

Cerca de la casa de Monet, con su característica fachada en rosa y verde, se halla el Museo de los Impresionismos. Creado en 2009, cuenta con una sala permanente, «Acerca de Claude Monet», y en la actualidad podemos visitar la exposición «Fotografiar los jardines de Monet. Cinco miradas contemporáneas». La calle principal de Giverny lleva su nombre. Está plagada de galerías de arte. Detrás de la iglesia de Sainte-Radegonde se halla la tumba familiar.

Normandía, cuna impresionista

METROPOLITAN MUSEUM, NUEVA YORK
«Terraza en Sainte-Adresse», de Monet

Aunque Claude Monet nació en París en 1840, a los cinco años se trasladó con su familia a Le Havre. Entre las obras que pinta en su puerto, la ya citada «Impresión, sol naciente». Esta ciudad atrajo a pintores como Turner y Géricault. En sus alrededores, el antiguo puerto pesquero de Sainte-Adresse, donde su tía Sophie tenía una casa. Se puso de moda como destino vacacional. Allí pintó su célebre obra «Terraza en Sainte-Adresse». Hablar de impresionismo es hablar de Normandía, su cuna. Por allí pasaron todos los miembros de este movimiento pictórico, atraídos por su luz. Esta región ha organizado hasta doce rutas para seguir los pasos de los impresionistas y cada año celebra un festival impresionista. Monet pintó casi todos los rincones de su hermosa costa.

Inmortalizó los acantilados de Étretat en medio centenar de lienzosPasó por Honfleur, donde en 1864 estuvo pintando con Bazille. Es el pueblo normando que más ha inspirado a los pintores: el estuario del Sena, la iglesia de Santa Catalina, la capilla de Notre-Dame... Con Renoir, otro de los santones impresionistas, retrató Monet los baños de la Grenouillère en Bougival. En 1868 pasó el invierno en Étretat e inmortaliza, en medio centenar de lienzos, sus impresionantes acantilados, con caprichosas formaciones rocosas, como el conocido «Ojo de la Aguja». Seducido, como Courbet, Caillebotte y Boudin, por este misterioso paraje, volvió cada año entre 1883 y 1886. Se alojaba en el hotel Blanquet, desde donde pintó algunas de sus obras maestras.

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«Catedral de Rouen», de Monet

También frecuentó Fécamp, pueblo costero con balneario y casino, y Rouen, la capital normanda. «Es tan hermosa como Venecia», decía Pissarro. Monet retrató la fachada de su catedral en una treintena de ocasiones. Durante el verano de 1870 visita Trouville, un pueblo de pescadores muy frecuentado por pintores. Fue el caso de Corot. Apartir de 1840 se convierte en una playa de moda. Después pone rumbo a Argenteuil, donde reside de 1871 a 1878. Retrata sus regatas, sus puentes, sus campos de amapolas... Allí transforma su barca en su estudio, desde donde pinta más cerca el agua. Cuatro años después se traslada aVétheuil, a orillas del Sena, donde murió Camille, su primera esposa. Viaja a Poissy, Pourville...

La costa salvaje

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Belle-Île, retratada por Monet

Aunque Normandía es la cuna de los impresionistas, éstos también pasaron por la vecina Bretaña. En el caso de Monet, porBelle-Île, la mayor de las islas bretonas. «Estoy en un país precioso de salvajismo, un amontonamiento de rocas tremendo y un mar inverosímil de colores; en fin, estoy muy entusiasmado, pese a que me cueste, ya que estaba acostumbrado a pintar el Canal de la Mancha y por fuerza tenía mi rutina, pero el Océano es algo distinto», cuenta Monet a Caillebotte en una carta. Se instaló en el pueblo de Bangor entre septiembre y noviembre de 1886, tiempo suficiente para pintar 39 lienzos.

Pero todos estos lugares quedaron eclipsados por Giverny, hoy sinónimo del edén pictórico. Cada artista anhela tener su propio Giverny. David Hockney confesaba en una entrevista a ABC que, tras vivir 30 años en California, se dio cuenta de que Yorkshire era su Giverny. Y regresó a casa.

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