martes, 11 de agosto de 2015

La escalada bélica en Ucrania amenaza los pactos de Minsk

Tres hombres retiran escombros de sus casas tras un bombardeo en la región de Donetsk. / A. FILIPPOV (AFP)

La situación en el frente entre las tropas de Kiev y los insurgentes de Donetsk se deteriora

PILAR BONET Moscú


El presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, ha pedido a su ministro de Exteriores, Pavel Klimkin, que realice “consultas inmediatas” con sus colegas del denominado Cuarteto de Normandía (Ucrania, Francia, Alemania y Rusia) ante el recrudecimiento de las hostilidades en el este del país, que amenazan los acuerdos de Minsk.La situación en la línea del frente entre las tropas leales a Kiev y los insurgentes de la denominada República Popular de Donetsk (RPD) se fue agravando de forma progresiva la pasada semana y sigue deteriorándose.

Las partes se echan las culpas mutuamente de acciones bélicas en distintas localidades de la región, tanto al norte como al sur de Donetsk, la capital de la misma. Los tiroteos obligaron a cerrar el sábado el puesto de control de Artemovsk (al norte de Donetsk), uno de los más concurridos en el tráfico de civiles entre las dos zonas enfrentadas, informó por teléfono una fuente desde la región.

¿A quién favorece la guerra?

Rusia y Ucrania lidian con numerosos problemas económicos en su territorio, ¿para qué necesitan un problema más? Justo porque la guerra puede justificar la no resolución de otros. Está además la incertidumbre sobre los criterios que guían las decisiones de Moscú y no se puede desdeñar el peligro de la vuelta de los soldados del frente para los dirigentes en Kiev.

La condición de agredido en Ucrania justifica la petición de armas letales a Occidente o por lo menos la atención que se debilita cuando remite la violencia. Los insurgentes quisieran ampliar sus dominios para darles viabilidad económica y podrían intentar forzarle la mano a Moscú. En los tres bandos (Rusia, Ucrania y los insurgentes) hay un partido de la guerra y otro de la paz, que pugnan en Kiev, en Donetsk y en Moscú. En Occidente, hay además un partido de la indiferencia.

El incidente que ha provocado más especulaciones fue el incendio en la madrugada del domingo de cuatro vehículos de la misión de la OSCE, que se encontraban aparcados frente al hotel donde se aloja la misión observadora en la ciudad de Donetsk. El lugar está en el centro de la urbe, casi enfrente del edificio que sirve de sede al jefe del Parlamento local, Andréi Purguín. Tres de los coches quedaron inutilizados, otro gravemente dañado y tres más sufrieron desperfectos. No obstante, la misión observadora continuará operando en Donbás (la zona formada por las regiones de Donetsk y Lugansk, parcialmente controladas por la RPD y la República Popular de Lugansk).

En Kiev acusaron a los insurgentes del incendio, pero los responsables de la RPD han negado tener nada que ver en el asunto. Dos fuentes consultadas por teléfono en la región opinaron que podría tratarse de sectores locales insatisfechos con la OSCE, por considerar que las actividades de esta entidad no reflejan la situación, tal como ellos la perciben. El 7 de agosto, frente al hotel donde residen, una manifestación de 300 personas reprochó a los observadores internacionales su “ceguera” y lanzó pintura roja.

Los dirigentes de la OSCE han reiterado su interés en la presencia de los observadores y son conscientes de que estos, con todas las limitaciones de su mandato, son el cordón umbilical con la comunidad internacional y la única garantía de que se registre lo sucedido, aunque sea en un lenguaje burocrático y fragmentado cuyo sentido solo puede entenderse en muchas ocasiones con la ayuda de un mapa y el conocimiento de las posiciones de las partes sobre el terreno. Entre los recientes despachos de la misión de la OSCE está el que registraba el paso a Rusia de una veintena de camiones marcados como “carga 200” (cadáveres) y la identificación de un grupo de supuestos militares rusos, cuya existencia Rusia desmintió.

El Ministerio de Defensa de Ucrania anunció que en la noche del domingo al lunes sus tropas habían rechazado el ataque de los milicianos de la RPD y que, en el curso de la operación, se habían hecho con el control de unos importantes altos sobre Starognátovka, a unos 60 kilómetros al sur de Donetsk. La información dada por el portavoz militar de los insurgentes, Eduard Basurin, es exactamente el reverso de la explicación ucrania. Kiev afirma que los insurgentes sufrieron pérdidas sustanciales y reconoce seis heridos. Basurin ha acusado a las tropas ucranias de disparar sobre barrios habitados de Donetsk y también en Górlovka y Belokámenka.

Fuentes del Sector de Derechas (organización nacionalista radical con un ala política y otra militar) afirmaron que cuatro de sus miembros habían perecido en un contraataque de los insurgentes. Kiev culpa a la RPD y a Rusia del recrudecimiento de la situación y advierte de que están en peligro los acuerdos de Minsk. Los contactos mantenidos la semana pasada en la capital bielorrusa por las partes en conflicto bajo los auspicios de la OSCE acabaron sin resultado. El Parlamento ucranio planea modificaciones en la Constitución para descentralizar la gestión del territorio, pero las enmiendas son consideradas insuficientes por los insurgentes y todo indica que no va a ser posible cumplir el calendario de medidas de pacificación para fin de año, tal como se había previsto en los acuerdos de Minsk.

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