martes, 11 de agosto de 2015

Padres funambulistas

Hay que desdramatizar y no hacer de la elección un momento tenso. / TOM MERTON

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A la hora de elegir carrera, los progenitores deben permanecer en un delicado equilibrio entre autoridad y confianza

La gente no estudia las carreras que demanda el mercado

SERGIO C. FANJUL Madrid


"Yo quería ser artista, pero mi padre me obligó a estudiar Derecho”. Frases como esta (o similares) no eran difícil de escuchar entre la generación que estudió hace algunos años. Padres autoritarios que hacían oídos sordos a la vocación de sus hijos y les ordenaban estudiar las carreras que eran consideradas como provechosas, respetables y con buenas salidas laborales. O la que mandaba la tradición familiar.

Los tiempos han cambiado: hoy en día la elección de carrera no se hace desde edades tempranas, no se siguen obligatoriamente tradiciones familiares, no existen tantas fervientes vocaciones, la relación entre estudios y trabajo es más laxa, se han relajado las costumbres y diluido la autoridad paterna. Aunque puedan seguir existiendo casos como estos, el nuevo paradigma apunta hacia contemplar también los deseos de los hijos. Eso sí, conviene no dejarles totalmente a su libre albedrío, así que hacer equilibrismo entre ambas posturas, la autoritaria y la libérrima, no es nada fácil. ¿Cómo guiar a los hijos en una decisión tan trascendental?

Lo primero es darse cuenta de que no es tan trascendental. “Hay que desdramatizar”, dice Carlos Arroyo, experto en técnicas de desarrollo intelectual. “La elección de la carrera es un momento tenso porque se considera crucial, pero ya no lo es tanto”. Hoy en día la línea entre carrera universitaria y vida laboral es muy difusa: muchas personas acaban trabajando en áreas distintas o solo relacionadas levemente con sus estudios. O engrosando las colas del paro. Aparecen nuevas profesiones ligadas a los avances tecnológicos además de que, simplemente, el estudiante puede decepcionarse con su elección, decidir dar un giro y cambiar de carrera. Un cambio de este tipo no tiene por qué resultar traumático, es solo una fase más en el proceso de crecimiento.

Año sabático

Y qué no cunda el pánico: en algunos países extranjeros, como Reino Unido, incluso es común que los que acaban el bachillerato se peguen un año sabático dando la vuelta al mundo o se pongan a trabajar una buena temporada, el tiempo en el que deciden hacia dónde enfocarán su existencia. “No se trata tanto de dar en el centro de la diana como de no desorientarse demasiado”, ejemplifica Arroyo. “Hay que perder la obsesión por acertar porque en el futuro puede pasar cualquier cosa”. Quién sabe: ese chaval que decide seguir la inestable carrera de Arte Dramático puede llegar a ser el nuevo Javier Bardem.

Algo muy importante a la hora de elegir carrera es que esa tensión no se convierta en un lastre para las relaciones familiares ni deteriore los vínculos afectivos. “Cuando el afecto se pone sobre la mesa es mala cosa”, dice Eduardo Arroyo, psicólogo responsable de la unidad de Familia de la Clínica Centta. “En el momento de la elección de la carrera es cuando sale a la luz si las relaciones en una familia son sanas o no.

"No se trata tanto de dar en el centro de la diana como de no desorientarse demasiado", dice un experto

Las familias saludables negocian y llegan a acuerdos”, dice Arroyo que la adolescencia es algo así como “un estado de psicosis socialmente aceptada”, y ve con buenos ojos que los hijos se rebelen contra la autoridad paterna, porque “forma parte de su proceso de individuación”. Eso sí, los padres tienen que ejercer cierta autoridad, asesorar, servir como guía. “Lo que no puede ser es el otro extremo al autoritarismo: que los padres se desentiendan de este proceso y deleguen todo el proceso en el colegio”, dice Arroyo.

En ocasiones se ven acuerdos del tipo: “Si quieres estudiar Bellas Artes, primero estudia Ingeniería” o “si quieres estudiar danza, págatelo tú mismo”. ¿Son opciones correctas? “Siempre que haya negociación es bueno, porque no se pone en juego el vínculo afectivo. Y es normal que no haya consenso a priori, no tiene por qué haberlo, lo bueno es que se negocie y se llegue a acuerdos”, explica el psicólogo. Si existe una tradición laboral familiar, como en familias de varias generaciones de médicos o abogados, seguirla puede tener muchas ventajas para el estudiante: heredará conocimientos, prestigio y contactos. Pero si el joven decide emprender otro camino, habrá que respetar su decisión: la tradición no obliga.

Los expertos recomiendan que los padres, gracias a su edad y experiencia, sean una conexión con la realidad para los hijos. A los 17 años los estudiantes pueden no prever las consecuencias de su elección, o llegar a mitificar ciertos caminos vitales, por eso los padres tienen que dejarles bien claro el panorama. La realidad frente al deseo. “Es conveniente que los chavales hablen con gente que ya desempeña la profesión para que les cuenten cómo es y cómo está el mercado laboral. También con profesores de la carrera, para hacerse una idea más real de en lo consiste”, explica Pedro Lara, vicerrector de Innovación y Calidad Académica de la Universidad Europea.

Y también hacer que se conozcan a sí mismos: “Hay que pedirles que reflexionen mucho, que traten de conocerse bien. Que tengan en cuenta lo que se les da bien, pero también aquello que puede hacerles felices en el futuro, que al final es lo que cuenta”, dice el vicerrector. Para ayudarles en su reflexión conviene transmitirles serenidad y confianza, y prestar atención a sus sueños, habilidades, aficiones o perspectivas para el futuro.

También los padres tienen sus deberes: informarse y no dejarse engañar por los estereotipos de las carreras con prestigio y salidas laborales: hoy en día la situación es muy cambiante y ser abogado, médico o ingeniero no garantiza nada (muchos jóvenes hiperformados se ven obligados a emigrar en la llamada “fuga de cerebros”). Y además, cada vez más, a la hora de la contratación, se valoran otras facetas además de los estudios. Cosas como las habilidades paralelas, el estilo personal, la versatilidad o la experiencia no profesional. “Es importante que los padres no piensen que van a acertar más que los hijos y que no introduzcan la racionalidad de manera dictatorial, porque no podemos predecir lo que pasará en el futuro”, dice Arroyo.

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