miércoles, 14 de octubre de 2015

Bashar al Assad, dictador por encargo

EFE
Bashar al Assad, presidente de Siria desde el año 2000

La muerte de su hermano mayor le obligó a dejar su trabajo de oftalmólogo en Londres para seguir la saga de su padre, Hafez

AGENCIAS / BEIRUT - Día 14/10/2015 - 10.06h


No se sabe si Bashar al Assad, un oftalmólogo de profesión que cuando accedió al poder parecía un hombre con poco carisma y de talante moderado, es un maquiavelo que mueve los hilos o la cara visible de un régimen que parecía inexpugnable hasta que en 2011 estalló la guerra civil.

Sea como fuere, Al Assad se ha valido del férreo sistema político construido por su padre, Hafez, del que heredó el cargo tras su muerte el 10 de junio de 2000, para mantenerse en el puesto a pesar de los más de cuatro años de guerra civil y un número de muertos que supera ampliamente los 200.000 y 8 millones de refugiados, dentro y fuera de Siria.

Su persona mueve pasiones entre los sirios, que lo odian a muerte o lo idolatran, dependiendo de su simpatía o enemistad con el régimen, aunque existe una gran masa que simplemente aspira a vivir en paz.

Frente a la rigidez de sus discursos, en las pocas entrevistas que ha concedido en los últimos tres años el mandatario se ha exhibido siempre relajado, e incluso sonriente, conocedor de la idiosincrasia de la sociedad siria. “La mayoría de los sirios está en el centro y luego tienes a gente que te apoya y a gente que está en contra, así que la mayoría siempre está en el centro, lo cual no significa que esté en contra”, decía en una de esas intervenciones, en las que suele dominar la retórica con habilidad.

Pese a defender contra viento y marea que Siria afronta una lucha contra el terrorismo y pese a haber mandado a los tanques contra los manifestantes, ha admitido que el sistema político de su país no es democrático y que son necesarias reformas. “Hay diferencia entre dictador y dictadura. La dictadura es el sistema y nunca dijimos que fuéramos una democracia, pero nos estamos moviendo hacia las reformas (…) Sobre mi persona, lo que haga debe basarse en la voluntad del pueblo, porque necesitas de legitimidad popular”, afirmaba en diciembre de 2011, según recoge Efe, meses después del estallido de la guerra civil.

Consciente de que su gran baza es la institución castrense, dirigida por oficiales próximos al régimen pertenecientes a la secta alauí -chií, a la que él mismo pertenece-, Al Assad explicaba en otra entrevista que “en Siria hay estabilidad porque el Ejército no está dividido; si lo estuviera, no la habría”. Ha cumplido a rajatabla la hoja de ruta que trazó en 2011, cuando adelantó que habría elecciones parlamentarias y una nueva Constitución antes de los comicios presidenciales de 2014. Hasta entonces, todavía aparecía en ocasiones en público, mostrando siempre una estampa paternalista y protectora. En esos actos, que desde hace meses ya no se producen, iba acompañado por su esposa Asma, con la que tiene tres hijos, y junto a la que intenta dar una imagen de modernidad y moderaciónfrente a “los enemigos de la nación”, como llama a “los terroristas de ideología takfiri” (extremistas radicales).


A la sombra del padre


Nacido el 11 de septiembre de 1965 en Damasco, Al Assad estudió medicina y se especializó en oftalmología en la capital siria y Londres, donde cursó un postgrado. En 1994, fue llamado por su padre, el entonces presidente, Hafez Al Assad, tras la muerte de su hermano mayor Basel, el primogénito, en un accidente de tráfico.

A partir de entonces, Bashar ascendió en la carrera militar con el apoyo paterno.

Después de la muerte de su padre, que gobernó durante casi tres décadas, fue declarado presidente por el Parlamento tras un referéndum popular en el que recibió una aprobación del 97,29%; yjuró el cargo el 17 de julio de 2000. A su llegada al poder se pensó que iba a dar un giro democratizador, pero menos de un año después dio marcha atrás y fueron arrestados activistas y opositores.

En 2007, Al Assad renovó su mandato por otros siete años en otro referéndum en el que obtuvo el 97,62% de los votos.

Con los comicios de junio de 2014, celebrados únicamente en las zonas bajo el control del Gobierno, Bashar al Assad consiguió un tercer mandato por siete años, en un país fragmentado por el conflicto bélico que estalló en marzo de 2011 y que no ha conseguido moverlo ni un ápice del sillón presidencial.

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