lunes, 3 de agosto de 2015

Termina una huelga regional de un mes en Bolivia

Líderes del Comité Cívico de Potosí este viernes. / REUTERS

PARO DE TRABAJADORES BOLIVIANOS »

Acabó el paro y el bloqueo de caminos que paralizó a la región de Potosí. El comité de huelga intenta recuperar el aliento


FERNANDO MOLINA La Paz 3 AGO 2015 - 07:02 CEST


Acabó la huelga y el bloqueo de caminos que paralizó a la región boliviana de Potosí por un mes. El comité de huelga ordenó la suspensión para recuperar el aliento y organizar otras formas de protesta contra el gobierno, que no concedió la mayoría de las 26 demandas que el movimiento planteó, entre ellas la construcción de un aeropuerto, de fábricas de cemento y vidrio, y de hospitales. En cambio, las autoridades prometieron la hidroeléctrica que solicitaban los huelguistas durante el diálogo que tuvieron con ellos hace días y que terminó sin acuerdos. En la ocasión también ofrecieron aumentar la cantidad de médicos asignados a la región y otras concesiones menores.

Sin embargo, la huelga no se suspendió a causa de estas ofertas, sino del cansancio que ya sentía la ciudad, paralizada en todas sus actividades y aislada del resto del país.

El fracaso de la huelga podía anticiparse desde que, días atrás, quedó claro que no lograría tener como interlocutor al presidente Evo Morales, como habían exigido los potosinos desde el principio, con el argumento de que las promesas que recibieron de los ministros después de un anterior conflicto, en 2010, no habían sido cumplidas.

Luego de más de 20 días en este empeño, los dirigentes del movimiento aceptaron negociar con una comisión ministerial, pero el diálogo se frustró por la estrategia de las autoridades de dilatar la solución lo más posible, a fin de que la contundencia de la movilización se volcara en contra de sus propios protagonistas.

Incapaces de mantener las manifestaciones que habían comenzado a realizar en La Paz, y que condujeron a la detención y posterior liberación de medio centenar de mineros, el comité de huelga volvió a su ciudad y, en retaliación, decidió exigir la renuncia del alcalde y del gobernador, que son oficialistas, y votar en contra del estatuto autonómico que la gobernación pondrá a consideración de un referendo próximamente.

Tanto esta huelga como la de 2010 se produjeron después de que los precios de los minerales cayeran en los mercados internacionales. Potosí vive de la minería desde su fundación en el siglo XVI. Su segunda actividad más importante es el turismo, por lo que una de sus demandas fue que el gobierno encontrara la forma de conjugar la explotación de plata -por la que pequeñas cooperativas mineras continúan horadando el "cerro rico"- y la preservación de la forma exterior del mismo, que es un patrimonio internacional por su aporte al nacimiento del mundo moderno. El gobierno se comprometió a hacer esfuerzos más efectivos para cuidar esta montaña que es la "gloria" potosina, pero también ha condenado a esta ciudad a ser la más pobre de Bolivia.

En todo caso, el turismo potosino tardará en recuperarse del impacto de la huelga, que al comenzar tuvo atrapados a casi un centenar de visitantes extranjeros, la mayoría de los cuales salió después de algunos días.

El líder de la huelga fue Jhonny Llally, un joven exminero y extaxista indígena que votó por el presidente en 1999, pero ya no lo hizo en 2014, y que actuó de forma independiente durante el conflicto. Llally fue criticado por las autoridades, que lo acusaron de hacer política e incluso de "terrorismo". Su gestión ya se cumplió, por lo que se espera que sea reemplazado en breve.

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