jueves, 15 de octubre de 2015

La militancia exige a Rajoy que recomponga el PP ante el 20-D

REUTERS
Mariano Rajoy preside la reunión de la ONU

La sucesión de crisis, nervios y declaraciones poco afortunadas dan imagen de desgobierno


SARA MEDIALDEA / MADRID - Día 15/10/2015 - 08.39h

Aunque ayer no fue martes y 13, sino miércoles 14, en el PP lo parecía. La sucesión de despropósitos que se acumularon en el partido a lo largo de la jornada no tuvo fin. Apenas acababa de empezar la mañana cuando Arantza Quiroga presentaba su dimisión y abría laenésima crisis en el PP del País Vasco, que se sumaba así a los problemas del partido en la Comunidad Valenciana o Cataluña. Además, las declaraciones del ministro Montoro en El Mundo, señalando que en su partido había quien se avergonzaba de ser del PP, coincidían con la durísima carta de la aún diputada Cayetana Álvarez de Toledo señalando que no quería repetir en el escaño la próxima legislatura.

Las divisiones internas, las declaraciones poco afortunadas e incluso alguna bronca entre diputados populares en el Congreso -María Teresa de Lara criticó a su compañera de bancada Álvarez de Toledo, y el intento del PSOE por fotografiar el incidente degeneró en otro enfrentamiento- añadieron tensión a una tarde que se convirtió en todo un símbolo del malestar que se ha gestado durante meses en el PP.

Muchos lo achacan a los nervios por la elaboración de unas listas que se saben mermadas en número de candidatos con posibilidades de salir elegidos; pero hay también voces que ya están fuera de la «melé» por decisión propia y que rompen el tradicional silencio oficial en las filas populares para hablar de «pérdida de las señas de identidad», de la necesidad de una «renovación no cosmética» en el partido, o de la obligación moral de «no claudicar en la defensa de nuestra concepción de la vida».

Avisos frente a la inacción

Desde las páginas de ABC se ha recogido en numerosas ocasiones, especialmente en los últimos meses, la inquietud que existía en el PP ante la aparente falta de reacción de Mariano Rajoy, que ha visto sucederse los «avisos del electorado» -como los definió el presidente de honor, José María Aznar- sin realizar demasiados movimientos, más allá del nombramiento de cuatro nuevos vicesecretarios. Aunque son caras nuevas y jóvenes que transmiten una imagen diferente, pero queen el PP no están seguros de que sea suficiente.

El primer toque de atención lo publicaba ABC justo tras producirse las elecciones del 24-M. En aquel comité ejecutivo nacional en el que, ante la inquietud de los barones, Rajoy dio su primera rueda de prensa en la sede del partido en tres años, el presidente insistió en su mensaje de que se habían ganado las elecciones porque el suyo había sido el partido con más número de votos. Una realidad que la aritmética de los pactos no tardó en demostrar que no era suficiente: pese a ella, el PP perdió el gobierno de la capital, Madrid, y de las comunidades de Valencia, Extremadura, Aragón, Castilla-La Mancha, Baleares...

La «victoria incuestionable», como la definió Rajoy ese día, se tornó sólo 48 horas después en necesidad de una «reflexión» que llevaría a cambios. Y fueron los barones los que «empujaron» al presidente a salir del inmovilismo, cuando comenzaron a anunciar dimisiones en cadena: Luisa Fernanda Rudi, José Ramón Bauzá o Alberto Fabra entre ellos. Para remate, el aviso más serio, el del histórico dirigente castellano-leonés Juan Vicente Herrera, que invitó a Rajoy a «mirarse en el espejo y responder si eres el mejor candidato».

Un destacado dirigente popular decía entonces que cuando algo comienza a caer, ya no se puede parar hasta que llega al suelo. Era su definición de lo que estaba ocurriendo en su partido. Muchos creen que aún se está a tiempo de tomar medidas que realmente tengan validez. Rajoy insiste en su tesis de que los españoles reconocerán lo hecho por el PP durante estos años, que recordarán cómo estaba España en 2011 y cómo está ahora, y les renovarán su confianza. Pero en su entorno, algunos que ya han perdido el poder y otros que temen perderlo no son partidarios de los dogmas de fe.

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