domingo, 1 de noviembre de 2015

Rajoy quiere evitar los errores de Aznar tras el 11-M

Albert Rivera y Mariano Rajoy el pasadoviernes en La Moncloa - Jaime García

Cree que no convocar a los partidos después de los atentados llevó a Zapatero a La Moncloa en 2004

CURRI VALENZUELA Madrida - 01/11/2015 a las 06:27:48h. - Act. a las 06:27:48h.Guardado en: España


Durante los tres días transcurridos entre las explosiones de las bombas que mataron a 190 personas en Madrid y la celebración de las elecciones generales de 2004, el entonces candidato del PP,Mariano Rajoy, insistió ante al entonces presidente del Gobierno que reuniera al Pacto Antiterrorista firmado por buena parte de los partidos políticos para presentar un frente común ante atentados cometidos para desestabilizar la democracia.

José María Aznar se negó. Quiso asumir él solo la responsabilidad de hacer frente a unos terroristas que se empeñó en encasillar en ETA; aguantó, él solo, la campaña de feroz crítica política que le organizó el Partido Socialista y consiguió que el PP perdiera las elecciones. Rajoy no lo ha olvidado. Cuando habla del tema suele insistir en su creencia de que aquel error llevó a José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa.

Once años después se ha producido otro intento de desestabilizar la democracia, esta vez no con bombas, síno con la amenaza de romper la unidad de España, en vísperas de unas elecciones generales. Y el presidente actual, que no ha olvidado aquel error de su antecesor, está dispuesto a reunirse con todos sus adversarios políticos, mantenerles informados de antemano de las acciones jurídicas o políticas que se están considerando y pactar con quienes sea posible las medidas que finalmente se adopten.

«Lo importante en esta semana ha sido desactivar cualquier frente político que pudiera abrirse porque lo fundamental en estos momentos es dar una imagen de unidad y, a partir de ahí, lograr el máximo consenso posible para esperar a que los servicios jurídicos del Estado nos indiquen el curso a seguir. Hay que evitar precipitarse o equivocarse», afirman en Moncloa, donde aseguran que «el presidente está francamente contento de cómo están saliendo las cosas».

El primero en advertir la necesidad de orquestar una respuesta al órdago final de los independentistas del pasado lunes fue, nadie lo niega, el secretario general del PSOE. Pedro Sánchez, que llamó a Rajoy el martes por la mañana desde Bilbao para sugerirle una reunión. El presidente quedó en recibirle tan pronto como era posible, en un almuerzo al día siguiente y, tras sopesar como se desarrollaban los acontecimientos en Cataluña, decidió comparecer ante la prensa ese mismo martes. Antes, telefoneó a Sánchez y al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, para adelantarles lo que iba a decir. Y a este último le citó para tres días después.

El secretario general del PSOE acudióa almorzar el miércoles precedido por una portada del diario El País muy crítica con Rajoy, que en Moncloa interpretaron como una llamada de atención para que Gobierno permitiera a Sánchez llevarse el crédito por haber promovido el encuentro. La reunión se había planteado como discreta; Sánchez llegó solo, sin tener prevista una rueda de prensa, pero entre plato y plato pidió que su cita se hiciera pública. De ahí el comunicado conjunto que ambos emitieron después y la foto que se hicieron a la salida.

«El presidente quiere escuchar a todos y nos parece muy bien que los que quieran hacerse fotos aquí se den ese gustazo», afirma un alto cargo de La Moncloa, quizás al recordar a los acompañantes de Pablo Iglesias que sacaron sus móviles para grabar instantáneas con las que tuitear y también para justificar el recibimiento dispensando al líder de Podemos. «No pierdo nada por recibirle», explicó el propio Rajoy en la rueda de prensa con la que concluyó su primera ronda de entrevistas.

Iglesias faltó a la verdad al afirmar que él fue el único visitante a quien el presidente del Gobierno salió a recibir a las puertas del Palacio. Este le esperaba, como a todos, en su interior, pero el líder de Podemos hizo trampa. Le rogó que saliera a saludar a sus acompañantes y uno de ellos disparó la cámara que transmite esa falsa impresión. Envidia le daría conocer que a quien el presidente ha dispensado el trato mas cordial ha sido a Rivera. Cuando acabó su entrevista, le acompañó a recorrer el paseo arbolado que separa su despacho del edificio que alberga los servicios de Prensa y se despidió de él a la misma puerta de la sala donde iba a comparecer ante los periodistas.

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